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Mensaje por Tenshin Rei el Jue Mayo 08, 2014 12:54 am





Tenshin Rei

dragon slayer of the sky

Nombre: Rei Tenshin

Apodo: RedBlue Dragon

Sexo: Masculino

Edad: 16

Originario De: Originario de un Pequeño pueblo llamado Umi, situado en el reino de Ca-Elum

Magia: Dragon Slayer del Cielo

Clase: D

Gremio: N/A


Descripción Física: Rei es joven caucásico de 1.65 m de altura con cabello color rojo oscuro, el cual es un poco desaliñado y picudo en la parte trasera pero se divide en dos partes que cubren los oídos. Sus ojos son color magenta claro. Él usa generalmente una sudadera blanca con capucha de manga larga y botas de combate negras. Junto a pantalones grises con una correa marrón. Su contextura física no es más que la de un joven de su edad promedio, musculoso, flaco, abdomen marcado.
Descripción Psicológica: La mente de este joven es imposible de describir. En simples palabras, no posee una personalidad definida, se alimenta de las actitudes de quienes lo rodean de tal forma que llega hasta tomar prestados ciertos gestos o actitudes de dicha persona que le resulten interesantes. Un día puede estar alegre, otro día no, un día puede tener ganas de pelear, el otro se encontrará tirado bajo un árbol buscando tranquilidad. Es muy voluble en cuanto a sus sentimientos. Es muy descuidado, casi rosando la línea de irresponsable. Puede ser muy gracioso cuando quiere hacer amigos. Miedos: Le tiene pánico a las monjas y sacerdotes. Es una fobia irracional, ya que de pequeño no tuvo ninguna mala experiencia con monjas, es simplemente que no puede estar cerca de dichas personas, ya que comienza a hiperventilarse y a temblar sin control.

Historia


En la penumbra de aquella noche solos los llantos del recién nacido rompían la paz. El cielo estaba en sincronización con los mismos, las nubes iban y venían, como danzando al son de dicho sonido desgarrador. La luna, elevada en el punto más alto del cielo, bañaba de plata las góticas columnas del castillo dándole una apariencia que cualquier menor podría nombrar como aterradora.

- ¡RESISTE! ¡MÁS TOALLAS POR FAVOR! - Los bramidos eran escuchados en todos los rincones del castillo. La llegada de un primogénito podría alterar hasta al hombre más guerrero y con la sangre más fría. Sin embargo, aquella noche el ambiente era diferente, la fémina no paraba de derramar sangre en su lecho. El barbárico hombre, con sus manos bañabas en la sangre de su propia esposa, lloraba sin dejar ir la mano de su consorte. – No se suponía que esto sucediera… No… No quiero perderte, te necesito para gobernar a mi lado… Tu… tu eres mi otra mitad… - Las lágrimas dibujaron su propio camino por la mejilla del hombre hasta llegar a su prominente barba. La mujer se veía demacrada, bañada en sudor, los pelos pegados a su nuca y su respiración era muy acelerada. Hizo una débil seña para dar a entender que todos abandonaran la habitación, salvo su hombre.

En cuestión de segundos, la habitación repleta de sirvientes se vio vacía, salvo por su hijo, quien reposaba en paz en unos lienzos al lado derecho de la cama de sus padres.
– Mi… Mi amado… - Era evidente que estaba empleando sus últimas fuerzas en decir la siguiente oración. – Pe… perdóname, no quería decírtelo antes… Sabía que esto pasaría, nuestro hijo no… no es normal. Cui… Cuídalo, por favor – Tras decir eso, tomó una última bocanada de aire, para luego mover su cabeza y mirar por la ventana a la gloriosa Luna, que se alzaba en todo su esplendor, bañando aquella habitación con su mágico manto blanco. Y así, la reina despidió la luz de sus ojos, y dejo caer su mano sin vida. Solo gritos se escucharon esa noche seguidos de blasfemias de todo tipo.

Pasaron 5 Años de aquella fatídica noche. El niño ya había crecido, se encontraba jugando en los interminables patios de sus tierras. El príncipe del Reino de Ca-Elum se encontraba cazando mariposas con colores extravagantes, hasta llegar al punto de perderse en lo más recóndito de los jardines. Asustado, reposó sobre una gran pared de piedra derrumbada y dejó que el sueño se adueñara de su cuerpo.

Una constante respiración fue la causante de que este se despertara, con tan solo 5 años, rompió en llanto al encontrarse a si mismo solo en aquel ligar inexplorado de sus jardines. Observó por todos lados, con sus ojos cristalizados por las lágrimas, esperando encontrar el origen de esa respiración tan potente. Observó las rocas derrumbadas, y pudo divisar un iris de un tamaño inimaginable y de un celeste vivo como el mismo cielo. Pero este iris tenía una forma peculiar, era una línea recta. El niño, aterrorizado, sintió que este misterioso animal lo estaba llamando
– Rei… Rei… - El susurro se fundía con el viento, convirtiéndolo en una dulce melodía que calmó los nervios del joven muchacho, quien comenzó a escalar las tumbadas rocas para poder entrar a la cueva por un pequeño agujero. Una vez adentro, la pequeña sol del atardecer teñía la oscuridad del escondrijo de un naranja aterrador. Levantó la mirada, y lo que divisó iba más allá de su entendimiento. Un enorme reptil de medidas incalculables se paraba dentro de aquella cueva. – Rei, mi nombre es Grandine y soy un dragón – La voz de aquel enorme reptil era calma y pacífica, no se parecía para nada a los cuentos que su padre le contaba para irse a dormir, de dragones malos y destructores, asesinos de la humanidad. – Gus… gusto en conocerte, Grandine – Dejó escapar un chillido seguido de romper en llanto nuevamente. Se sentía al borde de la muerte, sentimiento extraño para un niño tan pequeño.

Llorando sin consuelo, el joven secaba sus lágrimas con su pequeño sweater. La gran cola de aquella dragona rodeó al joven y lo atrajo hasta su inmenso pecho, abrazándolo. El príncipe encontró refugio en la respiración, en los latidos del corazón de aquella blanca reptil, un refugio, un sosiego que nunca había sentido, algo similar al de una madre. La gran cabeza del reptil se acercó al aún llorón príncipe
– Tranquilo… No te haré daño. El cielo te ha escogido, desde el momento en que naciste. Pude sentirlo, esa noche sigue impregnada en mi mente… - Las palabras parecían ser dichas para oídos sordos, ya que el joven príncipe solo tenía 5 años. El niño, quien ya estaba más tranquilo, comenzó a ver nublado, y nuevamente la oscuridad se apoderó de él, cayendo dormido.

Al abrir los ojos, se encontraba en su habitación con su padre a un lado de la cama.
– ¿Cómo te sientes hijo? – Preguntó asustado. – Bien… - Dijo el niño en tono de cansancio. Una voz se escuchaba en su cabeza. – No cuentes nuestro secreto… - Si bien el niño era joven, sabía a qué se refería aquella familiar voz en su cabeza. – Me alegro hijo… Ten cuidado cuando juegas ¿Está bien? – Revolvió el cabello del niño y se retiró de la habitación. El instinto de curiosidad de todo niño entró en acción, y lo llevó nuevamente a explorar aquella cueva. Esta vez, con menos miedo y sabiendo el camino de regreso al castillo.

Una vez arribado en la cueva, entró por aquel pequeño hueco.
– Grandineee – Gritaba haciendo eco en la cueva. La dragona se hizo visible, como por arte de magia. – Rei, que estés aquí me indica que eres tu el niño de aquella noche… Sin ninguna duda. – A partir de ese momento, el joven comenzó a ser instruido tarde por tarde en el empleo de una nueva magia. Al principio, el niño estaba sorprendido por su capacidad de canalización de magia. Siempre había oído de magos en cuentos e incluso a su padre hablar de los magos de la guardia real, pero nunca había visto uno en acción.

Semanas pasaron, luego meses y más tarde años, el muchacho había crecido, ya era un flamante adolescente de 16 años, cabello rojo oscuro y ojos de un violeta aperlado.
– Grandine, tengo hambre… - Dijo el joven esperando que su madre le otorgara algún suministro. – Come aire, sabes cómo es esto… - Dijo, y acto seguido el aire comenzó a aglomerarse en pequeñas ráfagas que fueron volando hacia la boca del joven, dejándolo completamente satisfecho. – Sabes, quisiera saber de que otras cosas soy capaz – Dijo el joven, con un tono de alardeo en su voz. – Tranquilo, todo a su tiempo. Ahora vuelve al castillo, tu padre se preocupara, ya es tarde – El joven asintió y se despidió de su madre reptil.

Esa misma noche, a la hora de la cena, el joven decidió mostrarle sus poderes a su padre. La gran mesa estaba cubierta de carnes, frutas y verduras de todo tipo. Rei se situó al lado derecho de su padre, quien devoraba barbáricamente sus filetes de ternera. Al ver que el joven no comía nada, frenó, y le dedicó unas palabras.
- ¿Qué te sucede hijo? – El joven estaba pensativo, pero finalmente decidió demostrar sus nuevas habilidades. – No sucede nada malo, Padre. Simplemente no necesito comer en estos momentos, el aire es mi alimento. – Los ojos de su padre se abrieron de par en par, sorprendido por la declaración que su hijo le había hecho. No pudo evitar tirar una pequeña carcajada – Ah si... ¿Y cómo es eso? – Sin dejar tiempo a la tensión, se paró, cerró sus ojos y comenzó a aspirar. Pequeñas líneas arremolinadas de viento comenzaron a entrar a la boca del joven muchacho. Todos los sirvientes habían dejado de hacer sus tareas para observar el espectáculo que el joven estaba montando. Una vez que terminó con su actividad, observó al padre abriendo sus ojos y sonriendo. Pero sus hermosos ojos violetas se habían manchado con un iris en forma de raya. El rey pegó un salto de la silla, asustado de su propio hijo. Su enojo era evidente. – Vete a tu cuarto… - Ordenó con un tono severo. – Pero… - sin dejar que termine de hablar, un bramido irrumpió la sala, haciendo estremecer a todo el mundo y haciéndolos volver a sus labores. - ¡A TU HABITACIÓN EH DICHO! – Aterrorizado, el joven salió corriendo hacia su habitación.

Un mes pasó y su padre no le dirigía la palabra.

Una noche, en lo más oscuro de las tinieblas de la habitación del muchacho, una silueta se movía sin hacer ruido alguno, empuñando un cuchillo. Se acercaba lentamente a la cama del príncipe. Levantándolo firme, arremetió contra él. Los reflejos del joven eran muy agudos, por lo tanto con su mano derecha frenó el cuchillo y arremetió con su mano convertida en garra gracias al viento que logró comprimir y cortó el cachete de su atacante. Al sacarle el manto de su cara, quedó helado al ver que la persona que trataba de asesinarlo era su propio padre. - ¿Por qué? – Inquirió con sus ojos cristalizados a causa de las lágrimas. – Tu asesinaste a tu madre, desde adentro. Eres un monstruo… - Escupió sangre a la cara de su hijo. Tal declaración fue peor que un puñal le atravesara el corazón. Con suma furia, rugió, rompiendo las ventanas de su habitación. El joven, sin decir nada más. Tomó su mochila y corrió lejos de allí a pasar la noche con Grandine. Sin embargo, ella ya no estaba. La cueva se encontraba vacía, salvo por una pared escrita. “Rei, tuve que despedirme de este lugar. Nos volveremos a ver. Mama” Corrió hacia el pueblo, buscando socorro en la casa de su tío. – Tío... ¡Ayuda! – Dijo, gritando y golpeando la puerta. Se abrió, y este se dejó caer dentro. – Rei-sama, ¿Qué te pasó muchacho? – Preguntó, exaltado. – Mi padre quiso matarme... – Dijo, rompiendo en llanto. – Suena como algo que mi hermano haría... Estas a salvo aquí. Mañana saldremos de viaje, empezarás de nuevo, dejaras este lugar atrás… y yo también. – Dijo, consolando a su sobrino.
Y así, partieron de viaje a un nuevo reino, llamado Fiore.


El salado aire del mar lograba aflojar la mucosidad del joven mago, quien encontraba refugio únicamente en un pequeño paquete de carilinas. La cubierta se encontraba lleno de pescadores, corriendo de un lado a otro, juntando redes, decapitando peces, amarrando cuerdas. El barco pesquero funcionaba a la perfección, excepto por aquel mago que se había colado entre la tripulación, y lo único que hacía era estorbar el paso de aquellos que si estaban trabajando. Un grito destruyó la atmosfera de trabajo. – ¡Tierra a la vista! ¡Preparen todo, tocaremos puerto en aproximadamente una hora! – Caminando de un lado a otro se halló con el capitán de dicho navío. – Rei-sama, ¿Ya está preparado? – Inquirió su tio. El era robusto, su panza casi hacia que los botones de su camisa salieran volando. Apoyó su peluda mano en el hombro del joven y le esbozó un gesto de empatía. – Nunca se está preparado para abandonar tu hogar para siempre… - Respondió y luego agachó su cabeza en señal de aflicción. – Si bueno, a veces ciertas cosas son más fuertes que nosotros – Colocó su otra mano en la barbilla del pelirrojo y levantó su cabeza para mirarlo fijamente a los ojos. – Quisiera que me prometieras algo… - dijo con toda seriedad - Lo que quieras tío… - -Prométeme que te cuidarás, que harás amigos y que nos volveremos a ver – Se lo vio pensativo, no parecía estar seguro de si mismo – Haré lo que pueda… - una sonrisa se dibujó dentro de su barba – Así me gusta, ahora, agarra tus cosas, ya estamos en el puerto – Movió su cabeza para todos lados, aquella conversación, que se sintieron como minutos, había tomado mas de una hora. El barco se encontraba atracado en el puerto del nuevo Reino. – Fiore… - Masculló. Se bajó de aquel pequeño barco, solo con su mochila de viaje, y así, habiéndose despedido de su tío, comenzó a caminar hasta perderse en la multitud…

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Re: RedBlue Dragon - Tenshin Rei |•

Mensaje por Kisho el Jue Mayo 08, 2014 1:08 am



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