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Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

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Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Ethereal Master el Dom Jun 01, 2014 6:03 pm





¡Zorro no te lo lleves! · Rango: D · Ubicación: Isla Galuna

Recientemente el ganado de los habitantes de la isla ha comenzado a desaparecer sin dejar rastro alguno. Los campesinos están desesperados y no logran encontrar la causa de las desapariciones. Se quiere suponer que todo es culpa de algún tipo de bestia, pero las pisadas que se encuentran parecen ser de alguien bípedo y humano lo que hace crecer la duda entre los habitantes y siembra la discordia en aquella isla. Se solicitan magos para que lleguen al fondo de este asunto y apacigüen a la población de la isla.
Cantidad de posts: 7 posts de 10 líneas · Reward:  500 Jewels



En este post se llevará a cabo la misión "¡Zorro no te lo lleves!" del Tablón de Misiones Globales para Magos Independientes y estará disponible hasta ser completada.
A esta misión se aplican las Reglas de Trabajos.





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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Heihachi Metal Maniac el Vie Jun 13, 2014 3:16 pm

En la parte baja de una de las colinas -donde la arboleda empieza a perder terreno- vive uno de los hombres con la infame anatomía demoniaca. Siendo parte de una tribu en la que todos son amorfos pero que se engloban como demonios, es difícil destacar entre los suyos. Sin embargo, él lo logró. Ganó popularidad en toda la isla al ser, por mucho, el demonio más inexpresivo y sereno. Se llegó a rumorar que es el único superviviente de los conquistadores de la isla. Hay quienes cuentan anécdotas increíbles de sus batallas, jurando haberlas oído de sus propios labios. Dado que en Isla Galuna no cuentan con un registro de sucesos antiguos, los rumores se han vuelto muy creíbles y algunos los llegan a llamar "verídicos", aún sin tener con que demostrarlo.

La particularidad que le dio renombre se ve apoyada en su apariencia física. La piel, color negro azabache, le cuelga en el rostro como si éste se derritiera de a poco. Sus ojos son difíciles de distinguir ya que no sólo son rodeados por arrugas, también por unos párpados carnosos y al menos tres verrugas belludas. Dejando de lado su acabada fisonomía, es apreciable a simple vista lo robusto de su cuerpo. Pareciese que la longevidad, futuro inesquivable, sólo se cernió arriba de su cuello.

Heihachi no esperaba toparse con una organización tan llamativa en su primer trabajo. Pensó que encabezaría la búsqueda de un niño extraviado o a lo mucho atraparía a algún raterillo de leche. Él tuvo buena parte de culpa al tomar una labor que venía de una isla poco visitada y seguir adelante aún cuando los barqueros le advirtieron de lo que encontraría. Velo como una oportunidad de estudiar otras especies con supuesta inteligencia, se dijo para sí; luego se internó en el bosque, siguiendo la dirección que le indicaron para llegar a la Aldea de los Demonios.

Como el niño que se relaja al ver que el monstruo verde de ojos rojos con vivienda en su clóset es en realidad un sweater color pasto con abotonado colorado, Heihachi soltó el aire que contuvo en su angustia al ser recibido amistosamente por los demonios. Le ofrecieron agua, fruta exótica y una choza dónde quedarse al caer el sol. Sólo aceptó lo que creyó indispensable y empezó con la averiguación. — ¿Podría mostrarme en un mapa o describir claramente cómo fue desapareciendo el ganado? —Con la respuesta, Heihachi esperaba encontrar un patrón en las desapariciones, ver si circundaban una zona en la que seguramente se encontraba el responsable, o cuando menos aminorar el área de búsqueda. — Lo siento, pero yo no tengo mucha información de esta situación. Sólo te recibo porque es mi deber —era notable la vejez en su voz, acorde a su apariencia. Poco antes se había presentado como el líder de la pequeña villa, lo que daba a suponer que él sabría darle pistas al mago—. Pero sí sé quién puede ayudarte. —Y le dio los datos del susodicho. Lo primero fue el nombre: Kiyomasa.

Heihachi tuvo que cruzar media isla para encontrarlo. Se adentró solo en el bosque tropical, utilizando sus enormes guantes como fundas para cuidar sus brazos y a la vez de armas para deshacerse de ramas, lianas e insectos con apariencia venenosa. Empezaba a cuestionarse si valía la pena hacer eso por 500 jewels, cantidad que podía conseguir con facilidad pidiéndosela a sus padres. No le costó mucho deshacerse del pensamiento pesimista. Al fin, pensó al salir de la línea de árboles. Brincó una valla que servía para reestringirles el paso a algunos vobinos que pastaban dentro de ella. Caminó otro poco y llamó a una puerta. Los pasos que se producieron dentro, lentos y pesados, le aseguraron a Heihachi las descripciones que recibió sobre aquel hombre. — ¿Qué quieres? —Preguntó con rápidez al abrir la puerta. Su voz y rostro agrios rompieron el esquema que el mago había formado sobre los demonios de la isla. — Soy el encargado de encontrar al ladrón de ganado. Vengo a hacerle unas preguntas —declaró sin titubeos. El mayor echó un vistazo afuera como si no hubiera tenido noción del tiempo. Regresó la mirada al joven y respondió: — Hoy ya es tarde, está por anochecer. Mañana temprano te responderé lo que quieras —y sin esperar una respuesta, se dio la vuelta. Heihachi supuso que tenía que seguirle, pues le daría asilo; pero la puerta le fue cerrada en la cara, estando a punto de estrellársela en la nariz.

Puto viejo, insultó con enojo. Se había jurado no meter su pasatiempo de estudio humano en el trabajo, pero cuando el coraje te hierve en el pecho, la cabeza sale muy caliente como para pensar.

Resignado pero viendo eso como un inicio no sólo del trabajo, sino también de una especie de venganza, Heihachi volvió al pequeño pueblo para hacer uso de la choza que le ofrecieron. Al día siguiente esperaba cumplir sus dos nuevas metas.
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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Heihachi Metal Maniac el Vie Jun 13, 2014 9:29 pm

Despertar en una de las chozas de la Aldea de los Demonios significó la primera mañana en mucho tiempo que no lo hacía por los ruidos estrésantes de Magnolia. No había comerciantes discutiendo por el espacio entre sus vitrinas ni vecinos alistándose para sus trabajos. Pero sin duda alguna lo que más agradeció no haber oído fue al tren que a diario pasaba a sólo una cuadra de distancia. Ahí, recostado en un petate hecho de lianas, durmió y despertó placenteramente.

La puerta de la pieza eran ramas atadas con lo que parecía ser pelaje de animales silvestres. Entonces, ésta tenía ranuras entre las ramas que dejaban entrever las actividades que llevaban a cabo los miembros de aquella tribu. Estaban los que cocinaban sobre una fogata y los que calentaban tortillas sobre las brasas de una ya apagada. Algunos, sudando pero no cansados, dejaban sobre el suelo cubetas con agua. Entre sólo tres criaturas ya llevaban una fila de diez cubetas. Por lo que supo Heihachi, la fuente de agua potable más cercana se encontraba a dos kilometros, volviendo a esa tarea un signo de admiración. Todas esas labores de supervivencia, tranquilas y sin desperdiciar recursos, le dieron al joven una razón más para criticar a los humanos, llevándose a él con ellos. Apuesto a que ellos no tienen que trabajar ni siquiera ocho horas diarias, intuyó justo antes de vestirse e iniciar su partida de vuelta a con Kiyomasa.

Esta vez sintió el viaje más ligero. No es que se hubiera acostumbrado, sino que había encontrado un motivo que sí lo mantenía alejado de las molestias. Al llegar con el anciano, éste se sentó en la orilla de la banqueta de su casa y esperó -sin invitarlo- a que Heihachi hiciera lo mismo. — ¿Y qué quieres saber? —Preguntó con seriedad, mirando a sus vacas. Parecía que cedió a la entrevista más por compromiso que por deseo de hacerlo, y así era. — ¿Dónde comenzaron los hurtos? ¿Quiénes han sido los afectados? ¿Hay testigos que hayan visto o sepan de una pista? ¿Cada cuándo y en qué lugares han robado? Si es que sabe, también dígame la cantidad de ganado. —Kiyomasa meditó por casi un minuto su respuesta. Se turnaba de mirar a sus reces a ver el infinito encima de los árboles. — La primera presa fue una de mis vacas. Después las desapariciones siguieron esa dirección —apuntó a su izquierda. Un largo camino empastado había de ese lado—. No sé si alguien ya haya visto al ladrón ni tampoco la cifra de pérdidas. Te puedo dar la mía, como ya te dije, una vaca.

El castaño no supo qué responder. Le había quedado claro que Kiyomasa no sabía más nada, y de caso contrario, no estaba dispuesto a revelárselo. Imaginando que no había mentido en lo que dijo, se decidió por ir a buscar más informes en alguna granja vecina. Dejando sus costumbres de lado e iniciando con unas nuevas que supuso, debía tomar en todos sus trabajos, fue agradecido con el anciano por la información diciendo además que le fue de mucha ayuda -sin serlo. Se puso de pie y se marchó tras habérsele negado un apretón de manos.

A unos quince kilometros siguiendo la izquierda de Kiyomasa, el mago se topó una familia dedicada a la exportación de una raza exótica de cerdos. Su carne, según palabras del alegre dueño, era de "sabor endemoniadamente rico". Heihachi soportó la historia de cómo los abuelos de aquel demonio iniciaron con la tradición de los cerdos, la de amor con su esposa y al menos cinco anécdotas aparentemente divertidas; aunque sólo esperaba el momento en que el viejo se reía para carcajearse igual. Entonces el sujeto se calló un momento para recuperar saliba bebiendo un vaso de agua. Heihachi, sin desaprovechar la oportunidad, soltó la primera pregunta. — Supongo que a usted también le han robado, ¿cierto? Ya sabe, el sujeto que ha causado polémica últimamente. —Esperó a que el tipo pudiera hablar. — ¡Pero claro! ¡Ese desgraciado no respeta ni a los cerdos! Aunque no me sorprende, ¿quién podría resistirse a robarme con tan buen sabor que tienen los condenados? ¡JA, JA, JA, JA! —Heihachi rió también pero hizo la segunda pregunta antes de que el viejo pudiera irrumpir con otra historia aburrida. — ¿Y usted ha visto al ladrón o conoce de alguien que sepa algo, cualquier cosa? —Trataba de no mostrarse insistente, pues seguro ése era el tipo de personas con el que aquel viejo no gustaba de platicar. Era claramente de los que sólo quieren ser escuchados. — Pos la mera verda' yo no vi nada. Me robaron por la noche y mi sueño es muy pesa'o. Pero quien sí sabe y mucho es un viejo ermitaño que vive cerca de aquí. Seguro viste su casa, está por el camino que llegaste. —El mago rió en respuesta, por primera vez en toda la conversación había reído sin fingir. — Qué va, ese viejo apenas y me ha dicho dónde han robado —y acabó con otra risa. — ¡Imposible! Si ese viejo se la pasa presumiendo por toda la isla que ha visto al ladrón, que sabe en dónde vive y que no tardará en atraparlo —Heihachi se sorprendió; por poco y no saltaba de su asiento. Si algo había descubierto desde que empezó a platicar con aquel hombre es que decía la verdad y con lujo de detalles, ¿cómo no lo sería después de revelar lo que pasó en su luna de miel con un desconocido? — A él también le robaron, ¿cierto? —Tras su pregunta destapó más mentiras en Kiyomasa. Él contaba que nunca había sufrido de hurtos y que tampoco pasaría porque vigilaba sus reces noche y día. Sumándolo a lo otro, Heihachi llegó a una resolución. Kiyomasa es el ladrón. ¿Quién más si no él? Miente acerca de que sabe dónde encontrar al supuesto ratero porque así nadie más intentará hacerlo. Inventa que vigila sus vacas para alejarlo aún más de sospechas y no quiso decirme nada a mí por miedo a ser ese alguien que lo desenmáscare. No dudó un segundo más. — Lo siento, tengo que marcharme. —Se despidió del hombre justo cuando éste empezaba a preguntarse el porqué de que Heihachi se hubiera quedado pensativo.

Aunque saber que Kiyomasa lo había engañado por completo le enfureció más, tener en cuenta que él era el ladrón le regaló el enganche para su festejo ante su siguiente jugada, en la que acabaría el trabajo y cumpliría su venganza. El enganche fue una sonrisa de medios labios.
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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Heihachi Metal Maniac el Dom Jun 15, 2014 1:32 am

Cuando un depredador se decide por buscar una presa es porque le llega el hambre, pero en el momento en que está llevando a cabo el acecho olvida su propósito y se fija la única meta de asesinar a su presa. Asimismo, Heihachi dejó de lado el objetivo de divertirse -que estaba cumpliendo- por concentrarse en el cumplimiento de la misión y la venganza contra Kiyomasa, el presunto culpable de los robos de ganado.

El sol, por estar en la cúspide del cielo, dejaba caer sus rayos con mayor fuerza. Las hojas de la arboleda reflejaban dichos rayos en un brillo resplandeciente. De tener una vista áerea, sería hermosa.

Faltándole poco menos de medio kilometro para llegar hasta donde Kiyomasa, Heihachi se estremeció ante el estruendo de un disparo. Volteó a sus laterales enmedio de un pensamiento. Me ha pillado. Por su inexperiencia en batalla, el joven mago se quedó estático pero buscando con la vista y bruscos movimientos de cuello el origen de los tiros. Después del tercer, supo que surgían muy lejos como para ser dirigidos hacia él.

Se escondió entre el sombrío bosque, aumentado en oscuridad por destacar del resto del paisaje muy iluminado. Mantuvo una distancia corta con respecto al camino libre para no perderse la dirección. Cuando llegó al márgen del bosque -donde iniciaban los dominios de Kiyomasa y su tierra para pastar- no tuvo que quedarse a tientas pues al momento distinguió la silueta del anciano. Estaba a la interperie, a escasos metros de su casa. Tenía sujeta una escopeta y en su pecho, que llevaba a rastras sobre la banqueta, se ampliaba un charco de sangre.

Olvidando quizás las pruebas que había conseguido y haciendo caso omiso a sus más bajos instintos, acudió a socorrerlo. — ¡Kiyomasa, ¿qué ha pasado?! —Gritó al echar carrera. El viejo volteó a verlo y parecía querer decirle algo con urgencia, pero incluso sus pies trotando sobre el pasto eran más audibles. Ante la espectativa, no vio venir el disparo que provino desde su izquierda; el que pasó a unos centímetros de su cara. Inmediatamente viró la mirada y centró a un sujeto que huía en dirección contraria, apuntando un arma en su dirección. Por primera vez desde que llegó a la isla, Heihachi demostró lo que verdaderamente hacía un mago durante una misión. Detectar al enemigo y usar sus poderes contra éste. — ¡Metal Make! —Exclamó al juntar sus dos manos. Sin dejar de correr, golpeó sus manos en otro par de posiciones y volvió a gritar. — ¡Jihatsu-tekina buki! —Justo cuando acabó también terminó de formarse un bate en su mano izquierda. Colocó esta arma a la altura de su rostro y tanteó la dirección de los disparos del enemigo para bloquearlos. Le fue difícil puesto que la velocidad era casi impersceptible, pero pudo mover bien el bate para cambiarlo de sus piernas a la parte alta de su cuerpo, según fuera el caso. Para su suerte, no tuvo que desgastar el arma ya que como ambos estaban en movimiento los disparos no fueron certeros.

El sujeto terminó por llegar al bosque mientras que Heihachi dio un salto para caer al lado de Kiyomasa. — ¿Estás bien? ¿Puedes levantarte? —Tras una pequeña inspección logró colocarlo sobre su hombro, lo cargó hasta dentro de la casa y las explicaciones siguieron sobre el sofá.

Por lo que dijo el viejo, el tipo de los disparos había sido el ladrón. Lo sorprendió tratando de robarle una de sus reces y quiso herirlo con su escopeta para después llevarlo con las autoridades. El ratero sacó su propia arma e intercambiaron unos pocos tiros hasta que Kiyomasa resultó herido. Heihachi se reprimió el deseo de encararlo por las mentiras que dijo. — Joven, —mencionó el anciano luego de vendar su herida y sentirse más tranquilo— te pido que dejes tu investigación.

Jihatsu-tekina buki (自発的な武器, Arma Espontánea)
Se trata de la creación de armas hechas enteramente de metal. Pueden ser desde armas simples como un tubo o una ganzua hasta una guadaña con un buen confeccionamiento y detallado. Al ser de metal, y como ha de esperarse, la creación en cuestión puede llegar a bajar la velocidad del usuario si el arma es grande y con mucho peso. Si el usuario tiene una buena fuerza puede portar armas pesadas sin verse afectado.
D: Un arma por uso. No puede superar los dos metros.

Magia: 5-1: 4.


Última edición por Heihachi Metal Maniac el Lun Jun 16, 2014 8:42 pm, editado 1 vez
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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Heihachi Metal Maniac el Lun Jun 16, 2014 2:12 am

Heihachi sentía capas sobre su cabeza. Durante toda su vida había podido preveer lo que la gente le diría, incluso en ocasiones les contestaba antes de que le dijeran algo; nunca erró en sus predicciones. Sentía que su mente se abría y englobaba los pensamientos de quienes le rodeaban. Ahora, frente a Kiyomasa, su mente estaba encapsulada entre sus orejas, lejos de los pensamientos del viejo.

— ¿Y tú de qué vas? —Preguntó, frunciendo el rostro de preocupación para convertirlo en uno de desapruebo— Salvo tu vida, alejo al ladrón de tu casa, no te recrimino que me hayas mentido, ¿y ahora me pides que trunque mi trabajo, así nomás por los cojones? —No se sentía cómodo usando ese vocabulario con un anciano pero por lo sucedido le valió un cacahuate. — Enserio, vete a casa —insistió Kiyomasa. El mago notó en él la expresión de quien se traga el orgullo para tratar de verse amable, pero también de quien lo hace porque tiene algo que esconder—. Hazlo, por favor. —Concluyó.

Heihachi dio vueltas en la sala de estar, barriendo con la vista toda la pieza, pensando. El anciano tenía la esperanza de que terminara por tomarle la palabra, pero Heihachi ni siquiera estaba considerando la opción de botar el trabajo, tan sólo buscaba la oración y el argumento perfecto para hacérselo saber. Extrañamente -y quizá por primera vez en su vida- sentía la necesidad de ser sutil, como el pariente lejano que nunca visita a la tía pero en el velorio de su esposo cree tener que darle las condolencias. Elegir el grupo de palabras es incalculablemente difícil.

— A ver, —comenzó— digamos que me voy, dejo todo como está y hago la vista gorda. ¿Quién será el que gane? Yo perderé lo que he invertido ya en el viaje, los ganaderos seguirán sufriendo pérdidas de animales, tu propia vida puede correr peligro. Dime tú, ¿quién gana? —El ladrón, él es el que gana, esperaba que contestara el viejo. — Si es por el dinero, yo te reembolso y te doy lo que habrías ganado de cumplir la tarea. —Ofreció con la mirada baja, voz débil. Heihachi sonrió un segundo y al otro soltó una risa entre dientes. — ¿Crees que hago esto por plata? —Inquirió con los brazos elevados— Te sorprenderías si te dijera la cantidad que hay mi cuenta de banco. —En cuanto acabó la respuesta una idea llegó a su mente. Fue como si en su subconsciente hubieran quedado residuos de la duda: ¿Y si Kiyomasa ha mentido en todo?— Espera —irrumpió volteando la vista abruptamente—, ¿por qué habrías de pagar todo eso para que me vaya?

Kiyomasa quedó mudo. El mago lo miró callado por varios segundos, y el viejo no parpadeó ni una vez. — Por tu seguridad, eres muy joven e inexperto como para enfrentarte a él —no convenció ni un poco a Heihachi. Lo supo al momento, ¿cómo podría creerlo cuando hasta el momento no había demostrado tenerle agrado?—. Está bien, de acuerdo, te diré la verdadera razón. Sólo espera aquí, para que entiendas necesito mostrarte algo.

El viejo se levantó de su asiento con una expresión de dolor. Se dirigió hacia la cocina cubriendo su pecho con la mano. Heihachi lo dejó marcharse porque supo que no trataría de escapar, no podría en su estado. En lo que regresaba trató de predecir la historia que contaría y el objeto que traería. Reunió rápidamente todas las piezas que había obtenido sobre la mentalidad del viejo. Supuso que desvelaría hechos de su vida en los que se vería su lado sensible; quizás el objeto era un álbum de fotos.

Pero nada de eso pasó, el objeto nunca llegó, Kiyomasa no regresó. ¿Escapó?, se preguntó al levantarse del sofá con incredulidad. Dio un par de pasos lentos e indecisos, luego echó carrera para tratar de alcanzar al viejo antes de que llegara muy lejos. Lo primero sería entrar a la cocina para ver qué dirección tomó. Justo cuando abrió la puerta, un trozo de metal apareció frente a su rostro. Lo siguiente fue oscuridad.
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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Heihachi Metal Maniac el Lun Jun 16, 2014 10:00 pm

Pasó por tres oportunidades de despertar antes de lograrlo. El dolor en su cabeza lo noqueó las primeras dos veces. La imagen era confusa, de color café. Cuando pudo disipar lo borroso vio que estaba viendo el suelo hecho de madera que había en casa de Kiyomasa. Inmediatamente resolvió lo adormecido en su cuerpo, sintiendo el frío de dicha madera en toda la parte diestra. En cuanto acabó con los malestares físicos -dejando sólo el punzante dolor de cabeza- continuó con despejar su mente. No tenía claro qué había pasado, ni siquiera los tiempos transcurridos; pero con un poco de concentración pudo rememorar lo esencial. Había entrado a la cocina para buscar a Kiyomasa, éste lo golpeó con una sartén o quizás algo más fuerte. Aunado a aquello, sus sospechas se habían destapado como ciertas. Kiyomasa era cómplice del ladrón y por eso lo dejó inconsciente para poder huir. Aunque lo más importante no era eso, al menos no para el mago. Lo que realmente le hacía arder en coraje era que al final de todo el anciano logró confundirlo, engañarlo: superarlo.

Hostia...

De no ser porque sabía controlarse tal vez hubiera hecho un desastre en la casa de Kiyomasa antes de abandonarla. Sólo tomó su bate de metal y salió. Rosaba el suelo con el arma, moliendo el pasto que al día siguiente seguro se secaría, dejando una línea café destacando sobre el pastizal. Además de eso, también traía a rastras el orgullo. Vencido por un vejete, ¿qué tan mal puede sonar aún si se endulzaran las palabras? No tenía con qué defenderse de todos los insultos y recriminaciones que se hacía a sí mismo. Cuando la derrota le llega a un continúo ganador, la caída mental es más profunda.

Fue hasta que estuvo en los fríos y oscuros adentros del bosque que empezó a razonar. ¿Cómo podría ser Kiyomasa cómplice del ladrón si éste le disparó a matar? Como Heihachi ya estaba en un estado donde siempre estaría contrapuesto a confiar en el viejo, encontró una respuesta. Quizá el disparo nunca fue real, sino que sólo actuaron para que el mago dejara de pensar que el viejo tenía algo que ver. Sin embargo, pensó Heihachi, ¿no habría limpiado la mancha de sangre para no dejar huellas? Aunque lo intentó, supo que no había contrarespuestas a eso. No había razón para que Kiyomasa dejara un rastro de sangre, sabiendo que el joven lo seguiría como lo estaba haciendo ahora.

Ya era de noche. La característica fresca de aquellos lares se había convertido en una corriente helada que tenía a Heihachi con los dientes castañeando. El arma empeoraba todo, engulliendo el poco calor que llegaba a formarse en su mano. Más te vale seguir vivo, se dijo pensando en Kiyomasa, por tu puta madre.

Hacía horas que había perdido el rastro carmesí. Ahora caminaba sin rumbo, probablemente en círculos. Era movido por la esperanza de volver a hablar con el viejo para aclarar todo. Le era muy frustrante no saber lo que ocurrió ni lo que seguía ocurriendo. Nada estaba bajo su control, lo cual odiaba.

Escuchó el eco de un grito pero lo ignoró; era demasiado exacto como para no ser un efecto de su mente, de esos que imitaban la escena que deseaba ver, en la que estaba Kiyomasa sufriendo y pidiendo perdón por pasarse de listo. Entonces el ruido volvió, penetrando más profundo en su oído. Se quedó inmóvil un momento. ¿Qué haría si realmente era Kiyomasa el que gritaba? ¿Y si estaba peleando con el ladrón? ¿Le ayudaría, se uniría a un bando? Sin hacerse otra pregunta más se echó a correr, siguiendo el sonido.

La oscuridad se sumaba a la rápidez con que corría para llevarlo a chocar con múltiples ramas y arbustos altos. Casi hasta el final fue cuando pensó y comenzó a quitar todo a su paso con el bate. Muy tarde, pues a donde iba estaba un incendio y éste iluminaba una buena parte a sus alrededores. Estando a tres árboles de llegar al sitio en llamas, se detuvo. Miró atento el lugar para dar cuenta de lo que sucedía.

— ¡Sal de donde estés, cabrón! —gritó alguien fuera de su vista. Sin embargo, reconoció la voz como la de Kiyomasa. — ¡Serás cobarde! —Ofendía. Heihachi se acercó otro poco, quedando detrás de unos arbustos que apenas empezaban a consumirse por el fuego. Miró por encima de las hojas.

— ¡JA, JA, JA, JA, JA! —Gritó el ladrón, saliendo de entre las sombras. El anciano alcanzó a darse la vuelta para cubrirse del ataque ígneo que lanzó el sujeto. Se trataba de una ola de fuego que cubrió todo el cuerpo del demonio, borrando de la vista de Heihachi toda pista de su existencia.

El mago perdió el aliento. No era miedo, sino desconcierto. Cuando la ola fogosa se elevó hasta disiparse, volvió a respirar. Kiyomasa seguía vivo. — No me equivoqué, eres un cobarde que ataca por la espalda. —Mencionó mirando al ladrón por encima de sus brazos que aún seguían cruzados. Varias manchas rojas ardieron en toda su armadura mientras hablaba, acabando por desaparecer. — ¿Siempre eres tan fastidioso cuando peleas? —Inquirió el ladrón. Kiyomasa se quedó mudo, pero no sin palabras. No quiso responderle a su enemigo porque lo dicho le había recordado el porqué de estar epelando ahora mismo con él. — Tienes razón, no hablemos. —Declaró el anciano. Los dos se echaron a correr simultáneamente. Dieron un salto en mitad del camino y chocaron el puño de acero del demonio contra la espada del otro. Hicieron eso mismo -Kiyomasa intercambiando de mano- hasta llegar al suelo, donde la riña se volvió de fuerza ejerciendo un empuje con ambos brazos. Los dos querían insultar al otro ahora que lo tenían frente a frente, pero la fuerza con que eran empujados no les daba paso a hablar. Entonces, sorpresivamente, Kiyomasa resbaló.

El ladrón aprovechó el momento blandiendo su espada con rápidez. El fornido demonio, ahora en el suelo, miró su derrota y consecuente muerte en el rostro imponente del ladrón. Una expresión de horror y su corazón latiendo a trote hicieron que sintiera todo a un tiempo más alentado. Ese mismo efecto fue el que le ayudó a ver cómo Heihachi caía desde arriba, golpeando al ladrón con el bate.
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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Heihachi Metal Maniac el Mar Jun 17, 2014 1:19 am

En una ocasión Heihachi hizo un experimento en sí mismo. La curiosidad lo tentó a pensar que realmente no se conocía, que si aplicaba sus conocimientos en él mismo encontraría una noción diferente a la que creía tener. Se colocó frente a un espejo y fijó una meta de dos horas viéndose a los ojos. No pensaría en nada más, nada importaba; por ese par de horas sólo viviría con la razón de verse. Sería el descifrado más fácil. Si podía identificar y catalogar a una persona en cuestión de minutos luego de conocerla, ¿cómo no podría hacerlo consigo mismo en menos de dos horas cuando ha vivido toda su vida estando al tanto de sus movimientos? No había márgen de error.

El final fue más que traumante. Realmente consiguió entrar en un estado de concentración total. Primero se miró y sintió que seguía una rutina normal. Tras unos segundos empezó a detectar pequeños detalles en su rostro, facciones a las que nunca le había prestado atención. Después vino una ola. Fue como si dejara de ver su rostro y a través de sus ojos llegara a los adentros de su cabeza. Vio recuerdos, pensamientos fuertes, pensamientos vanos, sentimientos, conocimientos, aptitudes. Retiró la vista e inmediatamente miró el reloj, sintiendo que habían pasado días. Sólo fueron tres minutos.

Tras meditarlo por varios días -en los que no se vio a los ojos por una especie de temor- concluyó que aquello se debió a que encontró algo en él que era aberrante, piezas que encajaban en un todo horrible. Había visto con lujo de detalles la parte mental que lo hacía humano.

Heihachi no pensó en ello en ese momento. Sin embargo, era una prueba irrefutable de esa teoría. Había actuado bajo el arrebato de colapse emocional más que uno racional. Para su suerte, ambos encajaron a su beneficio. Si no hubiera atacado al ladrón cuando éste estaba ocupado tratando de asesinar a Kiyomasa, probablemente luego no conseguiría otra oportunidad de ganarle; en el mejor de los casos sólo habría podido abortar la misión para salir vivo del sitio.

El golpe le dio al ladrón en la parte posterior del cuello, en el punto exacto del desmayo. Su cuerpo cayó al suelo sin ninguna delicadeza, quedando entre las piernas abiertas del anciano. — Joven... —mencionó el viejo sin encontrar cómo llamarlo— ¿Qué hiciste? —Añadió en un tono de reproche.

Heihachi volvió a sorprenderse. ¿Acababa de salvarle la vida y estaba molesto? Al no encontrar otra respuesta lógica, acabó por intuir que el viejo estaba loco. Aún teniendo ese pensamiento bien en mente no aguantó las ganas de devolverle el reproche. — ¿Te enojas conmigo? ¡Te enojas conmigo! Si no hubiera llegado... —se calló un momento, desviando la mirada, buscando una frase más recalcante—. Si no te hubiera salvado habrías muerto. —Quiso crear una escena de reflexión, pero el silencio no se hizo presente. — Tú no entiendes... —hizo reír a Heihachi— Esta era mi oportunidad para hacerme notar —la risa del mago se apagó. Toda su atención se centró en el viejo— ¿Acaso has investigado al menos un poco sobre mí? En esta isla soy considerado una leyenda viviente, el Demonio Mayor. Se cuentan historias increíbles de mí, algunas inocentes para los menores. Sólo que nada de eso está sustentado, ningún habitante me ha visto lograr nada maravilloso. Cuando supe que había un ladrón de ganado vi mi oportunidad para llenar de verdad todas esas historias. Conté que le había visto, que era alguien muy poderoso. Quizá alardee de más y por eso te mandaron llamar. Tampoco pensé en la posibilidad de que este tipo fuera realmente poderoso. Llegaste a arruinarlo todo... pero también enmendaste mi error. —La reflexión terminó por sí llegar en Kiyomasa.

Heihachi, al terminar de procesar la información, sonrió por encontrar las respuestas que buscaba, luego soltó la primera respuesta que se le vino a la mente. — Serás idiota. ¿Por qué dependes tanto de lo que digan los demás sobre ti? —Sentía una enorme tranquilidad al poder tratar al anciano como una persona débil, otra oveja más. — Porque mi final está por llegar. Ya estoy muy viejo. Aunque esos méritos no los gané realmente, prefiero que se piense que sí a que perdure la duda de si soy una farsa. —Heihachi no pudo entender esa necesidad— Cuando tengas mi edad entenderás —finalizó Kiyomasa como si le hubiera leído el pensamiento.

Heihachi no dio otra respuesta. Se dijo a sí mismo que no lo hacía porque no tenía caso, pero la verdad era que no había encontrado un argumento fuerte sobre el que sustentarse. — ¿Sabes el camino de vuelta a la Aldea de los Demonios? —Preguntó luego de unos minutos de silencio en los que ató al ladrón y lo colgó sobre su espalda. El anciano no dijo nada pero lo guió hasta allá.
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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

Mensaje por Heihachi Metal Maniac el Mar Jun 17, 2014 11:22 am

A pesar de que no tenían mucho que platicar, la conversación de regreso al pueblo fue larga y tendida. Heihachi le platicó todo lo que estuvo sospechando de él y la manera tan sobresaltada en que lo sorprendió con cada cosa que hacía. Kiyomasa no paró de reír al escuchar aquello -era la primera vez que reía en décadas. Al final concluyeron que Heihachi había ganado en cuanto al desmembramiento de la verdad. Por otro lado, el viejo aceptó que Heihachi se llevara el mérito por haber derrotado al ladrón, como debía ser. El mago le comentó que no bastaba con tener dinero para ser un buen hechizero, también hace falta ser reconocido como tal y para eso necesitaba que el Consejo de magos viera sus capacidades a través de sus trabajos completados. Lo que más sorprendió a Kiyomasa fue saber que toda esta historia del ladrón quedaba como un trabajo de nivel D, el más bajo de todos.

Con Kiyomasa herido y Heihachi cargando un cuerpo, el viaje se volvió tardío. Para cuando divisaron la serie de chozas, el cielo estaba amanecido. — Desde aquí puedo volver solo a casa, gracias —comentó el viejo que ahora se sentía en confianza con el mago. Heihachi se rió por lo bajo. — ¿No piensas despedirme cuando me marche? —La pregunta pareció estrellarse en el rostro del demonio, convirtiendo su fisonomía serena en una mezcla de asombro y afecto. Pensó que esta sería la despedida definitiva, no sólo por la profesión del mago, sino por su propia edad. — Tienes razón —cedió.

El viejo con finta de líder que recibió a Heihachi tras su llegada fue el primero que lo felicitó por la captura del ladrón. Después, conforme iban reconociendo la situación, más aldeanos se le acercaron hasta terminar por formar un círculo alrededor suyo. Kiyomasa había quedado fuera de esta figura. — Ya les digo, fue un enemigo excepcional, de los más poderosos que jamás he visto. No me sorprende que nadie hubiera podido con él. Lo que es más... —suspendió al ver el rostro lívido del viejo demonio— ni yo mismo habría podido de no ser por la ayuda de este gran hombre, Kiyomasa —todas las miradas siguieron la dirección que apuntaba el mago, enfocando al viejo. Hubo un instante de sorpresa en el demonio en el que quebró toda facción arrogante de su cara. Observó la admiración en los rostros de todos. Al final del pasaje vio a Heihachi con una sonrisa elevada a casi una risa. Le sonrió igual. Los aldeanos, en tanto, les dedicaron una ronda de aplausos a su par de héroes.

Un grupo de cinco demonios -incluido Kiyomasa- escoltó al mago hasta la salida de la isla. No tenía necesidad de tener seguridad, y no cumplían ese objetivo meramente, tan sólo eran demonios que querían seguir viendo a su héroe antes de quedarse sólo con uno. En especial fue Kiyomasa quien no quería perderse detalle alguno de su partida. Reconoció que aquel joven había dejado una marca en él, una imborrable. Además de arrebatarle sus primeras risas y sonrisas en mucho tiempo, le regaló más tiempo de vida -al salvársela- y de buena vida por haber cumplido su sueño de convertirlo en leyenda verídica.

No hubo un gran show cuando Heihachi se fue al fin, tan sólo un apretón de manos y un último cruce de miradas. Dos hombres cediendo afecto en su faceta de orgullosos.
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Re: Misión Rango D: "¡Zorro no te lo lleves!"

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