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Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

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Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ethereal Master el Dom Mayo 04, 2014 2:44 pm





¡El camino de la espada! · Rango: C · Ubicación: Hosenka

El consejo mágico de Era, tiene motivos para pensar que el señor feudal de Hosenka se encuentra entrenando un ejército de espadachines, para dar un golpe de estado con ayuda del país de su proveniencia. Por lo tanto, han ofrecido una misión de infiltración, que consiste en entrar a la academia de guerreros de Hosenka mediante una beca otorgada por el consejo, y una vez allí, averiguar si efectivamente se está preparando un ejército o no.
La misión constará en estar durante una semana en el internado de entrenamiento de espadachines de Hosenka y llevar una rutina habitual de entrenamiento, aunque se debe indagar en los momentos libres de entrenamiento.
Recompensa de la misión: 0 Jewels, pero +5 en combate cuerpo a cuerpo, +2 en fuerza, velocidad y resistencia.
Cantidad de posts:  10 posts de 10 líneas · Reward:  +11 stats



En este post se llevará a cabo la misión "El Camino de la Espada" del Tablón de Misiones Globales para Magos Independientes y estará disponible hasta ser completada.
A esta misión se aplican las Reglas de Trabajos.





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Misión Rango C: "¡Preparando un Asedio!"

Mensaje por Ethereal Master el Dom Mayo 04, 2014 3:42 pm





¡Preparando un asedio! · Rango: C · Ubicación: Hosenka

El señor feudal de Hosenka se encuentra en las primeras instancias de preparar un golpe de estado, que dará como resultado la inserción de un ejército del Reino de Bosco, para intentar conquistar Fiore. Es por esto, que el señor feudal de Hosenka, Bluet, ha lanzado una beca completa a todos aquellos que lo deseen, para unirse a la academia de combate cuerpo a cuerpo de Hosenka, siempre y cuando juren lealtad al plan que quiere llevar a cabo. Como iniciados, su deber será buscar y descubrir a cualquier soplón que se encuentre dentro de las instalaciones, sin nunca descuidar el entrenamiento.
Recompensa de la misión: 0 Jewls, pero +5 en combate cuerpo a cuerpo, +2 en fuerza, velocidad y resistencia y una espada de Edoras.
Nota: Esta misión no los convierte en magos oscuros. Simplemente estarían apoyando un punto de vista o el otro, pero se les pide que sean fieles a su decisión.
Cantidad de posts: 10 posts de 10 líneas · Reward:  +11 Stats + Espada



En este post se llevará a cabo la misión "NOMBRE" del Tablón de Misiones Globales para Magos Independientes y estará disponible hasta ser completada.
A esta misión se aplican las Reglas de Trabajos.





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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kisho el Lun Mayo 12, 2014 9:37 pm

La puerta de aquella agitada posada crujió de forma aguda cuando el rubio la abrió de par a par y entró a la misma. La posada estaba conformada por unas cuantas mesas, con distintos grupos de personas desde cinco a tres integrantes. Muchos más se encontraban parados contra la barra, esperando algún trago o charlando con alguna muchacha que se hubiese aventurado a aquel bar. Algunas miradas se posaron en el rubio cuando este atravesó en silencio la sala y se acercó a la barra. – Una jarra de Sake, gracias. – ordenó sin siquiera dar lugar a pregunta por parte del cantinero, que en ese momento comenzó a servirle y se acercó a él. – Aquí tiene. Dígame, ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarle? – preguntó el cantinero algo intrigado, cuando el joven retiró de su bolsillo la hoja del trabajo y la dejó sobre la barra. – Estoy becado para entrar a esta academia. ¿Algún consejo o dirección? –  preguntó con seriedad y pudo notar la duda aflorando en los ojos del cantinero. - ¿Es el fuego  quien guía tu camino, o acaso el mar quien marca tu destino? – preguntó el cantinero esperando cierta respuesta, y el rubio pudo notar como el aire se volvía más denso y la tensión comenzaba a poseer el lugar a medida que algunas conversaciones cesaban a su alrededor. – No tengo idea de lo que me estás hablando. – contestó sin poder evitar pensar en Umi tras esa frase.

– Eres un asqueroso imperial. – gritó un hombre un poco más alto que él, pero de pelo corto y rostro demacrado por el tiempo y las cicatrices. – Vuelve a tu asquerosa Crocus. – se acercó de forma brusca al chico y le propinó un duro puñetazo en su mandíbula, el cual hizo que el mismo fuese despedido del banco donde se encontraba sentado y cayera al suelo. El silencio se apoderó del bar y todos posaron sus ojos en aquella escena. El rubio apoyó sus manos en el suelo y comenzó a pararse, sintiéndose algo mareado por aquel duro golpe que había recibido. - ¿Quieres más? Pues lo tendrás. – se rió al momento que le lanzó un fuerte puñetazo al mareado joven. El rubio en ese momento giró sobre su propio eje, haciendo que aquel hombre golpease con su puño desnudo el duro escudo que portaba en su espalda. Continuó el giro a medida que estiraba su brazo izquierdo para asestar un potente golpe reversible en el rostro del pelinaranja. Una vez que lo golpeó a un costado del ojo con sus nudillos, volvió a adoptar una postura de batalla y sin perder el tiempo, pateó con fuerza el costado de la rodilla izquierda de aquel hombre, haciendo que el mismo quedara de rodillas en el suelo. Asediado por la ira, el ojjiazul tomó uno de los bancos de la barra y antes de que el mareado y dolorido oponente pudiese terminar de recomponerse y ponerse de pie, partió el asiento en el rostro del oponente, quien cayó inconsciente en el suelo con algunos profundos cortes en su rostro, de los cuales emanaba mucha sangre.

Tomó la jarra de Sake y cubriendo su rostro con su cabello, se bajó la máscara y tomó de un solo largo trago la jarra antes de dejarla en la barra. Volvió a ponerse la máscara y guardó la página del trabajo en su bolsillo, para luego salir de aquel lugar dejando atrás un profundo y largo silencio. [Bien, es evidente que a esta gente no le cae del todo bien el reino de Fiore. Hay algo pasando aquí.] se dijo a sí mismo una vez fuera del lugar. Caminó por los alrededores hasta que finalmente encontró un enorme palacio cuyo techo en dos aguas era muy distinto a cualquier otra cosa que hubiese visto antes. Una inscripción en la pared reveló la identidad de aquel lugar; Academia de artes de combate: El camino de las armas blancas.

- ¿Qué podemos hacer por ustede, joven? – preguntó con ímpetu la figura de un hombre de larga cabellera negra y una larga barba del mismo color, a medida que se acercaba al rubio. – Vengo por una beca. Me llamo Kisho. -  retiró de su bolsillo el arrugado papel del trabajo, el cual validaba la beca, y generó una sonrisa en el rostro de aquel hombre, que aunque se veía como alguien mayor, parecía ocultar mucha más energía de la que era simplemente visible. – Oh, claro. Sígueme, te mostraré las instalaciones y te indicaré donde te hospedarás. – se dio media vuelta y emprendió camino hacia el patio interno de aquel amurallado palacio. El rubio lo siguió de cerca, y a sus espaldas fueron cerradas las puertas del lugar por una fuerza imperceptible. – Las instalaciones de la academia de Hosenka son realmente grandes. ¿No lo cree? Aquí, albergaremos a más de cien estudiantes que entrenaran día y noche durante los próximos siete días, en un cuso intensivo para convertirse en verdaderas armas de guerra. Sin embargo, se han presentado más personas a esta beca que los cupos que tenemos. Por lo tanto mañana comenzará un torneo eliminatorio, donde únicamente los cien mejores serán elegidos para ser entrenados. Mientras tanto, podrás alojarte en esta habitación de aquí. - explico a medida que atravesaban el enorme campo de entrenamiento y llegaban a unas edificaciones de madera de puertas corredizas.

– Buena suerte, Kisho. – murmuró el hombre a medida que hacía una reverencia hacia el rubio, quien respondió con una igual. – Gracias, pero la suerte es el recurso de los mediocres. – respondió y dio media vuelta, para cerrar la puerta a su espalda. El piso era de madera, por lo que decidió descalzarse y dejar sus botas a un costado. Se acercó a uno de los rincones de la habitación y dejó su báculo y escudo, y posteriormente se sentó con la espalda contra la pared, manteniendo sus piernas cruzadas frente a él y sus profundos ojos azules en dirección a la puerta. Simplemente se dedicó a esperar.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ragnar el Mar Mayo 13, 2014 12:12 am

La vivaz posada rebosaba de gente ese día, algunos en grupos sentados en las mesas centrales, otros en la barra hablando con las chicas de la ciudad que frecuentaban el lugar y que difícilmente se iban solas de ese lugar cada vez que mostraban su cara. En fin, todo era alegría en la taberna de Hosenka, excepto por ese joven encapuchado, que cada vez que aparecía ocupaba el rincón mas alejado, observando, apenas bebiendo, como expectante ante cualquier situación. Nunca se le vio hablar con alguien, ni siquiera con las mujeres mas, ehmm, dispuestas de por ahí, a las que ignoraba por mas que se le acercaran con una jarra del mejor vino del lugar como invitación.
Alguna vez tuvo problemas por ser así de reservado, sobretodo con el idiota radical mas notorio de los pueblerinos, Trento, un sujeto algo mayor, golpeado por el tiempo, y mucha gente, de cabello naranja y tamaño considerable. Un tipo que odia el imperio de Fiore y que no le importa hacerlo saber.

Esa noche no fue muy diferente a lo que le pasó en su encontronazo con Trento, solo que esta vez no fue con él. Un chico rubio de cabello largo y con una extraña mascara entró generando silencio en algunas de las personas que ahí se encontraban, aunque fue la atención de Trento la que mas llamó. Tras acercarse a la barra, pedir algo y hablar con el cantinero, Trento se lanzó sobre ese chico insultándolo por ser imperial, según Trento. Solo un puñetazo logró conectar en el enmascarado, que tras evitar el segundo golpe, le propinó un golpe en el ojo a Trento para después patearlo en la rodilla izquierda. Fue el golpe de gracia lo que se quedó en la mente de quien desde las sombras de la taberna lo observaba, ese golpe cargado de odio con el banco fue lo que captó realmente la atención de Ragnar que en ningún momento mostró la mínima mueca de sorpresa por el intercambio de ideas que el recién llegado tenía.

Pocos minutos después de que todo terminara y el enmascarado se marchase de la taberna que Ragnar decidió partir hacia la academia donde se había inscrito gracias a la beca del reino.
*¿Que deseas joven?*. Preguntó el barbudo centinela de la puerta de la academia de combate. *Estoy becado. Me inscribí esta tarde.*. dijo Ragnar con su mirada seria, fija en los ojos del hombre que se veía, tenía sus años. *Dime tu nombre y si apareces en la lista podrás entrar*. El imponente guardia le respondía con amabilidad, aunque tras esa amabilidad se escondía un gran y energético luchador, algo que para Ragnar, que recibió un fuerte entrenamiento, no se escapaba. *Ragnar*. La evidente falta de amabilidad de Ragnar sería irritante para la mayoría, a pesar de eso el guardia mantenía esa sonrisa amable con la cual lo recibió. *Si. Aquí estas. Supongo que ya sabes donde están los dormitorios, y como estas inscrito supongo que ya sabes cual es tu dormitorio. Recuerda que mañana es el torneo eliminatorio, así que procura descansar*. dijo el centinela mientras le daba paso a Ragnar, que se perdió en la inmensidad de las instalaciones.

Ya en su cuarto y a punto de dormirse, escuchó la voz del guardia, venía hablando con alguien, contándole sobre lo que iba a pasar. Algo en Ragnar hizo que este se levantara para ver por la ventana quien era el recién llegado. El enmascarado de la taberna. Kisho era su nombre, al menos así le dijo el guardia al retirarse. La suerte es el recurso de los mediocres. así le devolvió el saludo el rubio al guardia para luego perderse en su habitación. Ragnar, ya de nuevo acostado, pensaba en lo que debía hacer en los días por venir. Solo era un paso hacia su principal objetivo.

Misión ¡El camino de la espada! · Rango: C:
Entro en esta misión por el lado de Fiore.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Tenshin Rei el Jue Mayo 15, 2014 4:58 pm

“Más adelante, Hosenka – Hogar de los Venados más Frescos de todo Fiore” Eso pudo divisar el joven mientras caminaba por un pequeño sendero de tierra. Su estomago comenzó a aullar, llevaba horas sin probar nada para comer, sus provisiones se habían agotado y no le quedaba agua, debía reabastecerse, siguió caminando hasta llegar a la ciudad de Hosenka.

Una vez se adentró a la ciudad, un cartel captó su atención. “Becas completas para la Academia de combate cuerpo a cuerpo de Hosenka”
– Interesante… -  Masculló el joven, seguidamente arrancó el cartel y se lo guardó doblado en uno de los bolsillos de su túnica. Caminando en las abarrotadas calles de Hosenka, no pudo evitar escuchar un barullo proveniente de un bar de mala muerte del lado derecho de la calle. Viró su cabeza hacia la puerta del mismo, donde vio salir a un joven rubio de pelo largo con una máscara en la zona baja de su cara. El silencio se apoderó del bar, el ruiderío había sido apagado en el momento que aquel misterioso rubio dejó el bar. Sin pensarlo dos veces, entró en aquella cantina sin saber que se encontraría dentro.

La puerta crujió, lo cual era de esperarse debido a los años que esta parecía poseer. Una vez adentro sus ojos se movieron rápido como una cortesana buscando clientes y pudo divisar un charco de sangre en el suelo y un hombre siendo levantado por otros 3. Sin duda había habido algún tipo de riña protagonizada por borrachos.
– Si que se divierten en este reino – Dijo en modo de broma en voz alta, logrando captar todas las miradas de aquel bar. Caminó hacia el hombre herido, ya sentado en una silla siendo ventilado por sus colegas. – Déjenme yo lo sano – Dijo el joven mientras se sentaba en una silla frente al hombre herido. Las heridas eran superficiales y no muy profundas, por lo tanto no representaría un problema para el joven mago. Colocó sus dos palmas al frente de la cara del hombre y frente a ellas se dispersó una luz de color verde mezclado con azul que abarcó toda la cara de aquel asqueroso hombre, que tenía la camisa manchada con lo que parecía cerveza y sake. Las heridas comenzaron a cerrarse de a poco, la gente alrededor parecía sorprendida y murmullos empezaron a tener lugar en aquel lugar de vicios. – Listo, ya estará bien. Solo dejen que despierte y cuando lo haga, que tome un baño, apesta – Sugirió el colorado mientras se dirigía hacia la barra.

Apoyó ambos codos en la barra y llamó al cantinero para ser atendido. - ¿En qué puedo ayudarle? – Inquirió el gordo cantinero mientras limpiaba un chop con una gamuza ya vieja y gastada. – Un vaso de agua y lo que tenga para comer, por favor – Ordenó el joven mientras se ponía como en uno de los viejos bancos de madera, por un momento se preguntó si este lo podría sostener, pero al parecer no había ningún problema. Un pequeño tiempo pasó y el vaso de agua arribó acompañado de un pez con puré de patatas. Extrañamente, sabía mejor de lo que lucía, pero en el estado de hambre del joven pelirrojo, hasta un pez crudo sabría bien. El cantinero se acercó – No tienes pinta de ser de por aquí… ¿De dónde vienes forastero? – La pregunta lo tomó por sorpresa y se atragantó con una espina del pez, bebió un gran sorbo de agua y le hizo seña de que necesitaba mas, a lo que el cantinero accionó agarrando la jarra y sirviéndole más. Una vez que la tos cesó, este pudo hablar – En realidad vengo del Reino de Ca-Elum, ando buscando cosas para hacer, ya sabes, aventuras y cosas por el estilo. Por ejemplo, entré a la ciudad y me encontré con esto – Metió su pequeña mano en el bolsillo donde se encontraba el papel de la beca y la coloco al frente del cantinero. – Ya veo… Pues, ya que no eres de por aquí, mi deber es decirte, ese hombre de allá terminó así por pelear contra un mago al parecer habilidoso. Iba por el mismo trabajo que tu, las personas que se unen a esa academia no son bien vistas en esta ciudad – Comentó el cantinero. El joven no pudo evitar abrir sus ojos en señal de sorpresa, pero aún así no le importaba lo que la gente pensara, puesto que no era de esa ciudad ni de ese reino. – En realidad, yo solo voy por el dinero y el adiestramiento, no me interesa para nada la socio-política de este lugar. Si me permite preguntar, aquel mago que golpeo a ese hombre, ¿Cómo era? – Preguntó, el hombre de la máscara en la boca no parecía una persona normal que digamos. – Era rubio, y poseía una máscara que cubría parte de su cara. Salió justo antes de que tu entraras – Dijo el hombre. – Muchas gracias, aquí tiene, me iré a enlistar entonces – Dejó un puñado de billetes en la mesada, y se retiró con sus cosas hacia la academia, sabía que se encontraría aquel sujeto en dicha academia. Este le había despertado la curiosidad, ¿Que poseía debajo de aquella mascara?.

Una vez afuera, comenzó a buscar edificios que de por sí solos digan “hola, soy una academia”, pero no encontró ninguno. Asique tuvo que pedir indicaciones a la gente. Para su sorpresa, todos lo trataron mal, salvo una pequeña anciana que le mostró el camino por ella misma. Las puertas de entrada eran grandes y completamente militar, de un acero bien forjado y oscuro. Se acercó a dichas puertas, su asombro era notable ya que a medida que avanzaba su cuello iba subiendo más y mas admirando el gran trabajo del herrero que las habría hecho. Una voz rompió con su concentración, era un hombre de larga cabellera negra con una barba prominente que hacía juego con sus cabellos. – ¿Podría ayudarlo en algo joven? – Inquirió con gruesa voz mientras el pelirrojo volvía en sí y clavaba su mirada en él. – Pues sí, me encontré con esto al entrar a la ciudad, quisiera saber si siguen dando las becas – Retiró de su bolsillo el papel que había sacado de la cartelera y se lo dio al hombre – Pues sí, han venido varios por los puestos, creería que hay una cama más. Entra, te mostraré donde será tu habitación – Dijo, luego toco las puertas con su diestra y estas comenzaron a abrirse pesadamente marcándose en la tierra su trayecto. Al entrar se podía divisar una gran plaza de entrenamiento donde se veían jóvenes de ambos sexos trotando, otros golpeando muñecos de entrenamientos y demás objetos con finalidad de entrenamiento.

El jove pelirrojo dejó que su mente divagara y creara un mundo alterno mientras atravesaban el campo de entrenamiento para luego llegar a unas pequeñas chozas de madera donde el joven teóricamente debía quedarse. Al llegar, su mente volvió a la realidad y solo logró escuchar “100 mejores” de la boca del hombre. Este se retiró sin dejar que el colorado pueda llegar a hacerle algún tipo de pregunta. Abrió la demacrada puerta de madera y se adentró al cuarto, este estaba oscuro y despedía cierto olor a humedad. Creyó estar solo por un momento, hasta que el paneo general de sus ojos le demostró otra cosa. Un joven rubio estaba apoyado contra una pared, y… tenía una máscara en su cara.
– EH! Yo te eh visto antes. ¿No fuiste tú quien golpeó a aquel hombre en la taberna? – Preguntó de manera brusca, lo cual le sorprendió, puesto que no le importaba el otro hombre. Demostrando nuevamente su extraña forma de hacer amigos, se sentó del lado derecho al rubio luego de hacer su acusación, esperando una respuesta del mismo.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kisho el Lun Mayo 19, 2014 2:15 pm

Los minutos habían corrido como el agua de un río, y el cansancio se apoderó del enmascarado, quien había dejado caer sus antebrazos sobre sus piernas y había agachado su cabeza, cerrando sus ojos más no durmiendo. Con los años, había aprendido que las noches se hacían más cortas si cerraba sus ojos. Su paz no duró demasiado ya que de forma brusca la puerta de su cuarto se abrió, dejando entrar la luz y con ella, a un energético pelirrojo.
Sus orbes añiles, vidriosas, demoraron en acostumbrarse a la luz que entraba al cuarto, incluso más tiempo del que demoró aquel chico en abrir su boca. – EH! Yo te eh visto antes. ¿No fuiste tú quien golpeó a aquel hombre en la taberna? – taladró su voz, a medida que la piel de los contornos de los ojos del rubio se arrugaron, evidenciando su sonrisa de satisfacción. – No he golpeado a aquel hombre. Simplemente le he hecho una advertencia. Advertencia de no meterse en mi camino. Sin realmente hubiese querido golpearlo, su funeral se estaría llevando a cabo en alguna cuneta de esta ciudad. –  enunció con un deje de diversión luego de levantar su cabeza y clavar su mirada en el recién llegado, dejando que sus ojos se acostumbraran a la luz.

La figura del pelirrojo fue volviéndose más nítida a medida que aquel cerraba  la puerta a sus espaldas y entraba a la habitación que les habían asignado. Al igual que él, el pelirrojo parecía tener un cuerpo que se había amoldado al combate cuerpo a cuerpo, por lo que no le sorprendería que fuesen compañeros de habitación durante todo el transcurso de aquella beca. – Oe, si vamos a compartir habitación más vale que pongamos un par de reglas de convivencia. Regla número uno: Si tocas mis armas, te mato. Regla número dos: Si no respondo, es porque no tengo intenciones de hablar. Regla número tres: No dudes de la regla número uno. Regla número cuatro: No me interesa saber nada de ti por el momento, así como a ti no te interesa nada de mí. No estoy buscando amigos, simplemente quiero entrenar. ¿Entiendes? – sentenció siguiendo al pelirrojo con sus ojos vidriosos, fijos en el recién llegado. – Lo único que necesitas saber de mí, es que mi nombre es… Kisho. Un gusto. – estiró su mano izquierda en dirección al recién llegado en señal de un saludo amistoso.

La noche transcurrió de forma lenta, y al igual que todas las noches, el rubio no logró conciliar el sueño. Los primeros rayos de luz entraron por la delicada pared  translúcida y fina de su habitación. Jamás había visto algo igual, era similar al papel, pero más grueso. Los ronquidos de su compañero de habitación habían torturado su paz durante toda la noche, por lo que decidió ponerse de pie y juntar sus armas para salir de aquella habitación. Abrió la puerta con delicadeza, intentando no despertar a su compañero de habitación, y tras ponerse sus borcegos comenzó a caminar por el camino de madera que se extendía frente a la puerta de la mitad de las habitaciones, dirigiéndose hacia la fuente de agua que se encontraba en el punto medio entre todas las habitaciones.
Caminando de frente a él se encontraba un hombre de cerca de treinta años, cabello negro azabache hasta la mitad de sus hombros y unos profundos y extraños ojos color marfil. Aquel hombre poseía un largo sobretodo negro y una remera de red que cubría su fornido abdomen. Le faltaba una de las mangas de su sobre todo y un largo tatuaje en forma de ramificaciones se extendía por su brazo. El hombre esbozó una sonrisa que ocultaba una demencia latente, la cual llegó incluso a inquietar al rubio. El hombre clavó sus ojos en el ojiazul y lo siguió con la mirada hasta que estuvo frente a él, donde lo pechó con su hombro y continuó su camino, riendo de forma casi inaudible y demencial. Kisho detuvo su avance luego de aquel golpe y clavó su mirada cargada de desprecio en aquel hombre  quien no miró atrás.

- ¡ATENCIÓN A TODOS LOS RECULTAS! ¡PRESENTARSE EN EL PATIO PRINCIPAL! – gritó una fuerte voz acompañara de una estruendosa campana. El rubio terminó de lavarse la cara en la fuente y posteriormente emprendió camino al patio principal donde los doscientos reclutas se habían presentado.
La puerta del gigantesco palacio se abrió una vez que todos los reclutas se encontraron formados, y de la misma salió la figura de un anciano de al menos sesenta y tantos años, sin embargo, mantenía una mirada vigorosa. Su cabello, canoso, no parecía haber sufrido el pasaje de los años, y una desprolija barba forestaba su rostro. – Hijos e Hijas mías, buenos días a todos. Mi nombre es Waru Kamogawa, y soy el señor feudal de esta hermosa ciudad. Fiore no es suficiente segura, y una invasión por parte de los reinos limítrofes es una posibilidad que siempre se encuentra asechando nuestro hermoso reino. Es por eso, que he ofrecido becas para aquellos con corazón de fiera y voluntad inquebrantable. Sin embargo, se han presentado más personas de las que hemos previsto, por lo que nos vemos obligados a tener que seleccionar a los más aptos para esto. Pero no se preocupen, haremos un llamado a becas por mes, por lo que quienes queden eliminados, podrán volver a presentarse el mes que viene. – hizo una pausa para repasar a los presentes esbozando una gran sonrisa, y luego continuó su monólogo. – La eliminación contará en un combate uno contra uno, donde cada quien podrá demostrar su destreza en el combate cuerpo a cuerpo. Estaré arriba, observando sus combates. Den lo mejor de sí, por su reino. – sentenció el hombre y a continuación se dio media vuelta, y las puertas se cerraron a su espalda.

Uno a uno, los reclutas comenzaron a ser llamados para su batalla de ingreso, donde pelearían frente al resto de los reclutas y bajo al mirada de Waru Kamogawa, quien se encontraba sentado en su balcón observando a los nuevos prospectos.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ragnar el Vie Mayo 23, 2014 8:56 pm

El amanecer hacía notar su presencia por los tenues rayos de luz que atravesaban las paredes estilo tradicional de la zona de habitaciones. La fuente de agua cercana, que adornaba el patio de la zona, proporcionaba el armonioso sonido de la naturaleza, que se opaco por los primeros sonidos de la ciudad que se escuchaban en la lejanía. El encapuchado rubio, Ragnar, ya preparado desde antes que los primeros rayos de luz le permitieran acostumbrar sus ojos a la luz del día.
Sigilosamente, Ragnar salió de su habitación para dirigirse donde todos deberían reunirse, el patio principal. *¡ATENCIÓN A TODOS LOS RECULTAS! ¡PRESENTARSE EN EL PATIO PRINCIPAL!*. Gritó alguien a quien no pudo divisar. El grito fue seguido de una molesta campana. *Que molestos*. Se dijo Ragnar a sí mismo mientras una repentina presencia perturbó su concentración. Un hombre bastante imponente de largos cabellos negro azabache y ojos marfil. Tenía una extraña y demencial sonrisa. Se lo cruzó por tan solo un instante mientras este salía de una habitación bastante cerca del patio principal. Habitación que Ragnar no pudo identificar. Estaba claro para Ragnar que si algo ocurría y tenía que luchar contra ese hombre, no sería para nada sencillo.

Ya en el patio y con todos los reclutas habiendo terminado de aparecer, algunos con rostros un poco dormidos, unas enormes puertas se abrieron desde donde una anciana figura salió. *Hijos e Hijas mías, buenos días a todos. Mi nombre es Waru Kamogawa, y soy el señor feudal de esta hermosa ciudad. Fiore no es suficiente segura, y una invasión por parte de los reinos limítrofes es una posibililalalalalalaala*. Ragnar pareció ser el único en dejar de prestar atención y ponerse a observar a los allí presentes, buscando los que aparentaban ser los mas fuertes. *Den lo mejor de sí, por su reino*. Terminó por pronunciar el señor feudal desapareciendo por donde vino.
*Los que escuchen su nombre acérquense al centro del patio. El resto se sentarán en las gradas y esperarán su turno*. Gritó fuertemente el guardia que lo recibiese a Ragnar la noche anterior en la puerta de la academia. *Ragnar Erikson* dijo fuertemente buscando entre las gradas a aquel que respondía por ese nombre. En ese momento Ragnar se puso de pie y lentamente caminó hasta donde el guardia se encontraba. *Korin Maklav* gritó siguiendo con su mirada a un chico que se paró en la zona media inferior de las gradas que corriendo, se colocó frente a Ragnar. El guardia lanzó una moneda al aire y tras observar él, lo que había salido y mostrarle a los participantes dijo *A ustedes les tocó dos gerreros peleando desarmados. Eso significa que así pelearán ustedes*. El chico Korin frente a Ragnar simplemente esbozó
una sonrisa. Ragnar como siempre, sin emoción alguna. Al posicionarse, según indicó el guardia se escuchó *Comiencen*.

El chico castaño, de físico evidentemente entrenado fue el primero en avanzar. Ragnar lo esperó en posición de combate. El chico lanzó una patada a la zona media con su pierna derecha. Ragnar Recibió la patada realizando un movimiento lateral con su abdomen para amortiguar el golpe, y fue ahí que, con su brazo izquierdo atrapó la pierna del chico y avanzando con su pierna dercha, lanzó un puñetazo con su brazo derecho que fue apenas desviado por Korin, evitando que impactara en su pecho, aunque no pudo evitar llevarse el golpe en el hombro. Korin lanzó un puñetazo a la cara del rubio que hizo que este le soltase la pierna, lo que le permitió posicionarse correctamente frente a Ragnar. *No eres tan malo como pensaba*. dijo con tono burlón el chico de pelo castaño. La respuesta de Ragnar no se hizo esperar. Un avance cerrando los puños frente a él para lanzar un golpe con la zurda al rostro de Korin. Fácilmente moviendo su torso a la izquierda, Korin esquivó el puñetazo, aunque el puñetazo con la derecha no logró verlo a tiempo y lo recibió de lleno en el rostro, tambaleándose hacia atrás luego del golpe. *El engaño es esencial*. Únicas palabras pronunciadas por Ragnar, que mantenía una extraña posición en la cual sus manos estaban bastante cerca una de la otra frente a él.
Aparentemente Korin entendió que no iba a ser fácil, por lo que borró esa soberbia expresión de su rostro y comenzó con una serie de golpes con las manos que fueron bloqueados por Ragnar, el que comenzó a responder con una combinación de patadas y puños. Un puño decisivo de Ragnar con la derecha marcó el contraataque de Korin que lo bloqueó haciendo girar su cuerpo sobre su pie derecho para lanzar un codazo invertido con su brazo izquierdo. Ragnar logró evitar el golpe descendente en el rostro, pero no pudo evitar el impacto en el pecho que provocó que cayera al suelo. Korin aprovechó la oportunidad para pisarlo en el rostro. Ragnar giró sobre sí mismo para alejarse de su oponente, pues ese pisotón era evidente, logrando pararse rapidamente.
*Tengo cosas que hacer. Así que voy a terminar rápido contigo*. La confianza, y soberbia de Korin habían vuelto con ese último movimiento, por lo que rápidamente se acercó a Ragnar con una combinación de golpes con los puños. Ragnar evitaba estos puños desviándolos con las manos y alejándose de su oponente. Un descuidado y violento puño de Korin con la derecha le dió a Ragnar la posibilidad de avanzar. Un avance en diagonal hacia la izquierda mientras desvió ese puño con su brazo izquierdo le dio al rubio la posibilidad de propinarle un golpe en el pómulo con su puño derecho, haciendo que Korin perdiese el equilibrio y dándole la posibilidad de sujetarlo y llevarlo al suelo. Ragnar se colocó detrás de Korin tras darle el golpe, sujetándolo del cuello con un típico agarre de estrangulación mientras que con sus piernas atrapó su zona abdominal baja. Korin en un intento por liberarse lanzó dos puñetazos que dieron en el rostro de Ragnar que, si bien no llevaban mucha fuerza provocó que Ragnar hiciera la fuerza suficiente para dejarle inconsciente por unos segundos.
*¡Terminó la pelea!* Gritó el guardia para que Ragnar lo soltase. *Ragnar se lleva la victoria*. dijo mientras aplausos llegaban de las gradas. una simple felicitación por parte del resto de los aspirantes, nada muy exagerado.
*Puedes ir a la enfermería si quieres*. dijo el guardia a Ragnar. *Si. Gracias*. *Ahora pasamos al siguiente combate*. La voz de aquel hombre se iba perdiendo mientras Ragnar se alejaba caminando hacia donde se encontraba la enfermería.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kyrios Spatha el Lun Mayo 26, 2014 12:39 pm

Je... Estaba bien claro. Por aquellos lares la gente tendía a ser demasiado estirada.

Ignoraba cuánto tiempo había estado caminando, pero no pudo evitar que le llamase la atención, mientras estaba de paso por la ciudad de Hosenka, el hecho de que esta parecía encontrarse sumida en el caos. Hubiese resultado difícil saber de qué se trataba, pero las paredes hablaban y, por fortuna, sus oídos siempre estaban bien atentos: No le supuso demasiada dificultad enterarse de que, por lo visto, se estaba preparando algo gordo en aquel sitio... Inicialmente pensó que no era nada de su incumbencia, después de todo le traía sin cuidado las disputas que un reino pudiese tener con otro, pero empezó a atraer su interés cuando se enteró de que el señor feudal parecía bastante desesperado por encontrar gente que luchase sus guerras por él. Decir que la sonrisa de Kyrios cuando escuchó esto fue de oreja a oreja estaba prácticamente de más, aunque tal sonrisa no se debía, precisamente, a que estuviese contento.

Quizá se debiese a que del lugar de donde venía la gente luchaba sus propias batallas en vez de buscar críos sin apenas experiencia para matarse por los poderosos, o quizá fuese simplemente porque tal llamado difícilmente fuese a atraer a nadie digno de probar su espada, pero cualquiera que fuese la razón estuvo bastante cerca de causar que Kyrios se largase del sitio, sin querer estar en lo que probablemente se convertiría en una zona de guerra en cuestión de unos pocos días. No es que no le atrayese la idea de un buen combate, nada más lejos, pero prefería no tener que verse involucrado en una guerra contra gente que no le llamase la atención... Su espada había sido templada para combatir a grandes guerreros, no a novatos intentando ganarse la vida como buenamente podían. No era su estilo. Eso no era óbice, sin embargo, para no disfrutar de las bondades de aquellas tierras: Tenía mujeres muy hermosas y podía aprovecharse de su presencia para conseguir lo que quería.  No hacerlo hubiese sido un desperdicio.

Así pues se dirigió a la posada, entrando y permitiéndose el lujo de tomar consigo a dos de las señoritas más hermosas del lugar. No fue difícil, después de todo, era un tipo bastante atractivo y la seguridad que desprendía era más que suficiente para que las señoritas se tirasen a sus pies... Un poco después no tardaron en llegar las bebidas que había pedido. Por desgracia, parecía que por esos lugares lo de relajarse no debía ser una tarea fácil, porque no tardó en desatarse una pelea de bar que llamó la atención de buena parte de los parroquianos. Kyrios no fue una excepción.  En circunstancias normales, quizá, sólo quizá, se hubiese sumado a aquella trifulca, pero hacerlo en aquel momento habría sido faltar al respeto a las dos señoritas que tenía entre sus brazos, de modo que se abstuvo... Lo cual le permitió ver la trifulca desde una posición privilegiada. Lo dado por lo tomado, que se decía.

Igualmente, la pelea terminó bastante más rápido de lo esperado.  Eso no era normal: Aquel crío había tumbado a sus oponentes en menos que cantaba un gallo. Cierto era  que no había sido una lucha elegante, pero sí eficaz.  Y, de repente, Kyrios vio una muy buena razón para meterse en aquel embolado.  No es que le gustase meterse en las guerras de otros, pero si podía acercarse a aquel tipo y luchar contra él, para probarse a sí mismo, quizá aquello sí que valiese la pena.  Pero primero tenía algo de lo que ocuparse.






La mañana siguiente había despertado soleada, y Kyrios abandonó su lecho con una sonrisa. A sus espaldas, las dos damas desnudas que había conquistado la noche previa musitaban en sueños palabras que le eran de sobra conocidas... "Nuestro león, sigue", etc. No pudo evitar soltar una leve risotada antes de taparlas con las sábanas, quedándose a observarlas durante unos instantes. Eran unas verdaderas bellezas. Menos aún pudo evitar acariciar sus cuerpos y rostros un instante...  He ahí otra razón para tomar partido en aquella imbecilidad de guerra: Si las preciosidades de aquel lugar acababan muertas por su culpa jamás se lo perdonaría. Incluso si no era así, tendrían familiares, padres, hermanos, hijos...  No, desde luego no iba a dejar que un ejército arrollase aquella tierra sin luchar.  Al menos, no sin que le pasasen por encima primero. No es que le agradase la pantomima de estar al mando de alguien que no se había ganado su respeto, pero a veces había que hacer sacrificios por el bien mayor. Había que mirar el lado positivo... Podría divertirse un rato, cuando menos.

Se atavió con su armadura, tomando consigo su equipo. Antes de marcharse, pagó cualquier deuda que las jóvenes hubiesen contraído en la posada y se aseguró de que las muchachas se encontrasen un sólido desayuno cuando finalmente despertasen de su  sueño. Cuando acabase con todo aquello volvería a visitarlas, pero el deber llamaba... Y el León debía acudir a ello.






La verdad es que presentarse como voluntario fue más difícil de lo que esperaba. El subterfugio jamás había sido lo suyo y, aunque pudo acabar metiéndose en aquel fregado, no fue especialmente fácil... Desde luego, no había oído que la mayoría de los que habían acabado allí lo hubiesen hecho después de noquear a dos guardias armados que se habían puesto particularmente quisquillosos, pero una vez les dio un par de sopapos se dieron cuenta de que tocarle las narices no iba a ser algo precisamente inteligente, así que, por fortuna, pudo estar allí para escuchar el discurso del señor feudal.   Nada de interés, sin embargo, lo típico que había oído mil veces... Todos sois valientes, todos sois fuertes, la clase de estupideces que sólo pueden salir de la boca de un hombre desesperado y sin un ejército que lo respalde.  Pero no era lo que le interesaba, estaba más preocupado por el resto de los presentes allí que por sus palabras... Hasta que, por supuesto, se reveló el pastel. No pudo evitar una sonrisa arrogante.

¿Un torneo?  Evidentemente, ese tipo estaba como una regadera. ¿Estaban cortos de efectivos e iban a seleccionar sólo a cien? Desde luego no sería la opción táctica más razonable... Sí era cierto que era una estupidez mandar a la guerra a gente que no tenía lugar en la misma, pero un torneo no era la mejor forma de seleccionar tus soldados cuando estaba a punto de estallar una guerra. En el mejor de los casos, lo único que se conseguiría era debilitar a los aptos, dando la oportunidad perfecta al enemigo para atacar.  Pero ¿qué sabía él? Sólo se había dedicado toda su vida al arte de la guerra... En fin...

De todos modos, había llegado hasta ahí, así que había que continuar con aquella chorrada. Si espectáculo quería, era lo que iba a tener.  Pero no sería según sus reglas. Mejor acabar pronto.  Los primeros en salir fueron un par de muchachos que, aunque luchaban bien, se notaba que no tenían la disciplina de un entrenamiento militar sólido... Aunque debía admitir que lo hacían razonablemente bien dadas las circunstancias.  El combate se terminó bastante rápido, sin embargo, así que tocaría esperar un nuevo emparejamiento...

Si él no hubiese estado allí, claro.


Lejos de esperar su turno, Kyrios saltó a la arena. ¿Decía que sólo los más fuertes y arrojados sobrevivirían? Pues bien, era el momento de demostrar quiénes lo eran.  Una vez sintió la arena bajo sus pies, Kyrios notó las voces de varios de los presentes, que no tenían ni idea de qué se supone que estaba pasando. Observó a los presentes, su armadura regia, su espada en la mano derecha, el escudo en la izquierda. Luego al señor feudal.

Alzó su espada...


- ¡Eh, tú, el de las gradas! ¿Quieres un espectáculo, verdad? ¡De acuerdo! ¡En tal caso, será mejor que dejes que sean los mayores los que decidan! Tú quédate ahí y observa... Así es como lucha un verdadero guerrero.



Dicho eso, bajó la espada y adoptó una postura de guardia.


- ¡El que crea que puede vencerme, que salga! Todo aquel que tenga miedo, o crea que esto es una estupidez, que se largue... No perderé mi tiempo con aquellos que no tengan la guerra en la sangre.


Y, dicho eso, esperó que alguien respondiese a su desafío. Su bravata podía haber sonado como lo que era, un desafío, pero las razones para tal cosa eran evidentes...  Si podía eliminar cuanto antes a un par de los que estaban menos capacitados para la lucha, les evitaría un destino mucho peor más adelante. Quizá le odiasen por ello, pero estaba preparado para soportarlo.  Después de todo, él no los mataría, ni les causaría más daño que el estrictamente necesario. No creía que pudiese decir lo mismo del resto de allí presentes... Muy probablemente alguno de ellos aprovecharía para destrozar a su oponente incluso cuando ya no hubiese razón para ello. No con él ahí.

Ahora sólo quedaba esperar...
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Tenshin Rei el Lun Mayo 26, 2014 3:41 pm

Sus ojos no paraban de inspeccionar la habitación donde se encontraba. Podía observar que solo había dos camas cuchetas con sus respectivas mantas y almohadas, nada muy ostentoso ni fuera de lo común. Todavía esperaba la respuesta de aquel rubio que tenía a su derecha. Viró su cabeza para clavarle la mirada en la zona baja de su cara, es decir, en su máscara. El dicho dice “La curiosidad mató al gato”, pero para la suerte y el poco entendimiento del pelirrojo, el no era un gato. La observaba detalladamente, esperando poder develar que habría allí abajo, ¿Acaso escondía dientes de dragón? ¿El también sería un dragon slayer? O ¿Simplemente era un adorno facial?, esas y muchas otras dudas pasaron fugazmente por su mente pero, citando otra frase “Nunca lo sabrás si nunca lo intentas”. El joven pelirrojo tuvo la intención de acercar su mano para arrebatarle la máscara y develar el secreto, pero este fue abruptamente interrumpido por la contestación que estaba esperando.

Para su sorpresa, la respuesta del joven fue algo… graciosa.
- …le he hecho una advertencia. Advertencia de no meterse en mi camino. Sin realmente hubiese querido golpearlo, su funeral se estaría llevando a cabo en alguna cuneta de esta ciudad. – No pudo evitar largar algo así como una pequeña risa. Despegó su espalda de la pared y se incorporó en sí mismo. – ¿No serás muy malo? – Preguntó con un tono irónico en su voz. Nuevamente se ponía en juego su extraña habilidad para hacer amigos, burlarse o delirar gente era uno de sus trucos, podría usar la risa como trampa para una amistad duradera, como había hecho allá en sus tiempos en el palacio. Se acostó en el lecho más cercano y reposó su cabeza sobre la almohada rectangular, estaba tan dura que parecía cartón. En el momento que se acostó, el rubio comenzó a hablar nuevamente, llamando la atención del muchacho quien se acomodó en su cama para mirarlo fijamente a los ojos. Este, enumeró un par de reglas de convivencia. La regla número uno captó su atención, no había reparado en el arsenal del joven que yacía en la punta de la habitación. – ¿Escudos? ¿Un báculo?, este joven es una caja llena de misterios que me gustaría develar… - Pensó. Examinó bien la contextura de las armas y su material, eran de muy buena calidad al parecer. Al llegar a la regla número cuatro, el pelirrojo le hizo una pausa y respondió – En eso te equivocas querido Rubio-san… que tu no quieras saber nada de mi es una cosa, otra muy distinta es que yo no quiera saber nada de ti, no hables por mí, parecer un ser interesante, estoy muy interesado en los secretos que escondes. Y tarde o temprano, serás mi amigo y me los contarás, así funciona esto… - Dijo llevando su nuca a la almohada y su mirada al decrépito techo. El rubio siguió su monólogo hasta mencionar su nombre. – Kisho… interesante nombre. Mi nombre es Rei, Tenshin Rei, un placer compañero – Digo aún mirando el techo. Se acomodó y dejó que el cansancio y el sueño se apoderaran de él, cosa que no era muy difícil de lograr.

La noche pasó como un parpadeo para el joven aprendiz de dragón. Su sueño se vio interrumpido por el resonar del metal de los escudos de Kisho. Abrió lentamente los ojos y con la mirada borrosa observó al rubio dejar la habitación. El día había llegado, la eliminación. Tenshin se incorporó y comenzó a vestirse como solía hacerlo siempre, su chaqueta marrón claro que le llegaba a las rodillas gracias a su largo, su remera blanca de entrenamiento, su collar con una piedra celeste, obsequio de Grandine y sus borcegos negros. Así, dejó la habitación y se adentró al campo de entrenamiento. Sus ojos tardaron un poco en adaptarse a la luz del día, estaba incomodo y molesto por no poder ver bien. Kisho no se encontraba en su campo de visión, era de suma importancia para el joven encontrarlo, debía verlo pelear para poder responderse sus propias preguntas, realmente ese sujeto había despertado la curiosidad del pelirrojo. Comenzó a olfatear, el olor de Kisho ya se había incorporado a su registro, por lo tanto podría olfatearlo a mas de 10 metros a la redonda y saber su localización exacta. Una vez localizado, comenzó a caminar cruzando el campo de entrenamiento.

A lo lejos la silueta del rubio se alzaba, iba caminando a paso acelerado para poder preguntarle un par de cosas, pero cuando se encontraba a unos metros de él algo sucedió. El joven se encontraba completamente incómodo, se sentía inusualmente violento y sus uñas comenzaron a tornarse puntiaguda. La magia para asesinar dragones es una magia muy poderosa y difícil de controlar, ya había pasado por estos episodios antes, pero en esos momentos Grandine estaba para ayudarlo a controlarse a sí mismo. Esta vez se hallaba solo y sin contención, no sabría de lo que era capaz en ese estado. Sus manos comenzaron a llenarse de viento mágico. No tuvo otra opción más que correr a la cabaña nuevamente y encerrarse por unos instantes. Su violencia interior estaba por ser expulsada. Comenzó a tirar zarpazos a mansalva, rasgando y destrozando la madera, el único detalle era que estaba golpeando con la yema de sus dedos, el viento mágico funcionaba como cuchillas, como verdaderos colmillos de dragón. El ambiente se había llenado de plumas voladoras a causa de un zarpazo a las almohadas. Este no podía controlarse, sus ojos se habían tornado con un iris violeta oscuro, más de lo normal, y con una pupila vertical que apenas podía verse, ya que era una línea muy delgada. Así, tirando zarpazos una y otra vez, con ráfagas de viento como colilla de los mismos la habitación se vio destruida en menos de lo que ruje un dragón. El joven comenzó a calmarse y aclarar las ideas, se dio cuenta que su cuerpo aún no asimila la cantidad de poder mágico que posee y no podría canalizarlo de la mejor manera. Pero para eso estaba ahí, para eso se estaba entrenando, para poder controlarse a sí mismo y mejorar día a día como mago. Sus pupilas volvieron a la normalidad y este volvió al campo de batalla donde Kisho se encontraba anteriormente.

Una vez a la derecha de Kisho, el comandante comenzó a gritar, dando órdenes de que los reclutas comiencen a formarse en escuadras, la eliminación estaba por empezar. Había muchos rostros interesantes entre los reclutas, todos daban la impresión de ser gente interesante y digna de estar en la posición donde se encontraban. El discurso del comandante comenzó, no le prestó mucha atención, salvo a la última parte “Den lo mejor de sí, por su reino”.
– Este no es mi reino – Pensó, pero claro, nadie de ese lugar lo sabía, y tampoco podría dejar que se enteraran, puesto que estaban muy perseguidos y asustados por el “ataque de otros reinos”. La escuadra se rompió, creando un gran círculo alrededor del campo de batalla para poder observar las peleas. El primero fue un joven llamado Ragnar, rubio y de ojos claros, combatía contra un joven llamado Korin, de cabellos castaños. Una pelea algo aburrida, aunque se podría notar el despliegue de las habilidades físicas de los jóvenes reclutas de la academia. No pasó mucho tiempo antes de que un extraño espécimen humano irrumpiera en el medio del círculo, vestido con una armadura, casco, todo los juguetes. – Oye, el teatro es por allá Sir. Lancelot – Bromeó el pelirrojo, obviamente sin hacerse cargo de lo que dijo, y haciéndose el otro, como si nunca hubiera dicho nada. El joven observaba, inmóvil, no tenía ganas de pelear gracias a su episodio anterior, por lo tanto esperaría un rato antes de que le volvieran las ganas.

Líneas: 82 (Post Anterior) + 66 (Nuevo Post) = 148 Líneas.
50 Líenas Usadas para el entrenamiento de la técnica "Colmillo del Dragón del Cielo"
Spoiler:
8) Colmillo del Dragón del Cielo (天龍の砕牙, Tenryū no Saiga): Es el único hechizo ofensivo que el mago tendrá a este rango. Se trata de un hechizo cuerpo a cuerpo en el que el usuario cubre sus manos con magia del cielo y viento dándole forma como un colmillo de viento. Este, debe golpear con la yema de sus dedos su objetivo causando heridas superficiales. A medida que el poder del mago aumenta, las heridas superficiales pueden ir tornándose heridas de mayor gravedad.
Hechizo Desbloqueada, de ahora en mas puedo usarlo.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kisho el Lun Mayo 26, 2014 4:01 pm

Las batallas dieron comienzo, y junto con ellas, la testosterona y la adrenalina pudieron hacer acto de presencia, apoderándose del cuerpo de los luchadores. Una moneda parecía ser la que decidía la modalidad del combate, y los emparejamientos parecían ser hechos de forma aleatoria. Varios luchadores ya habían pasado al campo de batalla donde algunos habían demostrado su destreza en batalla y otros su suerte al ser emparejados con los candidatos más débiles. Sin embargo, nada escapaba a los ojos de Waru Kamogawa quien analizaba de forma detallada cada uno de los combates.
Perdió completamente el interés en las batallas cuando observó a la chica de larga cabellera azabache y ojos color jade, quien le había recibido al llegar a Hosenka, parada a un costado de Waru Kamogawa. Aquella muchacha clavó su mirada en él por un instante y le sonrió, forzando al rubio a hacer la mirada a un lado de forma burusca. [Algo extraño está sucediendo aquí…] dijo para sí mismo y comenzó a intentar atar cabos sueltos, pero aún había mucho que le faltaba por determinar.

La calma necesaria para llevar a cabo esos pensamientos no duró mucho, ya que sin aviso previo un hombre vistiendo una armadura pesada, esgrimiendo una hermosa espada de acero y un escudo, comenzó a empujar a los presentes hasta que se posicionó en el medio del campo de batalla, donde retó a quien se sintiese suficientemente fuerte para luchar contra él. Aquello provocó un impacto anímico en alguno de los presentes, quienes en aquel instante dieron algún que otro paso atrás o incluso se retiraron de la arena al reflexionar aquello de tener la guerra en su sangre. Tres guerreros, uno que poseía un martillo de dos manos, uno con dos katanas y una chica bastante hermosa con una lanza, se miraron entre ellos y tas asentir forjaron su camino hasta el medio de la arena, donde se colocaron en posición de combate y de forma desafiante frente a aquel de la armadura. [Dicen que Cuzco que ladra no muerde. Espero que este hombre esté a la altura de sus palabras, ya que sería un poderoso aliado para el reino. ] murmuró para sí mismo mientras esbozaba una sonrisa bajo su máscara, la cual se hacía evidente por los pliegues de la piel al costado de sus ojos.

– Alexley Koslov – llamaron en otra arena que se había formado a un costado de ellos. [Es una pena. Realmente me hubiese gustado ver este combate.] se hizo a un lado y emprendió camino hacia la arena, en la cual se encontraban retirando a un hombre inconsciente, y un rubio de sobre todo negro y capucha se retiraba del campo. Caminó a un lado de aquel rubio e intercambió una fría mirada al pasar a su lado. Aquel joven de aproximadamente su edad también parecía tener aire de buen guerrero.

Un Hombre blandiendo un mandoble de acero se encontraba parado en el campo de batalla. Medía unos cuantos centímetros más que Kisho y su cuerpo se encontraba bastante más trabajado que el del rubio. - ¿Un Koslov? ¿Qué pasó? ¿Tus padres no te quisieron pagar la inscripción y por eso estás con nosotros los plebeyos? ¿O te escapaste de tu casa? Jajajajajajja – rió el hombre al ver llegar al rubio, haciendo gracia del apellido y renombre de su familia. – Me llamo Kisho, y espero que me recuerdes por ese nombre. – sentenció el rubio al estirar su diestra, haciendo que el escudo que tenía en su espalda se desplazara de forma rápida hacia su ante brazo.

La moneda giró y finalmente fue detenida por el guardia que se encontraba organizando aquella arena. — Les ha tocado la cara de los dos guerreros luchando desarmados. Por lo que... — A mi no me interesa lo que tengas para decir. Esto es una preparación para la guerra, y lucharé como me dé la gana. — gritó el hombre interrumpiendo al guardia. Levantó su mandoble por sobre su cabeza y dio un potente salto en dirección al rubio para bajar su espada con una sentencia de victoria sobre el joven. El rubio abrió sus ojos de par a par al ver aquel movimiento, y en un acto reflejo levantó su escudo y lo dispuso de forma diagonal al tajo que aquel hombre había efectuado. Dado el ángulo en el que bloqueó el golpe, la espada de aquel hombre pelado y barbudo continuó su trayectoria paralela al escudo y se desvió a un costado, dando un potente golpe al suelo a los pies del rubio, haciendo incluso levantar algunos pedazos de tierra y abundante polvo. [La fuerza de este hombre es descomunal. Si en vez de bloquear en diagonal hubiese bloqueado de forma horizontal, tal vez hubiese roto mi defensa y me habría llevado un buen golpe. Pero ahora es mi oportunidad.] razonó con la velocidad de un relámpago al contemplar como la espada de su oponente se clavaba en el suelo.
Pisó de forma rápida la espada de aquel hombre para que no pudiese levantarla, y con la determinación de un leopardo que salta sobre su presa, propinó un fuerte puñetazo con su mano izquierda directamente al mentón de aquel hombre curtido por la batalla.

El hombre recibió el golpe y tuvo que hacer su rostro a un lado por la potencia del mismo, sin embargo, aprovechó ese momento para lanzar un potente golpe con su diestra al rostro del rubio, quien parecía confiado por haber alcanzado a su oponente. La titánica mano del bárbaro impactó contra el rubio, haciendo a este dar dos pasos hacia atrás tambaleando, y antes de que pudiese recuperarse del mareo que sentía, el hombre lanzó un potente golpe con su espada en sentido vertical hacia el costado izquierdo del rubio. El ojiazul, víctima de la adrenalina giró su cuerpo y utilizó su escudo para cubrir aquel golpe, pero fue tal la magnitud de aquel que su cuerpo se vio despedido dos metros hacia atrás, siguiendo la trayectoria de la espada, hasta que su espalda acarició el suelo para frenar su movimiento. – La gente de tu estatus social jamás podrá derrotar a alguien como yo. ¿Qué sabes de tener que luchar por tu vida? ¿Qué sabes de ser forjado por la vida? ¿Qué sabrá alguien que siempre tuvo la vida fácil, lo que se siente tener que proteger a las personas que te necesitan? – bramó con ímpetu el gigantesco hombre, y fueron aquellas últimas palabras las que despertaron el odio dentro del rubio.
Flexionó sus piernas y las llevó al pecho para luego impulsarse hacia arriba y ponerse de pie de forma brusca. Emprendió corrida hacia su oponente sin exclamar palabra alguna, y cuando se encontraba a mitad de camino pasó su brazo izquierdo bajo el derecho y luego volvió a estirarlo, haciendo que su escudo se dividiese en dos discos que llevaban una media luna cada uno. Estiró su diestra de forma rápida y lanzó uno de los discos hacia su oponente, en cuyos labios se dibujó una sonrisa de confianza. Bastó simplemente que hiciera su cabeza a un lado para esquivar el disco y a continuación volvió a levantar su espada sobre su cabeza para dar un gran paso hacia adelante y bajarla con gran potencia sobre la figura del rubio. El ojiazul cerró su puño derecho e hizo un brusco movimiento con su brazo derecho al flexionarlo hacia atrás, y fue en ese instante que el disco que aquel hombre había esquivado se detuvo en el aire y emprendió velozmente viaje hacia la mano del rubio. Al mismo tiempo, movió de forma rápida su mano izquierda para golpear la espada con su disco y giró su cuerpo, de forma que el golpe de la espada se vio ligeramente desviado hacia el costado derecho del rubio y al girar este su cuerpo, pudo esquivar nuevamente el golpe que terminó por impactar al suelo.

– No podrás hacer el mismo truco dos veces. – exclamó el enorme hombre, sin embargo, en ese instante el disco del rubio que ya había esquivado hacia segundos impactó contra su nuca, al recorrer la trayectoria directa hacia la diestra del joven. De forma instantánea, el rubio propinó un fuerte golpe pero ahora con su disco, el cual impactó contra la mandíbula del bárbaro y lo forzó a soltar la espada para dar dos pasos hacia atrás. El disco que había golpeado la nuca de su oponente terminó de encontrar su trayectoria hacia la mano del rubio, y este volvió a lanzarlo hacia aquel hombre, que ahora se encontraba desarmado. El disco golpeó el pecho del hombre y a continuación lanzó el disco de su mano izquierda, el cual impactó contra su rodilla derecha. Ambos discos volvieron a destiempo a las manos del rubio, quien saltó en dirección al bárbaro y giró sobre su propio eje en el aire, juntando sus dos manos en medio del giro para volver a juntar los dos discos y terminar el giro lanzando el escudo completo, que con el doble de peso, impactó el rostro de aquel hombre que se encontraba inmovilizado por el golpe en su rodilla, haciéndolo caer de forma estrepitosa al suelo.

Estiró su mano en dirección al escudo y este volvió a su diestra. – Alexley Koslov, la magia no estaba permitida en este combate. – exclamó el organizador acercándose a él. – No soy mago. Eso que llamas magia no lo hice yo, era magia intrínseca de mi arma, por lo cual, forma parte de la misma. Además, “esto es una preparación para la guerra, y lucharé como me dé la gana”. – sentenció con un deje de gracia en su voz, algo entrecortada por su agitada respiración. El organizador perdió el habla, y sin dar objeción ni felicitaciones, simplemente se limitó a anotar en su libreta quien había sido el vencedor, mientras el rubio se daba media vuelta y volvía a la arena en la que se encontraba en un principio, esperando llegar a tiempo para ver el desenlace de la batalla que se encontraría llevando a cabo el hombre de la armadura contra sus tres pretendientes. [No comprendo, ¿Qué tienen que demostrar? ¿Por qué luchan?... ¿Cuál es el sentido de luchar sin un propósito?] murmuró para sus adentros a medida que avanzaba entre la gente, observando por el rabillo de su ojo las contiendas. [Orgullo.] respondió una voz gutural dentro de su cabeza, la cual lo petrificó.

La muchacha de cabellos azabache volvió a observar a Kisho entre los participantes, y se acercó a oídos del señor feudal para susurrarle algunas palabras. Aquel asintió y les dirigió la palabra a algunos guardias cercanos.
Fue cuestión de minutos antes de que dos de los guardias del lugar se acercasen a Kisho. – Alexley, necesitamos que nos siga. – el rubio no opuso resistencia por lo que caminó junto a los guaridas, y pasados unos minutos llegaron a la puerta de una habitación. Abrieron la misma y el rubio se adentró en aquella habitación de tenue iluminación. Frente a él había un escritorio en el cual se encontraba sentado aquel hombre de ojos marfil, con su inquietante y siniestra sonrisa. Los ojos de aquel brillaron de una intensa tonalidad blanca, al mismo tiempo que los tatuajes que bajaban por su brazo derecho.

– Ohhh, Kisho, Kishin, Alexley… tengo una buena noticia y una mala para ti. La buena, es que se dónde está tu amada Umi, esa por la que tantos kilómetros y años has vagado. – murmuró clavando aquella demencial mirada en el rubio, que no pudo evitar abrir de par a par sus ojos ante la noticia…


Spoiler:
Perdón Rei que no te nombré en todo el post. Es que ya lo tenía hecho antes de que postaras. XDDD
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kyrios Spatha el Lun Mayo 26, 2014 7:13 pm

Después de lanzar tan salvaje desafío, sólo era una cuestión de tiempo que alguien recogiese el guante y se abalanzase sobre él. Al menos, eso esperaba. Sin embargo, las primeras reacciones fueron de todo menos agresivas... Pudo ver sorpresa, dudas, miedo, pero no parecía que ninguno de ellos tuviese lo que había que tener para enfrentarse a él. Algunos, sin embargo, tenían agallas para burlarse. Sir Lancelot, le llamó.

Su mirada fue tranquila, pero sólo una sonrisa se dibujó en su rostro. Pelirrojo y con una evidente falta de miedo. No pudo evitar pensar que le hubiese gustado enfrentarse a él, pero este no había decidido dar el paso, así que tendría que esperar... Lo que no significaba, por suerte, que eso fuese universal: Poco después de las primeras deserciones, dudas y retiradas los primeros contendientes empezaron a surgir y, cuando lo hicieron, su mirada se deslizó de uno a otro, analizándolos, estudiándolos.  Parecían razonablemente fuertes, al menos, si juzgaba únicamente sus pintas, pero parecía evidente que no se consideraban a sí mismo lo suficiente para poder enfrentarse a él de igual a igual, de lo contrario, no se habrían situado los tres al mismo tiempo ante él.

Sonrió. Tanto mejor. Era un experto en las lides del combate: A esas alturas, un enemigo, un batallón, un regimiento... Era indiferente. Los derrotaría a todos y cada uno de ellos y continuaría su camino, acabaría con esa guerra antes siquiera de darle la oportunidad de empezar y aseguraría que las gentes de aquel pueblo pudiesen seguir con sus vidas sin verse perturbados por los caprichos de un necio. Pero estaba adelantando acontecimientos. Primero tenía que vencer.

Los tres tipos no tardaron en rodearlo. Inteligente. Ganarle la espalda era una táctica bastante eficiente, teniendo en cuenta que posiblemente ninguno de los ataques provinientes del frente fuesen a ser capaces de atravesar su escudo, pero también se estaban dispersando, lo que significaba que podría eliminarlos uno por uno...  En cualquier caso, imperaba tratar de reconocer los puntos débiles: Uno de ellos era impresionantemente fuerte, pero blandía un arma incómoda de utilizar, pesada. De todos modos su principal inconveniente era también su fuerza: El alcance de esa cosa sería impresionante y, aunque no fuese lo bastante rápido para asestarle un impacto directo, probablemente tampoco lo necesitase.  Si conseguía acertarle, aún si sólo era en el escudo, podría dejarlo aturdido durante el tiempo necesario para darle a los demás la oportunidad de rodearlo.  Respecto a los otros... El segundo de ellos era un tipo. Ágil, probablemente, llevaba dos Katanas. Eso implicaba que no tendría demasiada fuerza de carga, pero su velocidad posiblemente fuese atroz, aunque debería ser fácil desarmarlo, al menos, en combate singular. Con cómo estaban las cosas, sin embargo, no iba a ser tan fácil: En lo que lidiaba con sus espadas podría abrir la guardia para el tipo del martillo, y tampoco le acababa de hacer gracia la tercera contendiente en liza... Una mujer.

... Dioses, eso era lo más desagradable de todo. No es que no fuese capaz de combatir contra una mujer, pero lo detestaba. Siempre lo había visto como una falta al honor. Se suponía que era el trabajo de los hombres, el suyo especialmente, proteger a las mujeres, pero si una cosa estaba clara es que si no la derrotaba él, ella no se cortaría en lanzar un ataque devastador. Había entrenado lo bastante con Katria para saber que la caballerosidad exacerbada no tenía lugar en el campo de batalla, así que, por poco que le gustase, tendría que combatirla. Tenía una figura hermosa, flexible... Debería ser capaz de esquivar sus ataques con facilidad, y su arma le daría el alcance que necesitaba para que no pudiese acercarse a su posición más cómoda, el cuerpo a cuerpo. Pero el hecho de ser un arma de asta implicaba, también, una necesidad de destreza mayor, si podía desviar la punta sería fácil dejarla vulnerable. De nuevo, era más sencillo decirlo que hacerlo, especialmente con esos tres.

Qué remedio...


- ... Ya tardabais. Bien, ¿a qué estáis esperando? Que empiece el combate. Nadie más va a sumarse a este baile...


Y, con esas palabras, movió la espada con la muñeca, ejecutando un giro, un movimiento estúpido, una floritura. Sabía que significaba abrir la guardia y, por suerte, mordieron el cebo. Tan pronto su espada se movió, pudo sentir el movimiento a su espalda y apenas sí tuvo tiempo de ejecutar una finta hacia el lateral antes de que el martillo se estrellase en el suelo, justo donde él había estado un segundo atrás. La fuerza del golpe fue lo bastante salvaje para abrir una grieta en el suelo, pero eso también provocó que el gigante tuviese problemas para recuperar la postura, algo que habría sido una oportunidad de oro para destrozarlo... Si no hubiese estado su compañero para apoyarlo. No le dieron tiempo de respirar. Las dos Katanas se toparon contra el metal de su escudo y Kyrios empezó a retroceder en una sinfonía de golpes, evasiones y bloqueos.   No sería fuerte, pero no le faltaba velocidad.  Pero no tardaría en cansarse.  Pareció que tenía una oportunidad para penetrar su guardia con una estocada después de usar el escudo para desequilibrarlo, pero el del martillo volvió de nuevo, esta vez con un golpe horizontal que tuvo que esquivar con una voltereta por el suelo, acabando con la rodilla en tierra. Apenas sí pudo recuperarse a tiempo de interponer la espada para desviar la lanza de la señorita... Y para llevarse un rodillazo en el rostro que lo hizo salir hacia atrás.  De no ser por su yelmo, aquello habría dolido.

... Impresionante. No parecía que se hubiesen conocido allí. Tal coordinación...  Pero no había tiempo para divagaciones. Se levantó rápidamente y esta vez de nuevo interpuso el escudo ante el primer golpe de la Katana. Esta vez atacaron en tándem. Una lluvia de lanzazos y estocadas fueron lanzadas contra él desde todos los ángulos, pero lo peor estaba por llegar: Más atrás... Le llevaban a una trampa. Donde el tipo del martillo. Si permitía que consiguiesen lo que pretendían, iba a sufrir mucho daño, y no podía consentirlo.

Así pues, se acabaron los juegos.

Esta vez no hubo bloqueo en las Katanas. Lejos de ello, estas describieron un semicírculo en el aire mientras Kyrios se agachaba, el penacho de su yelmo apenas acariciando la hoja afilada. Eso no lo esperaba. El oponente quedó abierto. Se dio cuenta. Intentó reaccionar.

Muy tarde.

Desde su posición agachada, el puñetazo fue tan salvaje que retumbó en toda la arena. El puño incrustándose en la boca del estómago del tipo de las Katanas dejó escapar un sonido de crujir de huesos, no sólo por la significativa fuerza tras el puño, también por la armadura que cubría la mano de carne y hueso. Durante un instante parecía que el tiempo se hubiese detenido mientras Kyrios empezaba a recuperar la postura, disparándose hacia arriba al estirar las piernas de golpe. El primero había sido eliminado. Giró un par de veces en el aire, volteó y cayó detrás de su compañera, roto... El Uppercut de Kyrios había sido lo bastante salvaje para matar a un hombre menor, pero aquel sobreviviría.  El objetivo de aquel combate no era la muerte, ni la humillación del oponente. Sólo la derrota.

Sin perder ripio, enfurecido por la caída de su compañero, la lancera se lanzó contra el elegido, pero sus golpes no encontraron otra cosa que su espada antes de que Kyrios girase y, volteándola por encima de su espalda, la derribase, tirándola al suelo en una proyección que recordaba a una maniobra de Judo. Esta misma maniobra fue la que Kyrios aprovechó para, utilizando el impulso ganado, rodar por el suelo...

El martillo se estrelló, pero no halló su objetivo. Lo habría hecho, si el escudo no hubiese golpeado la cabeza del mismo en el último instante. De nuevo, este golpeó la tierra, casi se incrustó pero, para cuando lo hizo, Kyrios ya había saltado, lanzando un poderoso directo contra la mandíbula de su enemigo, con la potencia suficiente para hacerle girar sobre sí mismo. Pero no bastaría con eso para derrotarle, y lo sabía. Un golpe de escudo, un espadazo, una patada... Kyrios se convirtió en una tempestad de golpes por todo el cuerpo del oponente, dejando que todo su cuerpo se moviese al unísono. Y sólo cuando el martillo cayó, su oponente tambaleándose, supo que había vencido.

Se dio la vuelta, para ir hacia la dama. Pero entonces, antes de hacerlo, sonrió. No. Sería arriesgado.


- ... Cuanto más grandes son... Mayor es la caída.


Y su escudo se estrelló en la cara del tipo, mandándolo hacia atrás. Pragmatismo puro. Quizá no hubiese sido necesario, pero era mejor dejarlo inconsciente que darle la oportunidad de recuperarse. Y así, tomando su espada, caminando con tranquilidad, anduvo hacia la mujer de la lanza, quien trataba de recuperar su arma del suelo. Muy tarde. Para cuando quiso hacerlo, su pie ya estaba sobre el asta del arma y Kyrios mirándola tranquilamente, su espada en el cuello.


- Hazte un favor a ti misma, princesa... No luches una batalla que no puedes ganar. No merece la pena sufrir más daños en un combate que ya se ha decidido.


Pudo ver la mirada en sus ojos. Era de rabia, de molestia pero, finalmente, lo fue de resignación. La lanza fue soltada y Kyrios la empujó hacia atrás, apartándola de su dueña. Y ahora que el combate había sido decidido, podía ser lo que era. Un caballero.


- Una elección sabia.  Ven. Os ayudaré a salir de la arena.


Y, ni corto ni perezoso, la ayudó a levantarse. Ambos anduvieron después hacia el tipo de las Katanas, y también a él lo levantó... En cuanto al gigantón... Era fuerte, pero tenía sus límites. Tuvo que pedir ayuda y, por suerte, la consiguió rápido. Mientras todos ellos abandonaban la arena y él entregaba a los caídos a la guardia para que las llevasen a donde debían ser tratados, sus ojos no dejaron de mirar más arriba, al señor feudal.  Sus ojos se clavaron en él y, a modo de desafío, lo señaló con su espada, un segundo antes de envainar esta.  ESO era honor, parecía decir. Y sus actos hablaban más que cualquier discurso.

Había demostrado lo que había ido a demostrar.  Ahora sólo quedaba ver cuál sería su siguiente contendiente... O ver cómo le iba al resto.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ragnar el Mar Mayo 27, 2014 4:22 pm

Finalizada la pelea y de camino a la enfermería, un intercambio de gélidas miradas con el rubio enmascarado, que de forma amistosa saludó a un tonto en la taberna, tomó lugar ni bien Ragnar puso un pie fuera de la arena. *Tiene pinta de buen luchador*. Pensó luego de intercambiar miradas.
Al alejarse un poco, y pasando cerca de una de las arenas, donde un sujeto con armadura estaba retando a todos, un sujeto se le acercó. *Soy uno de los médicos encargados, déjame revisar tus heridas*. Dijo este tipo de entre unos treinta y tantos años de corto cabello negro. Tras una leve revisión, este medico hizo unos hechizos que curaron las superficiales heridas de Ragnar, y este apenas dando las gracias no pudo evitar acercarse a la arena donde este supuesto caballero con armadura se encontraba.
*Esa postura, esa voz y ese físico*. Pensaba el encapuchado rubio mientras intentaba recordar donde lo había visto. *El que estaba con las dos prostitutas mas empedernidas de todo Hosenka ayer en la taberna*. se dijo en sus pensamientos cuando logró recordarlo. *Ni los dioses sabrán cuanto le habrán robado mientras dormía si se acostó con ellas*. Se mofaba el rubio en sus pensamientos, aunque como siempre, gélido en sus expresiones.

*Arrogante y bastante idiota*. murmuró Ragnar, casi inaudible, mientras observaba y escuchaba lo que ese tipo hacía y decía mientras de forma bastante ostentosa se movía y luchaba contra sus tres oponentes. Algo de habilidad tenía el sujeto, pero su evidente necesidad de llamar la atención y verse varonil arruinaba cualquier intento de elogio hacia el sujeto.

La pelea del sujeto con armadura terminó con los dos hombres que tenía como oponente tirados en el suelo, inconscientes, y con la mujer rendida tras ese inútil despliegue de caballerosidad en el que incitó a la chica a rendirse diciendo que el combate estaba decidido.
*¿Así que nadie mas se va a sumar a este baile?*. Se dijo Ragnar mientras caminaba hacia la arena mientras el sujeto con armadura se disponía a ayudar a los que estaban inconscientes.
La mirada fija el el espadachín, desafiante, incitándolo a otra pelea, solo que esta sería algo diferente. *Me sumo al baile*. Dijo el encapuchado con sus brazos cruzados desafiando con la mirada al caballero. *Supongo que alguien que se cree un caballero no huiría a un desafío*.
Ragnar quería luchar contra este. *No me interesa que uses espada*. *¿Aceptas?...... ¿O te retiras?*.
Ragnar quería un desafío, una pelea interesante, algo que valiera la pena. Esperaba encontrarlo con este sujeto. Solo quedaba la reacción del caballero.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kyrios Spatha el Miér Mayo 28, 2014 5:12 pm

Debía admitirlo, ese lugar tenía médicos dedicados. Tanto mejor.

Sacar de aquel campo de batalla a los oponentes caídos era lo mínimo que se esperaba de un guerrero: Si aquello fuese un campo de batalla "auténtico", él mismo se habría encargado de darles propia sepultura a los cadáveres de sus víctimas pero, por fortuna, las cosas no habían degenerado hasta tal punto. Los médicos que se llevaron a sus contrincantes lo miraron con preocupación, pero él simplemente asintió con la cabeza, asegurándoles que nada tenían que temer por su salud: Podía ser un guerrero poderoso, pero no mataría a nadie a menos que las circunstancias obligasen a ello, claramente, aquel no era uno de estos casos, así que se limitaría a derribarlos usando únicamente la fuerza justa. Aunque no podía negar que, de cuando en cuando, su pasión por el combate le hacía llegar más lejos de lo que sería conveniente. Tendría que controlarse un poco para que aquello no ocurriese, o habría mucho más que lamentar que unos pocos moratones o algún que otro hueso roto.

En cualquier caso, una vez se hubo decidido el destino de sus oponentes, Kyrios quedaba libre para continuar con su desafío o largarse de allí. Lo segundo hubiese sido una opción interesante, cuando menos: No es que estuviese precisamente cansado, pero quería asegurarse de ver cómo transcurrían las batallas siguientes para analizar dónde se encontrarían las verdaderas amenazas. Había visto cierto nivel allí, mucho entusiasmo pero, por el momento, nada más que críos que en la vida habrían estado en una pelea de verdad, por supuesto, ninguno de ellos habría derramado jamás la sangre, ni siquiera de una bestia, algo en lo que él les llevaba mucha ventaja.  Pero el problema no era ese, por sí mismo, sino el hecho de que estaban compitiendo para meterse en una guerra en la que no les iban a tratar con los guantes de niño... En el campo de batalla, nadie les daría deferencia por ser críos: Los matarían antes, de hecho, aunque sólo fuese por desmoralizar al ejército enemigo. Y si este estaba constituído puramente de gente sin la menor experiencia en batalla, era lo más probable que la mitad que no fuese asesinada saliese corriendo con el rabo entre las piernas lo que, por supuesto, no conseguiría más que darles una muerte más ignominiosa todavía, una muerte de cobardes incluso si realmente era la única opción.

Tsk... Le daba pena. Pero, sobre todo, le molestaba la impasividad del señor de Hosenka. Pero él sólo era un guerrero, de momento. Ya le cuestionaría más adelante, cuando su vida dependiese de que su espada le protegiese y no le quedase otra opción más que capitular.  Pero, por supuesto, todos sus planes se vieron truncados cuando escuchó una voz más allá.  Estuvo a punto de reírse ante semejante bravata pero, en su lugar, se giró para ver que quien había ante él no era más que un crío... Uno que, además, no tenía ni la menor idea de con quién hablaba. Aunque con agallas, eso tenía que admitirlo.

De todos modos, lo analizó. Miró a su oponente y luego se miró a sí mismo, girando la espada, empezando a caminar en círculo... El reto que planteaba era interesante, pero no estaba muy seguro de que el crío supiese dónde se estaba metiendo. Era un error común, pero eso no cambiaba el hecho de que él se sentiría mal si se aprovechase de la inconsciencia de semejante insensato. Casi con una mezcla de incredulidad y resignación, Kyrios volvió a mirar su equipo, y al chico de nuevo. Repitió esto un par de veces. Hasta que, al final, sólo lanzó una pregunta.


- ... ¿Qué edad tienes, chico? No tienes pinta de idiota, ni de deforme, desde luego no tienes el porte de alguien que ha recibido los bastantes golpes en la cabeza para perder completamente el juicio, ni pareces lo bastante mayor para tener idea de cómo se siente estar con una mujer, así que tengo que preguntarte... ¿Qué demonios crees que conseguirás con esto? No me malentiendas, las mujeres adoran las cicatrices en un hombre y parece evidente que estás necesitado de cariño pero... Imagino que preferirías salir de aquí andando por tu propio pie en vez de en camilla... Puro pragmatismo.  A nadie le gustan los lisiados.


Aunque las palabras escogidas podían ser bastante hirientes (desde luego, él no era la clase de hombre que daba rodeos), el tono que había expresado era tranquilo, siendo una pregunta completamente honesta. Estaba convencido de lo que decía. No quería insultar la habilidad del chico, tenía que ser medianamente bueno para haber llegado hasta allí... Pero también lo habían hecho los tres que había derrotado no hacía ni un minuto atrás. ¿Qué le haría pensar que, de enfrentarse a él, no correría la misma suerte? Pensar que su espada era lo único que le definía era, cuando menos, absurdo... Pero en fin... Si conseguía disuadirlo de hacer una estupidez con palabras, igual el chico vivía lo suficiente intacto como para poder perder su virginidad con una de las hermosas señoritas de esa ciudad.  Era una buena opción. Claro que, si insistía, no quedaría más remedio que someterlo a la fuerza.

Dios, cómo odiaba esas cosas a veces...

En cualquier caso, se quedó mirando al chico con una expresión tranquila. No es que fuera, precisamente, de los que fallaban a la hora de "romper" al rival a base de hablar, así que si la jugada tenía éxito podrían solucionar todo aquello con un simple apretón de manos y luego, cuando esa estupidez hubiese acabado, podría llevarse al chico con él para enseñarle cómo debía tratar a las mujeres, consiguiendo para él la experiencia que resultaba evidente que le faltaba. Si no, las cosas se iban a complicar. Más para el chico que para él, claro, pero eso era lo que le estaba avisando. Si pensaba que combatir sin su espada cambiaría en algo el resultado, es que no estaba prestando atención... O que era un pobre necio. No estaba seguro.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kyrios Spatha el Vie Mayo 30, 2014 11:26 am

La falta de respuesta del muchacho no era algo que tranquilizase demasiado a Kyrios, sino más bien todo lo contrario.

Ignoraba si se debía a que estaba preparando algo (bien cabía esa posibilidad) o si simplemente estaba considerando que quizá no fuese la mejor idea el enfrentarse a él en aquellas circunstancias, pero en cualquier caso lo que resultaba evidente era que una vez había saltado a la arena no había demasiado lugar para las palabras. Aunque él fuese un hombre de honor,  no podía decir lo mismo de todos los presentes en aquella arena, y el chico les había dado una oportunidad de oro para atacarle por la espalda, algo que estaba seguro que alguno de ellos no tardaría apenas un instante en hacer.  Pero en fin, mientras se lo pensaba, él podía dedicarse a otra cosa: El desafío del muchacho parecía haber llamado la atención de otros tipos que también parecían interesados en ver hasta qué punto podían debilitarlo.  Concretamente, el que apareció por uno de los laterales del terreno parecía la clase de hombre a los que le gustaba demasiado tomarse la oportunidad de lanzar un ataque por la espalda como para no aprovechar semejante oportunidad, así que Kyrios tuvo que suspirar tranquilamente mientras veía a aquel tipo moverse con intenciones claramente poco sanas hacia el muchacho.  

Joder… Lo que él decía. Críos.


- Discúlpame por esto, chaval…


Quizá le fuese a doler en el orgullo, pero iba a ser mejor para él que permitir que el otro tipo le atacase por la espalda: Kyrios se abalanzó hacia el chico, con el escudo y la espada en ristre pero, en vez de atacarlo a él, se limitó a empujarlo con el escudo hacia un lado, apartándolo del camino de un ataque que le habría dado de lleno, posiblemente en la nuca. Las chispas no tardaron en saltar cuando la espada de Kyrios encontró el filo de aquellas peculiares armas, que asemejaban garras adheridas a unos guanteletes en los brazos del atacante… Aunque antes se había podido fijar más o menos en su aspecto, ahora podía verlo claramente: Tenía las pintas de una araña, vestido con cuero, ropas ligeras y oscuras, lo bastante ceñidas al cuerpo como para ocultar la mayor parte de las facciones del tipo. Lo más inquietante, sin embargo, era el hecho de que donde debían estar sus ojos había una tira de cuero tan apretada que prácticamente podía ver los vasos sanguíneos dibujándose en la piel del tipo, más allá del rostro de este.  No tenía ni la menor idea de cómo cojones sería capaz de ver ese tipo, si es que podía, pero aquella forma de moverse resultaba bastante antinatural.  No era momento de análisis demasiado sesudos.  Él tenía una espada, pero su enemigo tenía dos Katares, y todo el tiempo que no estuviese combatiendo contra él era una oportunidad más para permitirle atacar con la mano libre, así que en vez de eso Kyrios trató de lanzar un puñetazo al abdomen del tipo con la mano del escudo… Que falló por completo cuando el ciego esquivó hacia atrás con una voltereta, quedando a cuatro patas en el suelo, justo como el animal que le había dado la primera impresión de ser.

… No sabía por qué, pero le daba la impresión de que iba a DETESTAR enfrentarse a ese tipejo. Era rápido, ágil y, por lo que había podido ver en su breve bloqueo, lo bastante fuerte como para no poder tomarlo a la ligera. Mientras tanto, él era mucho más fuerte (probablemente) y tenía mucha mayor capacidad de protección que el tipo, pero eso también significaba que su movilidad estaba bastante más reducida, al menos, si no tenía en cuenta las habilidades que, de momento, prefería no mostrar a nadie. Cuanto más tiempo pensasen aquellos tipos que su entrenamiento militar, equipamiento y poderío físico era la mejor  y quizá única de sus armas,  más dificultades tendrían para ser capaces de sobreponerse a ellas cuando finalmente las demostrase.  Era de vital importancia estratégica, por tanto, que mantuviese la discreción el máximo tiempo posible, aunque tenía que admitir que cuanto más combatía contra aquellos tipos más se daba cuenta de que llegaría el momento en que tendría que activar sus habilidades… Sólo esperaba que cuando eso ocurriese ya fuese demasiado tarde para darles la oportunidad de responder a sus envites, aunque no pensaba apostar su vida en ello, eso lo tenía más claro que el agua.

En cualquier caso, ahora que había salvado al muchacho poco podía hacer más que combatir con el tipo que había intentado matarlo por la espalda… No hacerlo significaría no sólo faltar a un desafío, sino que también permitiría al tipo una apertura para atacar al crío nuevamente, incluso podía saldarse con su descalificación si el “jurado” interpretaba que eso significaba que se había rendido. En otras palabras, ahora que había metido el pie en las arenas movedizas no le quedaba más remedio que tratar de alcanzar la liana antes de que acabasen tragándoselo por completo.  Sí, era algo que le pasaba mucho, pero en fin… De lo perdido saca lo que puedas, solía decirse y, por fortuna, era lo bastante bueno para vencer.  De todos modos no pudo evitar lanzarle una mirada al chico antes de, una vez más,  lanzarse contra el tipo… Aunque no habló, sus ojos parecían decir algo muy similar a “Las cosas que tengo que hacer por vosotros”. En otras palabras, otro motivo más para que el chaval se cabrease con él luego, pero … ¿Qué iba a hacerle?, nunca había sido el tipo de persona capaz de esconder lo que sentía durante demasiado tiempo y, debía admitir, ahora no tenía tampoco particulares ganas de hacerlo… Pero en fin…


- Está bien, araña… Vamos a acabar con esto…


Tras esas palabras, dichas para sí mismo, Kyrios se lanzó al combate. No podía adivinar cómo reaccionaría aquel enemigo, pues era la primera vez que se enfrentaba a esa clase de oponente, pero si había un factor común a todos los enemigos excesivamente ágiles a los que se había enfrentado este era que podían moverse y esquivarle durante bastante tiempo, sin embargo, esto acababa agotándolos, dejándolos vulnerables para cuando quisiese lanzarles un último envite que acabase sentenciando la pelea.  Por el modo en que parecían estar construidas sus armas, resultaba evidente que no podrían estrellarse demasiadas veces contra su escudo o armadura antes de acabar completamente destrozadas y, teóricamente, sin sus armas el enemigo debería ser muchísimo más fácil de derrotar, sin embargo, tampoco podía estar seguro de que careciese de aptitudes mágicas, es más, casi podía asegurar que algún tipo de magia debía estar respaldándolo pues, de lo contrario, resultaba difícil imaginar cómo podía moverse tan hábilmente sin la capacidad de usar sus ojos. Había escuchado hablar de gente con el suficiente entrenamiento sobre sus sentidos como para ser capaz de combatir con eficacia en base a uno solo de ellos, como el oído, el tacto, algunos incluso desdeñaban todos ellos y en su lugar se aprovechaban del tan cacareado “sexto sentido”, una especie de intuición mística para suplir sus carencias, pero dudaba muchísimo que tuviese la tremenda mala suerte de haberse encontrado, precisamente, con uno de esos elementos.  Tampoco es como si tuviese muchas opciones de adivinarlo sólo por el modo en que se movía, sin embargo, así que le iba a tocar descubrirlo por las malas, luchando contra él y viendo a ver qué pasaba.

Qué curioso… No solía pensar tanto. Eso debía estarle afectando. O quizá estuviese emocionado, no lo sabía.

En cualquier caso, cuando el ataque llegó fue devastador: Su espada dibujó un semicírculo en el aire para golpear verticalmente a su enemigo, pero en vez de bloquear el ataque o recibirlo, este se deslizó por la arena y por entre sus piernas, ganándole la espalda de una forma que no dejaba más que lugar a la preocupación, más aún cuando sintió las piernas del tipo rodear su cintura y a este subírsele a la espalda, preparando sus garras para clavarse en el cuello del guerrero. Joder, con eso no contaba, resultaba que el tipo no sólo era  rápido y ágil, sino además estaba como una maldita cabra… En cualquier caso, su expresión de sorpresa se vio rápidamente reemplazada y su mano agarró al tipo, lanzándolo al suelo de un solo movimiento antes de que pudiese alcanzar su objetivo.  Le siguió un feroz puñetazo que, nuevamente, sólo encontró arena en su camino, pues el enemigo volvió a hacerse una bola rodando hasta alejarse lo suficiente de él, acabando el movimiento en una posición que recordaba demasiado a… No tenía ni puta idea, pero no le gustaba lo más mínimo.  La forma más sencilla de describirlo sería diciendo que estaba apoyado sobre las puntas de los dedos de los pies y sus garras, con el cuerpo en completa horizontal levantado sobre la arena, su cabeza encarándolo. Desde su posición pudo oír los sonidos siseantes, casi orgásmicos, de la voz del tipo encerrada bajo la mordaza.


“… ¿De dónde cojones te has escapado tú?”


Apenas tuvo tiempo de hacerse esa pregunta y el tipo ya estaba, nuevamente, lanzándose al ataque, caminando como una especie de artrópodo hacia él, mucho más rápido de lo que nadie en esa posición debería, qué cuernos, mucho más rápido de lo que había visto a nadie moverse en mucho tiempo.  Kyrios sólo pudo empezar a retroceder, poco a poco, mientras cada vez había menos distancia entre ellos, hasta que sus nervios fueron demasiado grandes para seguir haciéndolo. Lanzó el escudo al aire…


- ¡Que te den!


Fue devastador. En vez de lanzar un golpe con su espada, Kyrios saltó en el aire y, mientras caía, se preparó… El tipo alzó las garras, esperando bloquear un ataque con su arma, pero lo que encontró en vez de eso fue la sombra del escudo, agarrado por Kyrios con ambas manos.  El “clonc” metálico que se escuchó habría bastado para que más de uno se llevase las manos al cuerpo en señal de dolor, pero quien más debió sentirlo fue el tipo…  Era un golpe poco elegante, improvisado sobre la marcha pero, efectivamente, Kyrios lo había hecho, lanzando un golpe descendente con la superficie del escudo contra su víctima que, cuando lo levantó, estaba aplastado contra él mismo hasta tal punto que apenas sí podía moverse.  Pero Kyrios jadeaba pesadamente al verlo. Maldito bicho raro…


- Insecto eres…  En mancha en el suelo te convertirás. O algo así.



Aunque el combate se había acabado ya, el tipejo seguía moviéndose. Maldita sea, tenía más vitalidad que una cucaracha… Pero, por fortuna, un segundo golpe de escudo, esta vez a la cabeza, puso fin a la charada.  Cualquiera podría haber dicho, a juzgar por el sonido que produjo el golpe, que debía ser la una pero, personalmente, Kyrios estaba demasiado preocupado, viendo cómo se lo llevaban, para prestarle la menor atención. En vez de eso, recuperó el aliento y, sólo cuando lo hizo, se giró hacia el muchacho nuevamente.


- Bueno… ¿Qué? ¿Sigues queriendo pelear conmigo, o prefieres que nos tomemos un descanso?


La verdad, prefería lo segundo, pero tampoco podía contar con que fuese a escoger esa opción.  Malditos críos, y malditos bichos raros…


"Es oficial: ODIO a las putas arañas..."



FDI:


Ragnar, como han pasado las 48 horas de tu último post he posteado otra vez, espero que no te importe.  De todos modos, aclaro que el empujón de escudo no debe haberte hecho ningún daño, era simplemente para apartarte del ataque. Si ves algún problema con el post, informame y nos ponemos de acuerdo en cómo cambiarlo, gracias ^^
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ragnar el Vie Mayo 30, 2014 4:09 pm

La aparición de Ragnar captó la atención de mas de una persona fuera de la arena esperando para que comenzara el duelo entre el caballero y el encapuchado, que llegó desafiante al centro de la arena. El espadachín, en respuesta a las pocas palabras de Ragnar comenzó a estudiar al recién llegado, caminando en circulos, probablemente intentando comparar habilidades físicas ya que luego de cada vistazo a Ragnar se miraba a sí mismo, su escudo, su espada. *¿Y por que importaría mi edad?* Pensaba Ragnar mientras escuchaba el discurso del tipo que tenía enfrente. *Estar con mujeres no tiene cabida en esto* Se decía Ragnar mientras se dibujaba una pequeña sonrisa un tanto maléfica en su rostro, aunque algo imperceptible, al recordar con quienes lo había visto la noche anterior. *Que discurso mas inútil que esta dando este tipo..... Y todo por querer evitar una pelea en la que él mismo se metió al desafiar a todos*.

Que el espadachín comenzara una embestida para golpearlo con el escudo sorprendió a Ragnar de tal forma que lo único que pudo hacer fue saltar hacia un costado y utilizar sus brazos como resorte para amortiguar el golpe aunque, algo no estaba del todo bien.*¿Solamente me empuja?* Eso, y que no lo siguiese con su mirada desconcertó por un instante a Ragnar, que luego entendió al ver que un sujeto que utilizaba garras estaba detrás de él. *¿Así que quisiste atacarme por la espalda?* Se llenó de odio pensando en el recién llegado que, aparentemente, era ciego.
Ciego, Rápido, habilidoso y traicionero. Así aparentaba ser este tipo que a demás peleaba de una forma algo extraña de pelear.
El orgullo de artista marcial que Ragnar aún tenía hizo que este no se metiera en la pelea, sin importar cuanto quisiese romperle la cara a ese tipo vendado. De todas formas también sabía que en una pelea gana el que aprovecha las oportunidades, y por lo general los honestos y caballerosos eran los que terminaban en el suelo.
El ciego recién ingresado, por su vestimenta y extraña forma de pelear asemejaba, de cierta forma, a una araña, y su agilidad se asemejaba a la de una, ya que en cierto momento pasó entre las piernas de su oponente ganándole la espalda, algo que podría haber sido devastador ya que se le trepó encima para intentar sacar de combate al espadachín. Lo habría logrado de no ser porque el espadachín fue lo suficientemente rápido como para agarrarlo y lansarlo al suelo. *Espero que este espadachín pueda pelear después de esto* Era lo que Ragnar pensaba mientras observaba esta pelea.
Parecía una pelea entre dos sujetos bastante hábiles y cautelosos. Ningún movimiento extraño o sorprendente, bueno, eso fue hasta que el espadachín lanzó su escudo al aire. *¿Pero que mierda?* Dijo Ragnar casi inaudible para el resto de la gente mientras seguía el escudo con la vista que fue sujetado con ambas manos por el caballero que había saltado sobre su escudo.
Un golpe duro y bastante ortodoxo. Bastante útil  ya que ese tipo de movimientos suelen tomar al oponente por sorpresa debido al cambio de ritmo.
El arácnido ciego quedó inconsciente en el suelo luego del golpe, y el espadachín volvió su atención a Ragnar, que había quedado como un espectador mas, solo que todavía estaba en la arena. *Como artista marcial te doy las gracias por evitar que me atacaran por la espalda pero....... También como artista marcial y participante de esto te tomo la palabra y acepto tu desafío* Dijo Ragnar mientras se colocaba en la clásica posición de combate que había aprendido con su padre.
*Te dejo comenzar...... Si es que estas dispuesto* Ni siquiera Raganr podía recordar si había hablado tanto con alguien desde que se fue de su pueblo natal, pero eso no importaba, en este momento podía comenzar una pelea contra un aparentemente hábil guerrero.

Kyrios:
No pasa nada. La cagada fue mía por demorar.
La posición de pelea es la de la imagen de la firma.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kyrios Spatha el Sáb Mayo 31, 2014 12:18 am

Je… ¿Cómo no?


- Claro, claro… Pero dame un segundo, ¿quieres? DETESTO a las arañas.


La verdad es que no podía esperar otro tipo de reacción, después de ver cómo el tipo le había retado en un primer lugar, después de todo también, él había decidido salvarle el cuello pero eso no implicaba, ni muchísimo menos, que el chaval tuviese que retirar el desafío. Lo único que no le gustaba de todo aquel asunto es la identidad del  tipejo ciego:  Desde luego no parecía un contendiente normal, no como la mayoría de los allí presentes, y su estilo de lucha era demasiado poco ortodoxo como para considerarlo uno que pudiese enseñarse formalmente en ninguna escuela que él conociese. Tampoco es que él, precisamente, utilizase un estilo de lucha demasiado usual (incluso si lo hiciera su forma de utilizarlo era demasiado pragmática para considerarlo “tradicional”), pero al menos tenía ciertas bases, como la de mantener la guardia levantada y esperar una equivocación del enemigo antes de lanzar un ataque.  

El tipo araña parecía regirse exclusivamente en sus movimientos por qué tipo de maniobra iba a resultar más confusa para el rival, lo que no sería tan raro si, cuando menos, sus movimientos respondiesen a algún tipo de capacidad humana lógica, pero estaba bastante seguro de que no conocía ningún ser humano capaz de moverse de esa forma. Durante el combate había doblado en más de una ocasión sus articulaciones de formas que habrían acabado en rotura y dislocación para la mayoría, pero él seguía tan fresco… Casi tenía que dar gracias por no haber intentado aplicar con él su particular estilo de combate, o lo único que habría logrado era acercarlo más a él, dándole la oportunidad de lanzarle un ataque decisivo. Sólo pensar en ello le ponía bastante de los nervios, pero en fin… La cosa era decidir si iba a luchar con ese chaval o no.  Y teniendo en cuenta que no había decidido atacarle por la espalda mientras estaba entretenido con ese maldito espectáculo de circo, consideraba que lo menos que podía hacer era aceptar su  ofrecimiento.   Eso le llevó a mirar su espada durante unos instantes, girándola en su mano, mirándola… Nemea siempre le había servido bien, desde que la tenía, por lo que no pudo evitar suspirar, cerrando los ojos, antes de guardarla en su vaina y apartarla a un lado, algo que poco después hizo con su escudo, situándolo en su espalda, en un anclaje especialmente diseñado para ello.  Le siguió el yelmo, que se quitó para colgarlo en el cinturón y revelar de ese modo su rostro.  Sólo cuando hubo hecho esto miró al chaval.


- Pediste que el combate fuese sin espada.  Me parece justo.  Pero temo que eso no va a hacer que las cosas sean más fáciles…


Dichas estas palabras, Kyrios adoptó una postura de combate que sólo él conocía. Sus manos adoptaron una posición similar a la del boxeo, mientras que sus piernas se posicionaron de tal forma que tuviese la mayor estabilidad posible ante un ataque tentativo, aunque no las tenía todas consigo de que tal envite se fuese a producir.  En cualquier caso, debía estar preparado, y dudaba mucho de que su oponente fuese la clase de rival que perdonase un error, incluso si, como parecía, tenía cierto grado de honor.  Mientras adoptaba la postura debida, sin embargo, su mente estaba en otra parte, un lugar muy distinto al que ahora ocupaba, un lugar en su pasado…  Recordaba cuántas veces le había derribado su padre, la cantidad de veces que este le había tratado como un trapo viejo, las muchas que le había dicho que alguien tan débil como él no tenía lugar en el campo de batalla.  No le había culpado en ninguna de aquellas ocasiones, pues en todas y cada una había tenido la razón, pero el Kyrios que había en el coliseo no era el mismo que su padre había sido capaz de derrotar sin despeinarse, todo lo contrario, era un guerrero experimentado, curtido, que había convertido su debilidad en fuerza, su enfermedad en una razón para ser incluso más grande.

Le habían dicho que su enfermedad no tenía cura, pero él no se había rendido y, con el tiempo, ella había acabado perdiendo la batalla. El hombre que quedaba en pie ahora no era en ningún aspecto el niño debilucho que fue, y eso era algo que todos aquellos que se enfrentasen a él sabrían, antes o después.  Pero no había olvidado, nunca olvidaba… Hubo un tiempo en que, para poder sobrevivir, no podía recurrir a su fuerza y, en su lugar, aprendió a canalizar la de sus oponentes, volviéndola en su contra. Había convertido el arma de sus enemigos en las suyas en tantas ocasiones que se podía decir que, quizá, nunca habían pertenecido a sus enemigos en primer lugar.  El resultado era ese estilo de lucha. Pankration. Un estilo de combate en que no había piedad, ni puntos débiles: La fuerza del enemigo era su debilidad, sus ataques, su perdición… Para cuando su rival se diese cuenta de la trampa en la que había caído sería quizá demasiado tarde pero, por supuesto, esto no podían ser otra cosa sino conjeturas.

No importaba. Fuera cual fuese el caso, iba a darlo todo en aquel duelo, era lo menos que podía hacer para respetar el desafío del muchacho, y tenía el suficiente orgullo de guerrero como para no permitir que un par de heridas superficiales, o el ligero cansancio acumulado, le fuesen a impedir hacer lo que era debido. Si no lo había hecho antes,  ¿por qué empezar ahora?  Simplemente, se dedicó a planear en su cabeza cuál sería el mejor modo de utilizar sus habilidades: Si esperaba que el tipo lo atacase y conseguía atraparlo en una presa, llevándolo al suelo, sólo necesitaría una única llave de sumisión y aguantar el tiempo suficiente para hacer que acabase rindiéndose. No tenía intención de hacerle demasiado daño, mucho menos romperle ninguna extremidad, así que tendría que controlar al menos hasta cierto punto la fuerza de su agarre, preferiblemente limitarse a una proyección que acabase con los huesos del muchacho en el suelo. Una vez en tal posición era posible que la mera amenaza de rotura de huesos pudiese acabar con el duelo, si le forzaba a rendirse, pero por alguna razón tenía la ligera impresión de que la cosa no iba a ser tan fácil en absoluto… Al menos, la promesa de un dolor inenarrable no había conseguido detenerle nunca, así que no debía asumir que fuera hacerlo con otras personas, muy a su pesar…

Oh, bueno… Demasiadas conjeturas, demasiada poca acción. Mejor pasar a la práctica, y hacerlo pronto, o acabaría quedándose dormido. A veces desearía apagar esa mente estratégica suya. Una de las desventajas que tenía, suponía, el haberse criado con la guerra en la sangre. En fin…


- Muy bien, chaval… Cuando quieras. Te estoy esperando.


Y empezó a moverse,  poco a poco, en círculos alrededor del chico, esperando el pistoletazo de salida para que aquel duelo comenzase aunque, sólo por precaución, mantuvo los ojos muy abiertos. Si les habían atacado una vez, siempre cabía la posibilidad de que sucediese en una segunda ocasión. Mejor estar preparado.  Mucho mejor que estar muerto.



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El post son 94 líneas, aprovecho 70 para dominar el Pankration y me guardo las 24 restantes.

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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kisho el Dom Jun 01, 2014 8:04 pm

Los ojos del rubio se abrieron como platos al escuchar aquel nombre, por el que tantas noches había vagado. Los demenciales y desequilibrados ojos de aquella siniestra figura repasaron una y otra vez la figura de Alexley, sin perder en ningún momento su sonrisa ni el deje de locura en sus orbes de marfil. - ¿Tengo que repetírtelo? Sé dónde está Umi. – repitió y con esas palabras se quebró también la voluntad del ojiazul. - ¡¿Dónde está?! – gritó con desesperación el rubio, que en ese momento se abalanzó sobre el escritorio de aquel hombre y dejó caer ambas manos sobre el mismo con violencia.
El pelinegro mantuvo su sonrisa y se recostó hacia atrás en su silla, colocando sus botas sobre el escritorio. – Verás… la cuestión es que darte esa información traerá repercusiones positivas y negativas en ti. Ya que nosotros estamos… - el discurso incoherente de aquel pelinegro fue bruscamente interrumpido por Kisho, quien había dado vuelta alrededor del escritorio y envolvió el sobre todo de aquel hombre con sus manos, para levantarlo de la silla y golpearlo contra la pared, sin nunca soltar sus ropajes.

- ¡No tengo tiempo para esto! ¡¿Dónde está?! – gritó con sus ojos inyectados en sangre, clavándolos en los ojos marfil de su acompañante. – El reino. El reino tiene prisionero a Umi. – gimoteó aquel hombre al haber sido puesto contra la pared, haciendo que las fuerzas del rubio desaparecieran. En un hábil movimiento, el pelinegro zafó de aquel agarre al golpear las manos del rubio y posteriormente lo empujó, para alejarlo varios metros de él, aunque aquel no hubiese opuesto resistencia. - ¿De…de que hablas? – dudó quedándose en el lugar, sin retirarle la mirada. – Hace un par de años, el reino comenzó a experimentar con criaturas mitológicas. Centauros, pegasos e incluso sirenas. Estos seres “mitológicos”, en realidad son seres “mágicos”, nada en este mundo posee tanta magia como ellos en su cuerpo. El Reino está explotando la posibilidad de utilizarlos como reservas mágicas, como pilas, mejor dicho. Les extraen la magia hasta dejarlos secos, y con ella, están creando una poderosa arma de guerra. - explicó el hombre a medida que caminaba a paso tranquilo hasta su silla, acomodándose sus ropajes, y desde aquella posición, volvió a lanzar una furtiva mirada al rubio. Alexley cerró sus puños con tanta fuerza, que sus propias uñas se hundieron en la carne de la palma de sus manos. Se dio media vuelta y emprendió camino hacia la puerta.

— ¿Es que a caso no me crees?
— No lo sé, pero es una información que puede o no, ser cierta. Pero sigue siendo más de lo que he tenido en años, y si eso nunca me detuvo, ahora que si tengo el paradero de ella, podré encontrarla.
— ¿Con qué ejército?
— Con ninguno… iré yo solo, así me intenten detener.
— No te detendremos, y tampoco tienes necesidad de ir solo. Verás, no hemos sido sinceros con ustedes. NOSOTROS, somos parte de los que amenazan el reino. Nosotros estamos en contra del Reino, de su filosofía, de la familia Fiore. Por eso, te estamos ofreciendo que te unas a nosotros, y luches a nuestro lado. Por ti mismo, jamás podrás recuperar a tu amada. Pero con nuestra ayuda puedes salvarla. ¿Qué dices? —

El rubio se detuvo en seco. - ¿De dónde sacaste esta información? ¿Cómo sabías su nombre? ¿Cómo sabías que era una sirena? – preguntó el rubio en un acto de desconfianza, pero demostrando que no sería una marioneta fácil de controlar. – Estamos por comenzar una guerra. ¿No crees que tenemos espías en Crocus? Las sirenas se encuentran en el palacio, y una en particular, no ha parado de gritar que un tal Kisho la rescatará, y matará a todos en ese palacio. No he conocido nadie que se apode de la misma forma, por lo que asumí que deberías ser tú, y he decidido reclutarte. – exclamó con total seguridad a medida que se ponía de pie, sin despegar la palma de sus manos de la mesa. - ¿Cuándo comenzamos? – fueron las palabras que dibujaron una sonrisa en aquel hombre, que no demoró en responder. – Comenzamos ya. Verás, el reino sospecha de nosotros, por lo que ha intentado infiltrar espías aquí Tu deber, y la vida de tu amada sierna, dependen de que logres identificarlos y sacarlos de juego, ¿Entiendes? No me interesa que medios uses. No me interesa si haces que se unan a nosotros, no me interesa si los matas. Simplemente sácalos del juego. Sospechamos que ese hombre de la armadura, y un rubio llamado Ragnar trabajan para el imperio. Así como lo hacías tú. – el hombre se acomodó sobre la mesa, apoyando sus codos sobre la misma y luego de entrelazar sus dedos, apoyó su mentón sobre los mismos.

Kisho lo miró por sobre su hombro y asintió con su cabeza, para mover la puerta corrediza y cerrarla con violencia a sus espaldas. Unas mariposas se arremolinaron al costado de aquel hombre de cabello negro y pronto tomaron la forma antropomórfica de aquella mujer de larga cabellera azabache que había recibido a Kisho el día que llegó. – Ninshiro-kun, ¿Lo has logrado?... ¿ya puedo hacer lo que quiera con él? – susurró la muchacha que pasó con deseo la palma de su mano alrededor del cuello de aquel hombre, a medida que caminaba a sus espaldas. El hombre comenzó a sonreír a medida que sus ojos abandonaban aquel color marfil y comenzaban a danzar en delirios, una pequeña risa se escapó de la boca de aquel hombre y pronto este se llevó su diestra al rostro, para tapar su ojo derecho. – Escuché sus voces, escuché su historia, su desesperación, su dolor, su odio, su melancolía y su desconfianza. Fue tan fácil… ¡JAJAJAJAJ TAN FÁCIL MANIPULARLO, DEA-CHAN! – gritó en su demencia, a medida que su carcajada quebraba el silencio. – Eres un gran actor Ninshiro-kun…y que útil ha sido tu magia para leer mentes. – sentenció la mujer relamiéndose sus labios.

Los combates seguían en el patio principal, pero Kisho no tenía tiempo para perder observando los combates que se seguirían llevando a cabo. Necesitaba eliminar a aquellas dos personas, pero no sabía cómo. Sólo sabía que no podría hacerlo solo, pero, ¿En quién confiar?... fue entonces que recordó el acento de su compañero de habitación. [Eso es, él no es de por aquí… puede que sea mi única alternativa.] se dijo a si mismo abriendo la puerta de su habitación de forma brusca, para encontrar que la misma se encontraba completamente destrozada, con marcas de garras en cada pared y en el suelo. [Parece que él también tiene sus secretos. Puede que este chico me caiga bien. Solo espero poder convencerlo. ] se adentró en el cuarto, y sin quitarse sus armas de encima, se sentó contra una pared, esperando a que Rei hiciera acto de presencia en la habitación.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Tenshin Rei el Dom Jun 01, 2014 9:23 pm

El sol pegaba cada vez más fuerte. Al paso de las horas el aburrimiento comenzaba a apoderarse del pelirrojo, tan solo se encontraba parado, observando como un montón de hombres sudados queriendo ser mejor que otros en el arte del combate se golpeaban y trataban de hacerse ver frente a los comandantes. Todavía no había tenido el “honor” de combatir contra otro recluta aún, pero estaba rezando a los dioses en los cuales no creía para que le tocara pronto y pueda irse a hacer fiaca a su habitación, como solía hacer en sus tiempos en el palacio cuando volvía de entrenar con Grandine.

Grandine… El nombre retumbó en su mente, adueñándose de sus pensamientos y haciendo que este se distraiga del combate del hombre con la armadura, no le interesaba en lo más absoluto aquella pelea, solo dejó que sus pensamientos lo tomaran y lo inunden en un mar de recuerdos. Levantó la cabeza, llevando su mirada al cielo, a las nubes, a la paz. No podía evitar imaginar a su gran madre dragón surcándolo, libre, alegre. Quería estar en su lomo, quería volver a verla una vez más. Esos minutos, que para el joven habían sido dos o tres se habían convertido en aproximadamente una hora, en la cual varios combates habían terminado, y el próximo era el de Kisho. Volvió a la tierra y se enfocó en el mismo, observando cada detalle de la forma de pelea del rubio. ¿Discos Mágicos? El joven rubio no paraba de sorprenderlo, era impresionante como su impulso primitivo, el de la duda, lo carcomía por dentro y lo llevaba a querer, no importase como, develar todos los secretos de aquel joven enmascarado.

El combate transcurrió, Rei observó todo con gran detalle hasta que Kisho se declaró ganador del mismo. No pudo evitar juntar sus palmas y aplaudir, el combate había sido interesante, el mejor de los que había presenciado toda la tarde. El examinador llamó la atención de Kisho explicándole que en los combates, la magia no estaba permitida. Rei, planeaba utilizar magia en su combate, que daba la casualidad era el siguiente en la lista. Kisho fue llevado lejos de la arena, el pelirrojo tenía intenciones de seguirlo, pero debido a su combate esto fue imposible. Mientras caminaba hacia el centro, el joven mascullaba sus cantos del cielo, para mejorar sus dotes físicos sin que nadie se enterara, sin que nadie pueda llegar a escucharlo.
- O Viento veloz que trazas a través de los Cielos, O fortalece el brazo para partir el cielo, O endurece las nubes para que el viento no las arrase, O flexibiliza el cuerpo del viento… - Gracias a todos esos cantos, el joven Rei estaba en sus óptimas condiciones de pelea, no podría usar su colmillo de dragón, pero eso no le importaba.

Su contrincante se hacía llamar Little Finger, que a diferencia de su nombre éste tenía una espalda prominente, unos brazos de tres toneladas cada uno y pecho súper levantado y duro.
– A ti deberían llamarte The Mountain… - Bromeó, pero este no hizo caso. El combate dio inicio y Rei no perdió tiempo. Su velocidad era envidiable, y comenzó a correr en media luna hacia su objetivo. Pegó un salto para tirar una patada voladora apuntando a la calva cabeza de Little Finger, pero este colocó su mano en el trayecto, frenando al pelirrojo y su patada para luego hacer un movimiento y lanzarlo por los aires. – No contaba con esa fuerza renacuajo, eres más fuerte de lo que pareces, pero te falta… te falta para poder derrotarme – Se encogió de rodillas y se abalanzó hacia el pelirrojo con una velocidad impresionante. La sorpresa le jugó en contra, y a pesar de la magia que corría en su cuerpo, no tuvo reacción alguna. El golpe fue asentado en su estomago y este fue mandado a volar hacia arriba. No pudo evitar escupir un poco de sangre gracias al impacto. – No puedo creer que esté perdiendo, aún con la mi magia ¿Quién es este hombre? - Little Finger no dio tiempo de reacción, antes de que el cuerpo del pelirrojo impacte contra el suelo, el gran mastodonte insertó su colosal pie en la cabeza del joven Rei.

Fue extraño, era la primera vez que perdía el conocimiento. Sintió que se sumía en las tinieblas, que todos sus recuerdos, todos sus pensamientos, sueños, esperanzas, todos desvanecidos, llevados a un poso de desespero del cual no sabía en ese momento si regresarían. Pasaron unos minutos, y la luz volvió a penetrar sus pupilas, la enfermera estaba tratando las heridas del joven con cara de decepción.
– Mierda… la pelea duró muy poco… Igual no me interesa, mi deber es ayudar al resto, no pelear. – Pensaba. El auto consuelo era algo en lo cual Rei no fallaba, era capaz de consolarse a si mismo y tomarlo como una verdad absoluta para sentirse mejor consigo mismo, sin importar los demás. Se incorporó en la cama y dio las gracias a la enfermera. Ésta trató de decirle algo, pero antes de que pudiera, Rei la interrumpió. – Lo sé, mi estadía aquí se acabo, no hace falta que me lo diga. Muchas gracias nuevamente por su atención – Dicho esto abandonó la enfermería para abrirse paso a la habitación a recolectar sus cosas.

El pasillo se hizo eterno, su cuerpo estaba adolorido y lo único que anhelaba en ese momento era poder recostarse un poco en la habitación antes de partir de viaje nuevamente. Abrió su deteriorada puerta de habitación, y vio nuevamente el desastre que éste había causado rato antes. Los rasguños en la madera y  las almohadas destrozadas. Se había olvidado completamente, pero lo que es peor, no logró arreglarlo antes de que alguien lo viera. Allí, la silueta del enmascarado compañero de habitación se alzaba en un rincón. La vergüenza y arrepentimiento se apoderaron de su cuerpo. Se acercó al joven rubio para luego disculparse por el desastre
– Lamento haber hecho esto, no fue a propósito, estoy seguro que si le pides a los comandantes que te cambien de habitación lo permitirán, además, mi estadía aquí terminó… - Mencionó, y llevó su cuerpo a la cama, recostándose en los pedazos de almohada y haciendo volar un par de plumas por el impacto de su cuerpo. – Por cierto… - continuó – Supuse que esos discos, escudos, platillos lo que sean eran mágicos, sorprendente pelea enmascarado… - Cerró sus ojos para descansar, sin dejar que el sueño se apodere de su cuerpo y dormirse. Estaba alerta, en cualquier momento irían a buscarlo para echarlo del campus.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ragnar el Lun Jun 02, 2014 12:23 am

El espadachín por fin decidió aceptar el desafío aunque pidió un poco de tiempo, ya que aparentemente, el tipo anterior le recordó a una araña, criatura que por lo que dijo, detestaba. Las personas que estaban observando comenzaron a alejarse un poco de la arena en señal de que ya nadie iba a meterse en este encuentro. Tras tomarse unos momentos para recomponerse y respirar un poco, miró su espada, la cual hizo girar unas veces en su mano dando un suspiro, como lamentándose algo, para luego envainar la misma y dejarla a un lado. Colocó su escudo en su espalda y luego se retiró el yelmo dejándolo colgando de su cinturón.
Comenzó a dibujar un circulo alrededor del encapuchado mientras se preparaba su guardia, muy parecida a de un boxeador.
Ragnar comenzó a seguir el movimiento en circulo de su oponente a la vez que de a poco cerraba la distancia entre ellos hasta que quedaron a solo dos metros de distancia, y lo siguiente que se escuchó fue el grito del juez *¡¡¡Comienzen!!!*.
En ese momento Ragnar avanzó ferozmente contra su oponente lanzando un golpe con la zurda a mano abierta apuntando con sus dedos a la parte baja del cuello de su oponente a la vez que desviaba rápidamente su trayectoria hacia la izquierda, manteniendo en todo momento su brazo derecho frente a su cuerpo en posición defensiva. Tras el golpe, y quedando en el costado derecho de su oponente, agachó su cuerpo mientras giraba para lanzar una barrida dirigida hacia las rodillas de su rival para luego alegarse impulsándose con la pierna de apoyo y volviendo a quedar en su posición inicial.
Parecía que Ragnar estaba probando a su oponente, intentado ver de que era capaz, por lo que casi sin dar tiempo a contraataque se abalanzó nuevamente con una serie de ataques que comenzó con un golpe reversible al rostro con la muñeca derecha, un típico puño de boxeo al estomago, un uppercut, y un rodillazo a la parte interna de su pierna derecha para nuevamente alejarse y quedar en su posición inicial.

Algunas personas comenzaron a alentar para que ambos hicieran un combate interesante, algunos amenazaban con meterse si no peleaban en serio, aunque con las risas que les seguían, era evidente que solo bromeaban. De todas formas la pelea recién empezaba, por lo que no se podía saber que esperar. Algo que se estaba haciendo notorio era como el ambiente se volvía cada vez mas tenso, miradas cada vez mas frías, pero invisibles para Ragnar. Parecía que algo estaba a punto de pasar, algo que podría terminar en un desastre. No podía ser que ya comenzaran con la rebelión si el torneo recién estaba empezando.
De todas maneras Ragnar no podía podía prestarle atención a eso, estaba muy ocupado en el momento como para desviar la mirada.

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Me quedó medio cagada el post pero bueno. No puedo estar demorando mas.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kyrios Spatha el Lun Jun 02, 2014 11:37 am

Kyrios había dejado tiempo sobrado a su oponente para prepararse, adoptando la postura precisa para defenderse de cuanto le arrojase... Sin embargo, aún pasaron unos breves momentos antes de que su contrincante decidiese moverse para atacar y al guerrero le sorprendió bastante escuchar la voz del juez dando comienzo a la batalla, aunque no pudo evitar sonreír al hacerlo.


"Vaya por los Dioses, y yo que pensaba que te habías ido a tomar algo..."


En cualquier caso su sarcasmo no le impidió estar preparado para cuando los ataques empezaron a producirse, todos con una velocidad bastante digna, para tratarse de un muchacho que apenas creía que pudiese seguirle el ritmo. Estaba demostrando, por otra parte, ser bastante capaz de hacerlo: El primero de sus golpes consistió en un golpe que trataba de buscar la base del cuello, al que Kyrios respondió anteponiendo el antebrazo para bloquear el golpe, aunque antes de que pudiese reaccionar para ejecutar un agarre su oponente ya estaba lanzando su siguiente ataque, un barrido hacia las piernas que lo habría desequilibrado, sin duda alguna, de haber acertado: Por fortuna, Kyrios fue capaz de reaccionar a tiempo tan pronto vio cómo el cuerpo empezaba a girarse en una posición agachada, al cual respondió simplemente hincando la rodilla derecha en tierra, rebajando de forma absoluta su centro de gravedad y ofreciendo de tal modo un blanco casi imposible de derribar.

En aquella postura, la movilidad de Kyrios se veía inmensamente reducida, pero también neutralizaba por completo la maniobra del oponente, anteponiendo ante su patada una barrera difícil de superar: Habría hecho falta una fuerza descomunal para poder moverlo en su nueva posición arrodillada, y Kyrios tenía la plena intención de agarrar la pierna del rival, que había quedado demasiado cerca de su costado como para desaprovechar la ocasión, y voltearlo para dejarlo a su merced en el suelo. Resultó ser más rápido que todo eso, retrocediendo lo justo para evitar dicho agarre y empezando un seguido de golpes bastante salvaje, aunque nada que no hubiese visto previamente. En su posición actual Kyrios no disponía de la capacidad para esquivar dichos ataques, pero sí pudo bloquearlos razonablemente bien, enfrentándose a la batería de numerosos asaltos con una sucesión de eficaces bloqueos hasta que, finalmente, encontró una apertura en la guardia, un desequilibrio, cuando este levantó la rodilla con la intención de golpearle.

En aquel momento, Kyrios reaccionó con rapidez, agarrando la rodilla de su oponente y, acto seguido, levantándose de golpe: El objetivo de tal maniobra era sencillo, pues al haber levantado la pierna la capacidad de reacción de su oponente habría quedado muy comprometida y, con su nueva maniobra, se había asegurado de que dicho desequilibrio durase incluso después de haberlo hecho retroceder.  Kyrios no perdería ripio ni por un segundo, aprovechando aquella debilidad para lanzarse hacia él y, buscando una posición vulnerable, agarrarlo, haciéndole caer al suelo en con una proyección clásica del Judo, un agarre de cadera que estrellaría a su oponente contra el suelo y le daría una oportunidad magnífica de rematarlo con un puñetazo mientras se estuviese recuperando.  Aunque, por supuesto, todo aquello eran poco más que intenciones que era preciso convertir en actos, antes de que pudiese afirmarse su efectividad... Era una suerte que Kyrios estuviese curtido en mil batallas, porque el chico parecía saber lo que se hacía.

Sin embargo, mientras Kyrios planeaba su contraofensiva, no le pasó desapercibido el cambio de tendencia que se había presentado no sólo en el combate que ambos habían establecido, sino a su alrededor también. Kyrios había nacido para la batalla, vivía por y para ella, gracias a lo cual había desarrollado unos instintos lo  bastante afilados para darse cuenta de cuándo las cosas estaban a punto de ponerse tremendamente feas... Esto era una gran virtud en la mayor parte de las circunstancias, pero en la que se encontraba actualmente se convertía en una sensación punzante en la base del cuello, horrible, que no le dejaba concentrarse plenamente en la lucha que tenía entre manos.  La sensación era similar a la de un depredador a punto de convertirse en presa y, ni que decir tiene, no era ni mucho menos algo agradable para estar sintiendo, no sólo porque significaba que había fuerzas ocultas escondiéndose lejos de su vista, sino porque también implicaba que no iba a ser capaz de disfrutar un combate que en cualquier otra circunstancia habría sido extraordinariamente interesante.

Sabía para lo que se había alistado. Quería proteger a la gente de Hosenka.  Esa guerra no había ido con él desde un primer momento, la única razón por la que se había prestado a toda esa locura era para poder minimizar las bajas: Si podía convertirse en uno de los luchadores de Hosenka, pensaba, podría forzar un duelo por campeón con el comandante del ejército opositor, anulando de ese modo la necesidad de que un ejército compuesto en su mayoría por críos y gente que no había luchado en su vida tuviese siquiera que personarse en batalla, pero estaba empezando a resultar evidente que había fuerzas con las que no había contado en una primera instancia, y eso no le gustaba en lo más mínimo...  Si había caído en una trampa, poco podría hacer para salir de ella antes de que se cerrase, especialmente ahora que se había convertido en el centro de todas las miradas. Joder...

Pero no podía hacer nada. Si la trampa había sido dispuesta, la única verdad era que él había caído de lleno en ella. Intentar salir de la misma ahora no conseguiría nada. Su única opción era tratar de actuar como esperaban sus oponentes, como si no supiese que había algo cociéndose entre las sombras, y sorprenderlos cuando finalmente lanzasen su ataque pero, para eso, primero tenía que liquidar a aquel chico (era una forma de hablar, no pretendía hacerle daño al chaval) y tratar de ver hasta qué punto estaban metidos ambos en la mierda. No sólo ellos, sino también todos aquellos que se habían metido en ello por su patria, su gente, o incluso por sí mismos...

Maldita sea, detestaba ese tipo de situaciones. ¿Por qué demonios tenían que actuar de esa manera, es que no podían luchar cara a cara, con honor, como los hombres?  Cuanto más luchaba, más evidente se hacía que sólo aquellos que se habían criado fuera de aquella sociedad corrupta tenían el más mínimo concepto de la justicia, pero el caso era que estaba ahí y, por tanto, tendría que jugar bajo sus mismas reglas, al menos, durante un poco más.  Trataría aquella guerra como trataría cualquier otra batalla: Ocultando sus armas hasta que el oponente se confiase y pensase que lo tenía, entonces, como un león acechando a su presa, saltaría a la yugular y destrozaría la amenaza de un solo golpe, como había hecho siempre, como había sido criado para hacer desde que sólo era un crío.  Pero, por supuesto, intentar hacerlo solo únicamente podría acabar en fracaso... Mas, ¿cómo avisar al resto de en qué se estaban metiendo? ¿Cómo hacerlo sin ponerlos a ellos también en peligro?

Maldita sea, no tenía suficiente tiempo para pensar en ello, no mientras tuviese aquel duelo entre manos…

De todos modos, lo primero era acabar con aquel combate y hacerlo cuanto antes: No podía retirarse sin levantar sospechas y causar demasiadas preguntas acerca de lo que había ido a hacer en aquel torneo, pero también era cierto que cada segundo que estuviese en el centro de aquella arena era un momento más que la trampa, de haberla, tenía para cerrarse sobre su cuello y era una idea que no le gustaba lo más mínimo.  Pero, mientras pensaba en cómo salir de allí tratando de minimizar en la medida los riesgos tanto para él como para el resto de sus contrincantes, le resultó evidente que posiblemente todos ellos estuviesen metidos en aquel feo asunto, es más, era muy probable que todo aquello fuese una especie de cebo para atraer a los que tenían más posibilidades de dar al traste con toda aquella maldita guerra en un primer lugar.  ¿Pero qué podía llevar al señor de Hosenka a planear algo semejante? ¿Qué estaba ganando con ello y, sobre todo, quién le apoyaba? Eran demasiadas preguntas para las que no tenía una respuesta clara, demasiados interrogantes sin ningún indicio que le permitiese arrojar algo de luz al asunto…

En otras palabras, una puta mierda como sólo se veía en las mal llamadas “sociedades avanzadas”.

Joder, iban a conseguir que echase de menos la sencilleza de su pueblo natal… Sí, allí las cosas podían ser crueles, pero al menos sabías que si alguien podía partirte la cara en un combate cuerpo a cuerpo no iba a dar cien vueltas para intentar apuñalarte por la espalda, y te quedaba la tranquilidad de que si eras capaz de vencer a tus enemigos frente a frente estos respetarían tu fuerza en vez de tratar de envenenar la comida para ganar una vez que el combate había sido decidido.  Pero en fin, suponía, eran las reglas del juego, así que no le quedaba otra que jugar con esas piezas. Aunque estuviese totalmente fuera de su elemento.

Joder… Si sólo pudiese centrarse en el combate y dejar de lado su paranoia. Detestaba su maldito instinto del peligro, a veces…  Adoraba que le hubiese salvado el culo más de una vez pero, ¿de verdad tenía que hacerlo ahora? Probablemente sí. Quizá no.  No tenía ni idea. Lo único que podía hacer era lo que siempre había hecho: Seguir adelante.  Era un gran guerrero, pero no tenía las herramientas, ni el entrenamiento, para hacer frente a una amenaza que no podía ver… Eso sí, cuando decidiese mostrar su rostro, iba a hacer que lo pagase con todas las de la Ley, como sólo un León podía hacerlo.  Que se preparase…

Sólo tenía que acabar con eso. Paso a paso… Un poco más…

Que empezase el juego.



Spoiler:


No pasa nada, Ragnar, tranqui ^^

Por cierto, he puesto el post en condicional para que decidas si recibes el golpe, el daño que te hace y demás. Si prefieres que acordemos la batalla, el resultado y esas cosas, contacta conmigo por MP =P

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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kisho el Lun Jun 02, 2014 4:00 pm

Finalmente la puerta de su habitación se corrió y el pelirrojo hizo puesta en escena. Al abrir a puerta, logró escuchar el vitoreo de la gente, por lo que supuso que afuera se debía estarse llevando a cabo una batalla magnífica. Pero nada de esto le importaba en aquel momento.
– Menudo destrozo has dejado… aunque he de admitir que me atrae la nueva decoración. Jajajaja – rió de forma suave, teniendo aquel comentario el propósito de alivianar las tenciones e ir probando el terreno, para saber si aquella persona era de fiar. Sin embargo, su compañero de habitación parecía bastante desanimado y una vez aquel terminó de hablar, el rubio entendió lo que había sucedido. La única persona en la que podía confiar para llevar acabo aquella misión había sido derrotada, y por lo tanto, sería expulsado.

El ojiazul mantuvo silencio durante unos instantes e incluso ignoró el cumplido que Rei había hecho sobre su estilo de batalla. Cerró sus ojos y suspiró, entendiendo que en aquel momento tenía que apostarlo todo, o podía perder la única pista que había tenido sobre Umi en años. – Rei… No eres de este reino, ¿No es así? Tu acento te deja en evidencia. – murmuró al tiempo que se ponía de pie y se acercaba de forma lenta a su compañero, para quedar frente a él y clavar su mirada en los ojos de aquel joven. - ¿Querías saber de mi? Bueno… No soy un mago. Jamás había demostrado destreza para la magia, y mucho menos interés. Pero hubo un suceso que cambió mi vida. – hizo una pausa, esperando cualquier tipo de reacción por parte de aquel joven, y a continuación prosiguió. – Mi nombre real es Alexley Koslov, primer hijo varón de la familia Koslov. Como no eres de este reino, te explicaré que los Koslov somos una familia de mercaderes, generalmente de buena fortuna. Estábamos en medio de una caravana que se dirigía desde Alcalipha hasta Hargeon, cuando decidí dar un paseo por la costa, y entonces la conocí… conocí a Umi. Umi, es una sirena. – volvió a hacer una pausa para darle tiempo a aquel joven de digerir toda aquella información, y a continuación prosiguió. – Si, una sirena. No me gusta hablar de esto porque la gente suele decir que soy un psicótico que en su esquizofrenia ve cosas, pero no la veo. Umi y yo nos vimos todas las tardes durante un año, pasando las noches juntos y divirtiéndonos. Me enamoré de esa criatura. – rebuscó entre los ropajes de su cuello, y retiró el collar que llevaba una hermosa perla atada a una cadena de plata. – Ella me regaló este colgante, con el cual podía llamarla. Sin embargo, un día no respondió más a mi llamado. No la conociste, pero te aseguro que ella hubiese vuelto a mi si nada hubiese sucedido. Sé que algo le sucedió. He vagado desde las costas de Hargeon hasta las últimas olas de la costa septentrional. Hoy me he enterado de su paradero… - apretó sus puños con fuerza y desvió la mirada, que lentamente comenzaba a inyectarse de odio. – Es maldito emperador del reino de Fiore la tiene prisionera junto con otras bestias, tales como centauros, minotauros y demonios. Están construyendo un arma que funciona a base de magia pura, la cual extraen de estas criaturas mágicas, ya que tienen más magia de lo que posee un humano. Usan a estas criaturas como “pilas”, en las que les quitan su energía para darle una muerte lenta y agónica. – se acercó a la pared y golpeó la misma con todas sus fuerzas, quebrando algunas tablas de forma superficial con aquella acción.

– Toda esta beca es mentira. Hosenka en realidad quiere darle entrada a otro reino mediante algún mecanismo que desconozco. Quieren atacar Fiore e invadirlo. Este mini torneo ha sido un filtro, para quitar a todas aquellas personas que no sirven para sus propósitos, o que simplemente pueden ser espías del Reino, así como lo era yo. Quiero unirme a las filas de Hosenka para derrocar al emperador, liberar a Umi. Dicen que ella aún sigue repitiendo mi nombre. Pero necesito tu ayuda. Me han encomendado que elimine a dos objetivos. A aquel tipo de la armadura y a un rubio. Pero para llevar esto a cabo, necesitaré ayuda. – volvió su mirada al joven e hizo una pausa. – Rei, al no ser de este reino, eres la única persona que se me ocurre que puede llegar a no tener intereses a favor de Fiore. Por eso te pido ayuda. Ayúdame a luchar en esta campaña, ayúdame a liberar a Umi. – esperó ansioso la respuesta del pelirrojo, sintiendo como los latidos de su corazón se aceleraban.

[Umi, debes resistir un tiempo más…]
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ragnar el Mar Jun 03, 2014 4:44 pm

El combate ya había dado comienzo y la primer seguidilla de golpes que Ragnar lanzó fueron fácilmente bloqueadas por su oponente, aunque no como él lo hubiera echo. El intento de agarre del espadachín luego de la patada baja de Ragnar falló, gracias, al menos en parte, a la velocidad del encapuchado para alejarse de su oponente en el momento preciso.
Mientras la tensión en el lugar seguía presente Ragnar no podía evitar sentir ese helado pinchazo en la nuca que se siente cuando alguien te observa con intenciones claramente horribles, pero no podía pensar en eso, tenía que luchar, encontrar una oportunidad para terminar con esto de forma efectiva.
La fortuna le concedió a Ragnar la oportunidad cuando su oponente, tras frenar el rodillazo, intentó un lanzamiento al suelo al abrazar la cintura de Ragnar, bastante típico en el estilo que Ragnar conocía como Judo. Fue así que el espadachín dejó su cabeza descubierta pegada a la cabeza de Ragnar, y mirando hacia el suelo. *Gracias* pensó Ragnar mientras lanzaba un golpe con el codo a la nuca del espadachín cargado no solo con fuerza, sino que también con uno de sus hechizos, que como era el único de sus hechizos que no presentaba exposición visual, ninguna de las personas presentes lograrían verlo. *No importa que tan entrenado estés, la nuca siempre será uno de los puntos débiles del cuerpo* Se dijo Ragnar mientras que aprovechó su elasticidad para pasar sus piernas alrededor de la cintura de su oponente, un poco por debajo del escudo, para quedar en la típica guardia de aquellos que se especializan en el combate en el suelo, el Jujitsu.
*Esto va a doler..... Pero no te vas a escapar* Se dijo Ragnar apretando sus piernas alrededor se su oponente eh intentando un estrangulamiento al cuello de su rival.

El golpe contra el suelo fue duro, lo suficiente como para hacer que Ragnar perdiese su agarre al cuello de su oponente, pero apretando sus piernas lo mas fuerte que pudo para cerrar la distancia entre su oponente y él, y colocando los brazos en posición defensiva frente a su cuerpo con las manos cubriéndole el rostro, logró una defensa a medias que sumada a la corta distancia le permitió quedar bastante entero luego del puño.
Ragnar, para evitar ponerse en riesgo, llevó rápidamente sus manos hacia la nuca de su oponente, que sin duda estaría mareado después del golpe en la nuca que aparte iba con un hechizo de por medio, para así acercar la cabeza de este a su pecho. ya en esa posición Ragnar le soltó la cabeza solo con su brazo izquierdo para con este, darle un puñetazo en el costado de su cabeza que, también estaba cargado con el hechizo que había activado.

Aparentemente, según algunos de los que estaban observando esa pelea, se estaba poniendo algo interesante, ya que comenzaba a gritar, sin alentar a alguien en particular, solo gritaban para que la pelea no se volviese aburrida, algo que a Ragnar poco le importaba.

Spoiler:
Cosmic impact: Este es un hechizo en el cual el usuario concentra energía en su cuerpo pudiendo expulsarla por diferentes partes de su cuerpo: Puños, pies, codos, rodillas, etc.
Se usa principalmente como apoyo en un combate cuerpo a cuerpo, ya que con esa energía extra los golpes se potencian, pudiendo de esa forma causar daño no solo externo, sino que también interno. Por ahora, este ataque genera dolores musculares que entorpecen los movimientos del oponente, y en caso de golpear zonas particulares como la nuca, cuello, oidos, etc. Puede provocar otros efectos como por ejemplo, entorpecimiento del equilibrio.
Con este hechizo aumenta también la resistencia a los golpes, aunque no causa una gran diferencia.
Este hechizo dura unos 2 turnos.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Tenshin Rei el Mar Jun 03, 2014 6:57 pm

Su cuerpo reposaba en aquel destruido lecho, solo deseaba tener un poco más de tiempo para descansar antes de irse de viaje nuevamente. La experiencia de la academia no había sido del todo satisfactoria para el joven muchacho. La presencia de aquel rubio lo llenaba de dudas, desde el comienzo no hablaba mucho, es más, había sentenciado que si no le respondía al pelirrojo era por el simple hecho de no querer hablar. Todo ese misterio y seriedad que Rei le había adjudicado al rubio se comenzaba a perder lentamente. Los morados ojos del pelirrojo se clavaron en el rubio al escuchar su siguiente pregunta, no podía evitar sentirse impresionado, se había esforzado al máximo para esconde su acento y que la gente no lo tratase de una manera diferente al resto de las personas del reino. – Vaya… se podría decir que no me esforcé lo suficiente en ocultarlo… - respondió en forma sarcástica, para luego incorporarse en la cama y colocar ambos codos sobre sus rodillas. Tomó con su diestra su cabello y se lo tiró para atrás – En efecto… provengo de otro Reino si señor, Ca-Elum está muy lejos de Fiore, tuve que cruzar todo el maldito océano para llegar hasta este Reino, donde lo único que encuentro son borrachos golpeados y a trogloditas de masa corporal prominente, la cual no les impide moverse más rápido que una barracuda – Quejó, para luego ponerse de pie al frente del rubio.

En ese momento, el joven enmascarado rompió el silencio y comenzó un discurso el cual parecía algo tedioso, pero logró llamarle la atención. Dejando apaciguar la ira por haber perdido el combate anterior y enfocó toda su voluntad, dejando de lado el cansancio, para escucharlo.  Escuchó con atención cada detalle y no interrumpió en ningún momento el discurso del rubio. Una vez este finalizó, era turno del pelirrojo para explicarse completamente. – No sé si eres de fiar, Alexley Koslov, pero al ver que te has abierto sentimentalmente, y no solo eso me has contado tu historia, no puedo seguir siendo una incógnita en esta situación, si vamos a derrotar y rescatar a Umi de aquel emperador, debemos conocernos totalmente. – Se aclaró la garganta para luego dar paso a su propio discurso – Como bien dedujiste, provengo de otro Reino. Este es el Reino de Ca-Elum… Mi padre… Bueno se puede decir que mi padre es el emperador de esa enorme isla y yo soy… o era, su sucesor. Un día, cuando era pequeño, me encontraba jugando en los vastos patios del castillo cuando conocí a Grandine. Grandine es una dragón, la Dragón del Cielo. – Hizo una pequeña pausa, si bien él rubio estaba enamorado de una sirena, un dragón era menos creíble de encontrar – A falta de mi madre, quien falleció al momento de darme a luz, yo encontré refugio en aquella dragón, hasta que llegué a una edad óptima donde podría canalizar magia y controlarla, al parecer mi madre era una bruja y por eso yo había nacido con dicho don. Grandine comenzó a instruirme en el arte de la magia Mata Dragones. Una magia muy poderosa para un pequeño adolecente pensarás, y tienes razón. A menudo suelo perder el control y mis instintos más primitivos se apoderan de mi juicio, eso es lo que pasó en esta habitación. – Explicó. Su historia había terminado, pero aún así debía preguntarle algo a aquel rubio – No te llamaré demente o soñador, no soy quien para hacerlo y juzgar sobre quien colocas tus sentimientos… pero me llama la atención una cosa. Si nunca te gustó la magia, ¿No te parece gracioso que ames a una sierena, que bien como describiste anteriormente, posee magia de la forma más pura?, eh leído y escuchado varios relatos sobre sirenas y sus poderes para… encantar con sus encantos, valga la redundancia, a viajeros con el fin de llevarlos al fondo del mar. El barco donde vine hasta Fiore estaba repleto de bucaneros que contaban esas historias. Si ese fuera el caso, permíteme utilizar este hechizo sobre ti. Se supone que “cura” o saca todo mal impuesto por otra persona dentro de un individuo. Si es el caso, y Umi te hechizó, este hechizo se irá, pero si aún quieres ir a salvarla cuenta conmigo. No pierdes nada en este asunto, mi confianza ya la has comprado. No soy devoto al rey de Fiore, no soy devoto siquiera a mi padre Rey de Ca-Elum, me valgo yo mismo, pero nunca hace mal algo de compañía. Aunque sea… rubia palla y enmascarada. – Bromeó y luego comenzó a llenar sus palmas con magia del cielo, esta se aglomerizó en un aura que rodeaba a Kisho. Mascullando un pequeño canto, el hechizo fue convocado. – Saca las nubes que nublan el cielo de mi objetivo, ¡Raise! – El hechizo pareció haberse conjurado sin problemas. – ¿Y bien? ¿Te sientes diferente? – Preguntó el pelirrojo, era la primera vez que utilizaba aquel hechizo y temía no haberlo hecho de la manera correcta.

Líneas: 82 + 66 + 71 (post anterior) + 54 (Este post) = 273 Líneas.

Uso nuevamente 50 Líneas para entrenar el Hechizo Raise (Vease en mi perfil)
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Kyrios Spatha el Jue Jun 05, 2014 2:19 pm

Su maniobra salió sorprendentemente bien, aunque para su sorpresa gran parte de ello se debió a que su oponente no pareció oponer particular resistencia a ello... Aunque Kyrios no fue capaz de percibir a tiempo que todo era una trampa bastante bien montada. Sin embargo, no lo suficiente.

Cuando Kyrios proyectó al oponente por encima de su cadera, este intentó revolverse para golpear con su codo su nuca, pero la posición para intentarlo era demasiado comprometida y a Kyrios le bastó con un sencillo movimiento para acabar estrellando al oponente contra el suelo, aunque no se pudo decir que la maniobra fuese completamente exitosa... El puñetazo que debería haber servido de remate se ejecutó de la forma debida, pero su oponente reaccionó lo bastante rápidamente para evitarlo, interponiendo los brazos a modo de escudo en contra del puño.

Kyrios podría haber seguido presionando el ataque, pero el movimiento de las piernas del oponente no le gustaba lo más mínimo de modo que, antes de que pudiese hacer lo que pretendía, ejecutó un salto hacia atrás, poniendo distancia entre ambos. El tipo sabía lo que se hacía, desde luego, pero sus maniobras no habían sido las que él habría usado en esas circunstancias... Con todo, el clamor de la gente se dejó escuchar, envolviéndolos, rodeándolos, y Kyrios tuvo que mirar hacia los lados para darse cuenta de que, de una forma u otra, parecían estar dando un espectáculo mayor de lo que habría esperado en una primera instancia. Eso no hubiese sido algo malo en cualquier otra circunstancia, pero al guerrero le preocupaba sobremanera que los vítores y cánticos ocultasen intenciones muchísimo más oscuras, intenciones que se materializarían en acciones para las que no habría defensa posible mientras el combate siguiese su curso.

Sin embargo, eso le había concedido un respiro. Breve, quizá, pero suficiente.

Una vez hubo marcado suficiente distancia de su oponente, Kyrios se dispuso a analizar la situación, buscando la mejor forma de avisarle de que se cocía algo sin llamar demasiado la atención... Era probable que él mismo se hubiese dado también cuenta, pero no estaba seguro de que fuese el caso, de modo que no podía contar con que así fuera. Era demasiado peligroso dejar las cosas al azar, eso sí que lo sabía sobradamente, y él no era de la clase de personas que cometían errores tan garrafales. No usualmente, al menos.

El combate debería continuar, eso lo sabía, de lo contrario atraerían demasiadas sospechas sobre lo que podía haber pasado... Además, la idea de tener demasiados guardias persiguiéndole en aquel momento no le gustaba en absoluto: No es que en otras circunstancias hubiese tenido problemas con ello, pero sabía que sería muy fácil que lo rodeasen y, por desgracia, seguramente el número de enemigos que podía llegar a tener que enfrentar en un segundo sería mucho mayor del que sus capacidades le permitían, especialmente si muchos de ellos podían usar la magia, como imaginaba.  Sí, dudaba que los guardias fuesen especialmente adeptos en la materia, pero había demasiada gente allí buscando ganarse la aprobación del señor de Hosenka como para que no fuesen a aprovechar esa oportunidad de oro para congraciarse con él para siempre.  Aunque seguía sin saber qué demonios debía haber hecho.  Quizá...


"... Mierda, claro. Cuando antes le apunté con mi espada. Para cualquier tipo con dos dedos de frente eso es un desafío en toda regla, y siendo un país al borde de una guerra... Perfecto, Kyrios.  Me jode admitirlo, pero si estos cabrones acaban tirándosete encima te lo habrás buscado tú mismo."


Claro... Joder, ¿es que era gilipollas? En fin, ya buscaría explicaciones más adelante e intentaría ver cómo salir del embolado cuando no tuviese que enfrentarse a aquel tipo. ¿Pero cómo podía neutralizarlo antes de que se levantase? Cualquier ataque cercano corría el riesgo de hacerle demasiado daño como para que luego pudiese contar con él, y antes había dejado claro que el cuerpo a cuerpo no se le daba mal. No es que fuera un cobarde, ni mucho menos, pero una confrontación que los agotase a ambos era desaconsejable si tenían que conservar energías para luchar por su vida. Kyrios, pues, ejecutó varios escenarios en su cabeza, pero la inmensa mayoría eran poco eficaces... Hasta que se le ocurrió algo tan absurdo y ridículo que quizá, y sólo quizá, podría funcionar.  Sonrió tranquilamente, llevándose una mano a la espalda, agarrando su escudo con fuerza.



" No me odies por esto, chico... Pero no me queda otra..."



Y, tras pronunciar aquellas palabras para sí mismo, lanzó su escudo con una fuerza devastadora. El lanzamiento era tan potente que habría podido arrancar la cabeza de un no combatiente fácilmente, y la trayectoria era tan rígida que el viento apenas nada podría hacer por frenarla... Sin embargo, el objetivo real del lanzamiento de escudo no era impactar en el chico y noquearlo de un golpe, aunque fácilmente podría haberlo hecho... No, el objetivo de aquel lanzamiento de escudo era que el crío o bien intentase agarrar la pieza de equipamiento o, por el contrario, le cayese encima aprovechando que todavía no se había levantado. ¿El resultado? Bueno... Digamos, simplemente, que su escudo era mucho, pero mucho más pesado de lo que parecía, al menos cuando intentaba levantarlo todo aquel que no hubiese sido escogido por el arma: Eso implicaba que en cuanto el chico intentase cogerlo, o le cayese encima, el peso sería tan impresionante que sería completamente incapaz de levantarse él del suelo, mucho menos seguir combatiendo.  Y eso le permitiría dejarlo en el suelo el tiempo suficiente para exigir que el juez, si es que todavía seguía por ahí, iniciase la cuenta para dar por finalizado el combate.

Era un problema, de todos modos... Era una apuesta, pues si perdía su escudo estaría algo más vulnerable, dependiendo únicamente de su espada para poder defenderse de un hipotético ataque por la espalda, sin embargo, no sería un problema tan grave como agotar todas sus energías antes de dicho ataque, lo que lo dejaría incapaz completamente de defenderse del mismo. De todos modos incluso si el chico era capaz de conseguir bloquear el ataque se guardaba un as en la manga, teniendo en cuenta que sabía perfectamente cómo lanzar su escudo para conseguir un efecto de rebote que acabaría con él en su mano nuevamente... SI este era el caso, Kyrios no tardaría en cogerlo al vuelo para hacer una repetición de lo que había hecho con el hombre araña, tomando su escudo en el aire y golpeando al muchacho en la cara con él, aunque en vez de ser un ataque de arco descendente, procuraría hacerlo semicircular orientado hacia el flanco derecho, para derribarlo hacia un lado y aturdirlo de esa forma, dando igualmente por finalizado el combate.

Y, si por alguna razón lo conseguía esquivar... Bueno, dependía de si el suelo era lo bastante rígido para favorecer el rebote del escudo. Si esto no era así, tendría que correr hacia donde hubiese aterrizado el escudo, recuperarlo rápidamente y prepararse como buenamente pudiese para un seguro contraataque que, desde luego, estaba claro que no tardaría en producirse.  Por fortuna, incluso sin su escudo contaba con espada y yelmo, si era preciso improvisar medios defensivos y, de lo contrario, seguiría utilizando el Pankration para reducir la capacidad ofensiva y defensiva de su oponente en la medida de lo posible.

Tal como estaba, sus opciones estaban bien claras. Dependiendo de cómo reaccionase el muchacho a su ofensiva él lo haría de una forma u otra, si se veía obligado a utilizar el Pankration esperaría un ataque por parte del muchacho y trataría de intentar una nueva proyección, aunque dependiendo de su posición tendría que variar la naturaleza de la misma: Si cuando el chico se abalanzase sobre él, asumiendo que lo hiciese, había conseguido ya levantarse Kyrios volvería a intentar una maniobra de proyección, barriéndolo con la pierna o el escudo y tratando de rematar nuevamente en el suelo. Si, por el contrario, era capaz de pillarlo antes de que consiguiese levantarse completamente del suelo lo que haría sería rodar por el mismo para aumentar su movilidad y ganar tiempo, para acto seguido lanzar un golpe a las piernas de su rival del mismo modo, fuera con su escudo o con la pierna derecha.  Por otro lado, si era capaz de recuperar el escudo y levantarse la cosa sería más sencilla, porque podría dedicarse a bloquear los ataques y responder con sus propios golpes a los del muchacho... O dejar que el crío se hiciese migas las manos al golpearle en el escudo o la armadura, una opción que no le gustaba demasiado, todo fuera dicho, pero que tenía que valorar igualmente.

Bueno, había hecho planes para casi cualquier contingencia, así que dudaba mucho que el crío pudiese pillarle con la guardia baja... Irónicamente, en este caso no era exactamente él quien le preocupaba, sino los que había cerca. Normalmente adoraba que la gente jalease su nombre, le hacía sentir bien, que había llegado lejos, pero en aquellas circunstancias lo único que podía pensar es que le estaban pintando una diana en la cabeza del tamaño de Fiore lo que, quisiera uno que no, siempre acababa oscureciendo un pelín la cosas.  Por no decir que acababa jodiéndolas del todo.  Puta mierda, lo único que había ido a hacer allí era detener una guerra y, quizá, divertirse un poco con unos cuantos combates, ¿por qué demonios tendrían que haber salido las cosas así de mal?  Para una vez que podía presentarse a un torneo para hacer tragarse sus palabras a un noble de mierda, y resultaba que lo primero que hacía era cagarla provocándole para uqe le lanzase encima todo el peso de su guardia... Posiblemente.

Sí, definitivamente, iba a tener que aprender a mantener cerrada su enorme bocaza. O a intentar controlarse en sus gestos. O quizá ambas. En fin... El escudo ya volaba. Que fuese lo que los dioses quisiesen.



Spoiler:


He tenido que postear para evitar la posibilidad de un ataque por el límite de 48 horas.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

Mensaje por Ragnar el Vie Jun 06, 2014 1:54 pm

El contraataque de Ragnar no tuvo efecto, de echo, fue un gran error por parte del encapuchado por suponer que haría su oponente. Estando en el suelo pudo evitar el puño de su oponente, y cuando intentó atraparlo con sus piernas, el espadachín saltó hacia atras evitando así en agarre. *Esto está demorando mas de lo que pensaba* Se dijo a sí mismo en el momento en que se paraba, quedando de frente a su oponente que estaba tomando el escudo de su espalda.
El chico con armadura hizo algo poco ortodoxo; lanzó su escudo hacia Ragnar. Perder su principal objeto defensivo de esa forma era bastante temerario, por no decir idiota.
De todas formas, como Ragnar ya estaba de pie, pudo ver bastante fácil la trayectoria del escudo, y así esquivarlo saltando por encima de este y golpeándolo con el pie para desviar su trayectoria. Por simple física, el escudo siguió en el mismo sentido con el que venía, aunque por la patada de Ragnar, el escudo se desvió un poco en la forma en la cual iba a revotar en el suelo, haciendo que simplemente se arrastre hasta quedar al borde de la arena.
La forma en la que Ragnar saltó le permitió quedar cerca del escudo, el cual agarró, del agarre en la parte interna del mismo *Te lo devuelvo. Es estúpido que lo pierdas* Dijo Ragnar para luego tirarle el escudo a su legitimo dueño, con la simple intención de devolverle el escudo, cosa bastante notoria ya que lo lanzó solo con el necesario esfuerzo para que llegara hasta donde el chico con armadura se encontraba.
Ragnar se colocó en posición de combate y comenzó a moverse en circulo alrededor de su oponente, esperando a ver que hacía este.

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Técnica oculta.
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Re: Misión Rango C: "El Camino de la Espada"

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