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A Nightmare - Is born.

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A Nightmare - Is born.

Mensaje por Yorugami el Sáb Mayo 31, 2014 3:02 pm




A nightmare

Is born



Amaneció sobre él el delirio de un nuevo día. El conjurador del caos reposaba sobre un remoto tejado, asediado por la gélida brisa matinal. Sus claros orbes se abrieron encandilados por la luz de un turbio sol, impregnados de la inevitable desidia que angustia a cualquier ser tras una oscura noche de profundo sueño. Obnubilado, se puso de pie, haciendo rechinar las ruinas bajo él.

“Cuidado.” Se dijo a sí mismo. “Puede alertarlos”. Sus extenuados ojos merodearon por la avenida, en tanto el sigilo obligaba al joven a ponerse de rodillas. El batallón se aproximaba por la entrada de la ciudad, la cual esperaba por ellos desolada. Los ciudadanos habían oído el rumor de las cadenas, el tremor de los tambores, los lejanos lamentos que sólo una armada como tal provocaba, y habían huido cuando la noche cayó sobre ellos. El espectro de la penumbra había estado allí todo el tiempo, observando el correr de la multitud, la desesperación ardiente en su carrera por la supervivencia. Y ahora esperaba ver con sus propios ojos – no solo dejar palpitar su corazón al ritmo de su avance – aquella armada de bestias insolentes.

“¡Destrúyanlo todo!” crujió la voz en la lejanía. E inmediatamente se hicieron paso en el polvo de la avenida. “Nada queda ya, comandante” rugieron los soldados, desanimados por no poder dejar correr más ríos de sangre. “No importa, ¡destrúyanlo todo igual! Hemos llegado tarde hoy, ¡pero el próximo poblado no nos espera! ¡Apuren la marcha o nos ganará el tiempo de nuevo!”

“El tiempo… el tiempo en poco no importará más para ti.” La sombra los asechaba desde la altura, esperando paciente el paso de aquella voz frente a él. “El tiempo se comprimirá en dos segundos en los que veas tu inservible vida pasar frente a tus ojos. ¿Qué verás entonces? ¡Déjame saber qué verás!”

La indecorosa figura avanzó debajo, iluminando la avenida con su presencia. La rojiza cabellera danzaba con el ardor de las llamas que consumían la ciudad, con el furor de sus sirvientes renegridos en ceniza.

“Es nuestro, el mundo…” clamó con el júbilo en su voz. “¡El mundo nos pertenece!” y su carcajada retumbó en la memoria del abrumado mago.

Entonces su júbilo se apagó. Su irradiante brillo comenzó a desaparecer en las manos del insano bastardo de la oscuridad, quién se había lanzado desde el tejado, directo a él. Con una estaca en mano atravesó su estómago, enterró sus propias manos en la herida y arrancó de él tanta carne pudo. Sus fauces se clavaron sobre su clavícula, desgarraron la piel del hombre y corrieron hacia su cuello como un apasionado amante, enviado directo desde el infierno para carcomer su lujuria por poder.

Cuando habría alcanzado la yugular el festín terminaría por el caudal de sangre que brotó desde la herida. Repugnado se apartó, escupiendo trozos de carne que habían quedado atrapados en sus fauces.

El espanto se esparció por el ejército, quienes, al ver a su comandante derrotado, huyeron con prisa fuera de la ciudad. La horda de bestias se disipó, dejando sólo caos tras ellos. El pandemónium de la ciudad ardía ferviente, y en su epicentro se encontraba aquella escurridiza, decepcionado por lo que se presentaría frente a sus ojos.

“Llegará el día en que no podrás huir de mí.” Vociferó, notando el rubio cabello manchado en sangre de la víctima a sus pies. Tomó de él un anuncio enrollado con las más míseras galas, digno de presentar a un sicario – a un mago oscuro, como él.
El deformado cuerpo yacía inerte, su sangre manchaba la polvorienta avenida, desolada hace años.

Cada tanto, algún anuncio era dejado en la avenida, ya que se creía que algunos magos oscuros habitaban los alrededores del pueblo abandonado. Aquel suicida inconsciente se había aventurado el peor día del año,

El día en que encontraría

Al Mago que encarna la Calamidad


Yorugami.





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