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Un nuevo comienzo.

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Un nuevo comienzo.

Mensaje por Kisho el Sáb Mayo 10, 2014 2:26 pm

Los ojos celestes del rubio estaban inyectados de sangre, y solo su iris de color cielo contrastaba con el borgoña sangre que hacía evidente, junto con sus ojeras, la falta de sueño que cargaba sobre sus hombros el desdichado. El  sol asomaba en el horizonte tiznando el cielo de colores cálidos que de a poco iban devorando los últimos minutos de vida de aquella fría, e infinita noche. Pausadas ráfagas de viento hacían danzar con violencia el cabello del ojiazul a su espalda, y era el frío quien abrazaba el cuerpo del joven, que había pasado la noche en soledad buscando consuelo sobre una roca que iba siendo devorada por la marea creciente y ya había sido separada una formación rocosa que llegaba hasta la arena o ser de la costa. – Han pasado tres años, Umi, y aún no he logrado encontrarte. Daría mi vida, o sería verdugo de muchas otras, con tal de saber si aún te encuentras con vida. – susurró para sí mismo a medida que retiraba con extremo cuidado la cadenita que llevaba en su cuello y tomándola con su puño solo hizo falta que se inclinara hacia su derecha para poder hundir la misma en el agua, sin embargo, la misma no brilló y la llamada no fue contestada.

Llevó sus manos a sus ojos y remojó su cara con abundante agua de mar para revitalizarse un poco a medida que se ponía de pie. Llevó su diestra a su espalda y tomó el escudo que tenía la imagen de la luna llena, y lo lanzó con fuerza en dirección a la formación rocosa, y a continuación saltó hasta caer sobre el disco y una vez se encontró sobre este lo utilizó para dar un fuerte salto que lo hizo llegar hasta la formación rocosa que si se encontraba sobre el agua. Hizo su diestra a un lado, estirándola y sin siquiera mirar atrás el disco avanzó cortando el aire hasta llegar a su brazo, donde se pegó por fuerza de magia a su antebrazo. – Tal vez es hora de que deje de buscar… no, esa no es la solución. Tal vez sea hora de que comience a buscar de otra forma. – meditó dejando atrás el mar sin nunca devolverle la mirada. Durante aquellos años el rubio se había dedicado a trillar las costas, desde Hargeon  pasando por toda la costa Meridional hasta el fin de la costa Septentorial, incluso muchas veces cruzó la frontera al otro reino, pero siempre obtuvo el mismo resultado.

- ¡Te lo he dicho ya! ¡No entrarás sin ningún tipo de pase! Vete de aquí antes de que decida meterte en el calabozo. No necesitamos vagos indocumentados en Hargeon. – levantó la voz un guardia tras dar un fuerte empujón a una muchacha que acabó por aterrizar en l suelo. - ¡Por favor! Necesito ver a mi madre. No tengo hogar y ella ha aceptado recibirme nuevamente. No tengo nada de comer ni beber, no tengo donde dormir. Se lo imploro. No sobreviviré otra noche… - el rostro de la impotente muchacha joven se llenaba de impotencia y sentía como comenzaba a aceptar el fúnebre destino de morir a la intemperie víctima de la inanición.
– Disculpe señor, pero me temo que no tenemos más vacantes dentro de Hargeon, así que no puedes entrar a menos que tengas un pase comercial. No queremos más indigentes en esta ciudad. - habló el guardia víctima de la soberbia, y tantos fueron los sentimientos negativos de aquellas personas, que Yume-Burokun no soportó la tentación de abrir su ojo. El báculo que el rubio llevaba en su espalda abrió su ojo y comenzó a moverse lentamente de lado a lado, haciéndose más y más fuerte con cada segundo que absorbía de aquellos sentimientos.

El rubio descolgó su bolso de su hombro derecho y metió la mano dentro del mismo. -¿Te refieres a este pase? – habló con firmeza, enseñándole a aquel hombre un pase comercial algo doblegado por los años, pero con un imponente apellido impreso. Los ojos del guardia se abrieron de par a par al leer el nombre que se encontraba presente en aquel pase. – Mil disculpas señor Koslov, no sabíamos que era usted. No sé cómo pedirle disculpas por mi comportamiento. – el guardia se demostró apenado por su actitud y le devolvió el pase al rubio, quien le dedicó una mirada fría. – No intente disculparse, no es como si fuese a mantener su puesto de trabajo. Yo mismo me encargaré de manipular mis influencias para que tú, tus hijos e incluso tus nietos no tengan trabajo en esta asquerosa ciudad. Nadie trata de indigente a un Koslov. – sentenció con frialdad el rubio, haciendo que aquel hombre diese dos pasos atrás y agachara su cabeza; Y el demonio del báculo se alimentó de aquella desesperanza.

– ¡Ayudeme! – tiraron del brazo del rubio, y al girar su cabeza se encontró con la lagrimante imagen de la joven, observándolo como si de él dependiese su vida. – Eres una persona importante. Ayúdame a entrar a Hargeon, de otra forma, moriré aquí mismo. – explicó la mujer, quien no logró doblegar la fría mirada del enmascarado. – Apártate. – murmuró el rubio haciendo un brusco movimiento de brazos que hizo que la mujer lo soltara. - ¡No tienes derecho a tocar al señor Koslov! – gritó el guardia al empujar a la mujer para que se volviera a precipitar al suelo, y esta observó llorando como el rubio se perdía en la muchedumbre que se encontraba tras pasar la entrada de roca de aquella ciudad. El pase de comerciante que se encontraba en la diestra del rubio se transformó en humo y desapareció, evidenciando que se trataba de una ilusión.

- ¡Qué está haciendo con esa mujer! – levantó la voz un general del ejército de Fiore, que llevaba en su pecho la insignia roja del reino. - ¿Con qué derecho tratas así a una mujer? – se acercó a la chica y le ayudó a incorporarse. – Señor, esa mujer no tiene pase comercial. – le hizo frente el titubeante guardia, a quien el general le dedicó una gélida mirada. – No me importa. Va a entrar a la ciudad conmigo, y espero que esto quede entre nosotros, al igual que tu pequeño problema con el alcohol. – comentó el general, haciendo agachar la cabeza al guardia.

– No tengo palabras para agradecer lo que has hecho por mí, de no ser así, estaría muerta en cuestión de horas. Gracias. -  murmuró la mujer tras cruzar la entrada de la ciudad. – Sigue el camino que necesites, y te deseo la salvación. – murmuró el hombre cuando la muchacha se alejó de él, tras prometerle hacer una plegaria el resto de las noches de su vida por él y su familia, y finalmente se marchó, pasando por delante del rubio, quien se encontraba de brazos cruzados apoyado contra una pared, con su diestra flexionada también contra la pared y su cabeza gacha. [¡Qué desagradable sabor a esperanza! Te estás ablandando chico.] murmuró una voz gutural dentro de la cabeza del rubio, a medida que el general se desvanecía en una cortina de humo que suavemente se volvió invisible. [Lo hubiese hecho por mis propios medios, pero hubiesen descubierto que mi pase comercial no era real.] contestó el rubio quien emprendió camino por las calles de la ciudad.

Había un pequeño grupo de tres personas frente a un tablón, en un costado un tanto escondido de la ciudad. Era de saber público que allí iban a parar los trabajos para magos, y era lo que Kisho se había dispuesto a hacer. Llegó hasta un costado de las personas y comenzó a repasar con su mirada los trabajos que se encontraban anunciados. – Desde que soy un mago de rango B, he completado al menos diez trabajos, no necesito aliarme con nadie para poder cumplir mis cometidos. – se jactaba un musculoso y enorme mago, que al parecer se encontraba discutiendo con dos magos mucho más pequeños, de aproximadamente diecisiete años, pero ambos tenían en sus brazos las marcas del recientemente conocido gremio “Serenity”.
El rubio ignoró completamente la discusión y se dispuso a repasar con cautela cada uno de los trabajos que se encontraban anunciados, hasta que finalmente encontró uno que le llamó la atención. Al parecer, estaban becando magos para la escuela de espadachines de Hosenka. El consejo había decidido becar magos para encubrirse dentro del entrenamiento y averiguar si era cierto o no el hecho de que planeaban levantarse en armas contra el Rey. Esa era la oportunidad perfecta del rubio, que estiró su brazo para tomar el único cupo restante para la beca, sin embargo, una enorme mano lo tomó bruscamente por su muñeca. - ¿Qué estás haciendo? Respeta a los mayores, mocoso. Yo elijo primero por ser el de mayor clase. – exclamó el hombre mirando a los ojos al desafiante rubio. En ese instante, el ojo del báculo volvió a abrirse y el rubio asintió sumiso, retirando la mano para observar al gigante. – mmm… la misión que querías hacer suena interesante. La tomaré yo mejor. Tu no serías capaz de hacer nada productivo. Jajajajaja Pero no te preocupes, aún quedan varios trabajos D, tal vez incluso coloque uno en el que tengas que lavar el baño de mi casa. Jajajajaja – fanfarroneó el hombre a medida que se alejaba victorioso, con su trabajo en mano.

Los magos de Serenity murmuraron entre ellos varios insultos hacia aquel hombre antes de que el rubio tomase velozmente un trabajo de clase D y se alejara del lugar. Metros más adelante, las letras del trabajo D se transformaron en humo, y revelaron que en realidad, aquel era el trabajo en Hosenka. [¿Por qué estás tan empecinado en hacer ese trabajo? ] cuestionó sin entender la obsesión del rubio. [Quiero ganarme el favor del consejo, para poder pedir ayuda en mi búsqueda] comentó el rubio que comenzó a avanzar en dirección a la salida norte de Hosenka. [Si la encuentras, no continuaré a tu lado. Soy alérgico a las personas enamoradas.] sentenció la criatura con una potente voz gutural.

[Cuando la encuentre, ya no me serás necesario, y tampoco lo será la magia. Encontrarla es la razón de mi vida. sentenció con firmeza.
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