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Duelo entre Bestias

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Duelo entre Bestias

Mensaje por Kyrios Spatha el Lun Mayo 26, 2014 10:29 pm

Los bosques eran uno de los lugares que Kyrios mejor conocía.
Toda su vida se había criado entre ellos, conociendo cada uno de sus peculiaridades: Desde el transcurso de los ríos, hasta los lugares más comunes donde habitaban las bestias que cazaba, pasando por las zonas donde la flora podía ser venenosa o aquellos de donde podría extraer compuestos útiles para tratar sus heridas.

Se había convertido, se podía decir, en uno con el bosque, pero lo que tenía ante sus ojos seguía siendo una vista tan magnífica, majestuosa, como aterradora…

La bestia era una especie de enorme combinación entre un reptil y algún tipo de mamífero, con la cabeza de serpiente y el cuerpo inferior de algo similar a un toro: Si bien podría darse a entender debido a esta extraña constitución de su cuerpo que sería fácil derrotarlo, pensar aquello había llevado a más de uno de sus compañeros de aldea a la muerte. Era una necedad que Kyrios no cometería bajo ningún concepto, sabía perfectamente que las condiciones particulares de aquella bestia la convertían en una de las más difíciles de poder cazar, particularmente cuando se sentía acorralada.

Mientras se ocultaba entre el follaje y la observaba, Kyrios repasaba en su mente las características particulares de su presa: Sus poderosos cuartos traseros eran capaces de patear el metal y reducirlo a chatarra en cuestión de un segundo, hasta la más fuerte de las armaduras era poco menos que hojalata ante una de sus coces, mientras que su cuello, flexible y firme, estaba protegido por una cota de escamas de constitución similar al acero que hacían cualquier asalto normal completamente inútil, al menos utilizando las armas tradicionales. El resto de su cuerpo, que se asemejaba al de un toro bravo, era correoso y estaba cubierto por un pelaje diamantino de similar dureza al de sus escamas, aunque algo más frágil, resultaba evidente que no sería fácil penetrarlo. De hecho, por más que intentaba recordar algún encuentro exitoso por parte de los cazadores de la aldea con uno de esos seres, estos eludían su memoria. Bien podía ser que tales registros no existieran o que estuviese demasiado preocupado en pensar cómo podría ocuparse de cazarlo él mismo si era preciso como para acudir a dichas memorias, pero el caso es que, hiciese lo que hiciese, resultaría casi imposible eludir a aquella bestia, no sin luchar cuando menos.

Sin dejar de observarla ni por un instante, Kyrios empezó a moverse, oculto por el denso follaje que le estaba sirviendo de protección ante lo que para cualquiera sería una muerte segura: Sus pasos deslizaban las hojas con el mismo cuidado y mimo con el que una madre mecería al niño en su cuna, pero en su caso la precaución era aún mayor si cabía, pues de lo contrario la muerte estaría segura de alcanzarlo antes siquiera de que pudiese darse cuenta de lo que había ocurrido. Un paso en falso y tendría a la bestia encima. Su aliento venenoso, ácido, sería capaz de perforar fácilmente la piel, disolver la carne y huesos dejando tras de sí poco más que un charco de vísceras ensangrentadas en el suelo, mientras que una dentellada de la bestia, aún en un lugar poco vital, como su brazo, garantizaría que el veneno penetrase en su sistema circulatorio, dándole una muerte agónica en el peor de los casos, paralizando sus músculos para imposibilitar que pudiese evitar ser devorado en el mejor.

Je, qué ironía… Sus opciones, si cometía un simple error, eran rezar porque el dolor se terminase pronto o, por el contrario, prepararse para ver cómo era devorado siendo perfectamente consciente de cada instante en que la vida se le escapaba de los pulmones. El guerrero no pudo evitar sentir un escalofrío en su espina dorsal al pensar en la sensación del cuello bestial cerrándose en torno a sus músculos y aplicando la presión que sólo un ser de aquellas características podía ejercer, reduciendo a polvo los huesos en cuestión de un segundo, dejando tras de sí sólo una masa informe de carne que se convertiría en su cena.

No sabía por qué, pero cuanto más lo pensaba menos consideraba que el enfrentarse a una de esas bestias en solitario podía ser un “buen entrenamiento”, pero quizá eso se debiese simplemente a que su sentido común no estaba tan atrofiado por su entrenamiento como había pensado en un primer momento. Hubiese estado bien darse cuenta de ello antes de embarcarse en ello, pensó, pero ahora que la suerte estaba echada poco más podía hacer que tratar de sacar de lo malo lo bueno, después de todo, una vez se encontraba en el rango de detección de la bestia correr no serviría de nada: Por mucho que conociese el bosque, era el territorio de caza de aquella Karneia, por lo que sólo un estúpido pensaría que podría eludirla durante demasiado tiempo, o que podría correr más rápido de lo que ella sería capaz. Por suerte, él no era estúpido. Por desgracia, eso en la mayoría de los casos únicamente significaba que si la cosa acababa saliendo mal tendría que admitir por entero su culpa… En fin, ¿qué se le iba a hacer? Nada conseguiría llorando sobre la leche ya derramada.

Cuando se hubo preparado, el guerrero decidió empezar con aquel juego del ratón y el gato y, deliberadamente, unas hojas secas crujieron bajo una de sus pisadas. La reacción no se hizo esperar y la bestia, alertada por el sonido, giró su cuello casi 180º, apuntando sus ojos, ámbar y penetrantes, en la dirección en la que él había estado un segundo antes… No era el mismo sitio en que ahora se hallaba, por fortuna, pero de nuevo las hojas secas sonaron y una vez más se produjo el mismo efecto, con la bestia reaccionando para buscar a aquel que osaba penetrar en su territorio. Hasta cuatro veces se sucedió esta secuencia… Pero no fue hasta la quinta que el ser entró en un estado de completa alerta. Y entonces sintió el momento de verdadero terror.

Cansada ya del juego, la bestia emitió un rugido sibilante, un siseo que hubiese ensordecido a cualquier hombre menor mientras una corona de vivos colores surgía desde los lados del extendido y escamoso cuello. Esta era la señal de la amenaza, y a Kyrios le faltó tiempo para saltar hacia un lado antes de que un chorro de ácido acabase destruyendo la extensión frondosa que le había servido de cobertura y, con ello, cualquier posibilidad de esconderse. Mientras veía el líquido corroer todo cuando estaba en contacto con ello, el guerrero sólo pudo tragar saliva antes de mirar a la bestia, que ahora tenía sus ojos inyectados en sangre clavados en él. Durante un instante, el tiempo pareció detenerse. Sus ojos se clavaron en los de la bestia, y sus músculos se quedaron en un estado de completa parálisis. Cualquier movimiento equivocado acabaría en su muerte, con toda certeza…

Los segundos se convirtieron en minutos, estos en horas. La bestia empezó a moverse y, entonces, sólo entonces…

Algo cayó tras de la bestia, haciendo que esta se sobresaltara, dándose la vuelta de golpe para responder a la amenaza , una amenaza que no era sino un cúmulo de troncos y rocas que Kyrios había preparado de antemano. Para cuando la bestia se dio cuenta de quién era su presa, era demasiado tarde y el Campeón se encontraba ya en el aire, apuntando hacia su cuello… Quiso sin embargo la fortuna, esquiva como siempre, que el primer golpe fallase, pero eso no impidió que el guerrero perseverase en su empeño, rodando hacia un lado para evitar un mordisco que habría sido fatal. Apenas sí tuvo tiempo de reponerse cuando la bestia volvió a lanzarse al asalto, forzándole a fintar para evitar de nuevo la dentellada… Pero esta vez la bestia quedó vulnerable y, sin perder ripio, los brazos de Kyrios se cerraron en torno a su cuello, en una presa tan fuerte como inescapable. Era en aquel momento cuando empezaba la verdadera lucha de voluntades: Las escamas que rodeaban el cuello de la bestia no sólo eran aterradoramente fuertes, sino que eran tan frías al tacto como si la mismísima Muerte estuviese drenando el calor de todo cuando había cerca y su superficie, áspera a la par que resbaladiza, hacía que cada vez que se revolvía Kyrios sintiese una danza de cientos de cuchillas atravesando, penetrando sus brazos, tratando de desgarrar la piel y llegar más allá de los músculos, penetrar el hueso y arrancar el brazo desde las mismas raíces. Pero no podía rendirse. Hacerlo significaría morir, y todavía tenía demasiados deseos de vivir para ello.

Así pues, perseveró, luchó. La bestia intentaba luchar, revolverse, y en más de una ocasión el cuerpo de Kyrios acabó golpeando una roca, un árbol, un elemento del terreno que se quebraba ante la improvisada porra que era su cuerpo. Pero incluso si sus huesos se hacían cenizas, incluso si sus músculos cedían, no podía rendirse. Con cada golpe y estallido de dolor, la presa se hacía cada vez más fuerte y los rugidos de la bestia, a su vez, perdían intensidad. Al mismo tiempo que lo hacía, sin embargo, su desesperación la dotaba de fuerzas renovadas. Se produjo un golpe, otro, otro, decenas, cientos… La lucha sólo podía acabar de una forma. Pronto terminaría.

Y entonces, cuando todo parecía perdido… Un crujido. El cuello de la bestia se quebró como una ramita bajo el peso de un elefante y sus ojos, inertes, casi saltaron desde las cuencas, inyectados ahora en sangre. Sólo entonces, el ser cayó, muerto. Como también Kyrios. Aunque triunfante, las heridas eran salvajes y el campeón no dejaba de jadear con pesadez, como si la vida escapase de sus pulmones. Pero no fue así. Lejos de ello, sus heridas parecían irse regenerando, poco a poco, donde había daños empezaba a formarse, de nuevo, carne limpia, la sangre, que fluía libremente, se secaba y dejaba de manar y su vista, que se había visto emponzoñada por la misma, empezaba a recuperarse. Los jadeos dieron lugar a una respiración más pausada.

Había triunfado. Se dejó caer, sin embargo, en el suelo, al lado de la bestia. Nunca. Nunca más.


- Recuérdame… Que no vuelva a hacer esto. No sin armadura. Maldita sea… ¿Entrenamiento? Esto no es entrenamiento. Es masoquismo. Oh, qué cuernos, ¿a quien voy a engañar? Lo haré otra vez... Como las otras cuatro veces anteriores...


Pero, en vez de molestarse, sólo podía sonreír. Ya era la cuarta en dos meses. No estaba mal, para ser humano. ¿Qué se podía decir? Le gustaban demasiado los retos y eso, sumado al hambre, nunca era buena consejera. Pero lo hecho estaba hecho… Aquella noche, cuando dejase de dolerle todo el cuerpo, Kyrios podría disfrutar de un sueño reparador, pero antes se comería con sumo gusto el manjar que acababa de cazar, limpiando, eso sí, la sangre de veneno. No quería que se le indigestara. ¿Raro? Quizá. Pero se lo había ganado.

El viaje sería largo… Pero eso no le detendría. Aquel entrenamiento le había servido para prepararse aún mejor para lo que se avecinaba. Quizá no fuera nada, quizá todo… Era difícil saberlo, pero tenía un presentimiento. Y en eso… Rara vez se equivocaba.
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Re: Duelo entre Bestias

Mensaje por Kyrios Spatha el Jue Mayo 29, 2014 10:49 am

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Re: Duelo entre Bestias

Mensaje por Kisho el Jue Mayo 29, 2014 4:18 pm



¡Entrenamiento aceptado!

+3 stats en donde desees.
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Re: Duelo entre Bestias

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