Últimos temas
» ¡Naruto Legends Abre sus puertas!
Mar Sep 30, 2014 10:31 pm por Kisho

» Lyurand Terris [Normal]
Miér Sep 17, 2014 2:15 am por Invitado

» Hola a todos
Sáb Sep 13, 2014 3:46 pm por Kizaru

» The Soom Council - Afiliación Normal
Lun Sep 08, 2014 7:18 am por Invitado

» Surprise Rol [Afiliación Élite] - Confirmación
Dom Sep 07, 2014 10:49 am por Invitado

» DUDAS: ¿El foro murió o qué pedo? ¿Y los torneos?
Miér Sep 03, 2014 9:30 am por Mikoto

» The Soom Council - Cambio de élite a Normal
Dom Ago 31, 2014 7:16 am por Invitado

» Strange Land | Afiliación Normal.
Mar Ago 26, 2014 11:54 pm por Invitado

» New World-Afiliación élite
Miér Ago 20, 2014 6:04 pm por Invitado

HERMANOS
ÉLITE
Time Of HeroesFairy Tail Sekai Painful Liberty Crear ONE PIECE SEA CROWN INTERNADO NEBLOOD Bleach: Shadow Of Seireitei Ever After Kingdom

Kyrios Spatha, el León del Amanecer

Ir abajo

Kyrios Spatha, el León del Amanecer

Mensaje por Kyrios Spatha el Dom Mayo 25, 2014 3:04 pm

El León del Amanecer, Kyrios Spatha
" ¡Deja que el León te muestre sus garras!."


Datos del Personaje
Apodos:
 El León del Amanecer

Sexo:
 Masculino

Edad:
21  años aproximados

Clase:
 Rango C

Tipo de Magia:
Magia del Don Divino

Gremio:
Independiente

Procedencia:
 Montañas centrales, aunque no habla demasiado al respecto.

Gustos:
El combate, las mujeres, ponerse a prueba

Aversiones:
 Aquellos que abusan de su poder para amenazar a los más débiles, la cobardía


Descripción Física
 Kyrios es un hombre alto, muy alto, de unos casi dos metros de altura. Su aspecto físico es el de un guerrero curtido en mil batallas:  Posee unos músculos extraordinariamente desarrollados y un físico envidiable, casi en la cúspide del potencial humano, que llama la atención nada más verlo, incluso si no se tiene en cuenta su selección de vestimenta, que es más propia de un soldado que de un mago.

En cuanto a lo que se refiere únicamente a su descripción física, Kyrios tiene cabellos rubios, largos, y unos ojos azules profundos, aquilinos, que parecen penetrar fácilmente en el alma de aquellos a los que mira. Su rostro y cuerpo son de por sí atractivos, pero esto recibe un remate sin duda singular por el modo en que siempre parece estar sonriendo, con una seguridad tan evidente que resulta imposible pensar en él como alguien que pueda esbozar otra expresión. Esto es capaz tanto de causar respeto en los aliados como de hacer perder los nervios a los enemigos, porque resulta tan arrogante como segura de sí misma, dándole una presencia incontestable.

Cuando lleva sus atavíos de combate usuales, sin embargo, el rostro de Kyrios queda oculto por su yelmo de combate, por lo que sus ropas son las que hablan de sí mismo como un guerrero consumado. La armadura que porta es singular por muchas razones pues, aunque parece estar hecha de cuero en su mayor parte, está en realidad construida a partir de la piel de varias bestias mágicas, lo que le confiere una dureza sin igual. El escudo y la espada de Kyrios están construidas de forma similar en base a un material metálico difícil de identificar, en teoría, el material de que su equipo está hecho fue un regalo de los propios Dioses, habiendo sido extraído de un meteorito.  

Kyrios rara vez se despoja de su armadura, al haberse criado por y para el combate, pero no es raro que se le vea de vez en cuando vistiendo con ropas más sencillas, de las cuales su favorita es una toga de cuero sencilla, de reminiscencia griega, así como una capa de viaje de color marrón terroso. En los pies porta, casi siempre, sandalias.   Sin embargo, es también curioso por el hecho de que, si se le da la opción, prefiere estar desnudo, en parte porque no siente ni la más mínima vergüenza por su cuerpo y en parte porque es muy cómodo presumir de "equipamiento". Y sí, está, como dicen muchas, MUY BIEN DOTADO.
Descripción Psicológica
 
Se puede definir a Kyrios de muchas formas distintas: Es un amante, es un guerrero, es un arrogante, un conquistador... Pero, independientemente de lo que la gente piense de él, lo único que es incuestionable es su magnetismo personal.  Kyrios es la clase de persona que es capaz de conseguir aliados allá donde va: Posee un carisma desmedido y una arrogancia capaz de eclipsar el sol, que fácilmente llevan a pensar que es la clase de persona que no sólo no ha sido derrotada en la vida, sino que además ni siquiera concibe la idea de poder ser derrotado, ni en el amor, ni en la guerra.  Esto hace que Kyrios sea un hombre bastante arrogante, con una seguridad en sí mismo que resulta contagiosa: Incluso cuando parece que va perdiendo, su sonrisa jamás se borra de su cara, debido a que disfruta el combate y la conquista como formas de ponerse a sí mismo a prueba y llegar a cotas mayores de las que nadie más ha alcanzado.

Debido a su personalidad, Kyrios puede ser considerado una persona difícil de trato, pero lo cierto es que es todo lo contrario. Pese a su arrogancia y su gusto por exhibir sus aptitudes tanto para el combate como para la conquista, Kyrios es un hombre que disfruta en gran medida de la compañía de otros y que, sobre todo, más que nada, adora la idea de convertirse en alguien al que los demás admiran: No es raro que Kyrios opte por hacerse amigos de los que derrota, más que humillarlos y, aunque es arrogante, siempre lo es de un modo que se hace atractivo, más que odioso. Kyrios siempre será el primero en defender el derecho de todos a tener sus propios sueños y luchar por ellos, no importa que seas un payaso o un debilucho, si crees en algo y luchas por ello, te ganarás el respeto de Kyrios, quién ve la ambición y el deseo como algo inherentemente humano, algo que cultivar en vez de reprimir.  

Su filosofía de vida puede resumirse como "Si quieres algo, intenta tomarlo, si no eres capaz de hacerlo, lucha hasta que lo seas. Ama, lucha, sueña... Y, cuando mueras, no tendrás motivos para arrepentirte".  En pocas palabras, Kyrios siente un gran respeto por aquellos que luchan por cumplir sus metas incluso si lo tienen todo en contra, y será el primero en prestarles ayuda... AUnque sólo sea porque las causas perdidas son, quizá, la mejor forma de demostrar al mundo que él no le teme a nada.

Pese a todo, Kyrios tiene un gran sentido de la justicia, y considera que el deber de los poderosos es el de proteger a aquellos que son más débiles. Pocas cosas hay que deteste más que aquellos que abusan de su poder para destruir los sueños de otros o humillarlos y, lo peor de todo, esclavizarlos. Kyrios cree firmemente en la libertad de cada individuo para luchar por una causa, y no hay forma más segura de enfurecerlo que el actuar de forma hipócrita o tratar de someter a otros por el mero hecho de hacerlo.

Un firme creyente de la conquista sin humillación, Kyrios puede destrozar el cuerpo de sus oponentes, pero jamás buscará romper sus corazones, todo lo contrario, buscará hacerlo de tal forma que ellos lo vean como otro obstáculo a superar en su camino a hacerse más fuertes. Podría decirse que Kyrios lucha no por una causa, sino porque disfruta de hacerse cada vez más fuerte, aunque su sueño vital es el de convertirse en el hombre más grande que jamás haya vivido, conquistando tanto los corazones como las almas de todos cuanto se han topado con él.  Es, por tanto, afable, y no le gusta guardar rencor, aunque es capaz de hacerlo si se topa con un acto particularmente imperdonable.
Miedos


Dada su forma de vida, Kyrios no teme demasiadas cosas, aunque tampoco pueda decirse que sea un hombre sin miedo. De hecho, quizá se podría decir que el mayor miedo de Kyrios es el perder su propio camino, o convertirse en justo aquello que odia.  No teme la debilidad en sí misma, puesto que es sólo una situación que ha de superarse para ser verdaderamente fuerte, pero sí teme el hecho de no poder seguir adelante.  
Historia



Kyrios Spatha, el León del Amanecer, un guerrero que no ha conocido la derrota en su vida. Conquistador de corazones y cuerpos, todos aquellos que han oído su nombre lo temen y lo respetan, aspirando, quizá, ser como él algún día...

Sin embargo, sería falso decir que Kyrios siempre fue lo que es hoy día. Un día, de hecho, ni siquiera fue Kyrios, sino Alexandros, un niño debilucho criado por su familia en una pequeña aldea de guerreros, más allá de las montañas centrales.  Criado desde pequeño en aquel ambiente donde la lucha era una forma de vida, donde aquellos que eran débiles eran poco más que parias, Alex había sido maldito con un cuerpo débil y enfermizo: Cuando su madre le dio a luz, su padre, uno de los guerreros más famosos de su aldea, no tardó en asociar la simple existencia del crío con una maldición, una vergüenza que estigmatizaría todo su linaje desde aquel preciso instante.  Al contrario que la mayoría de los críos de aquella aldea, Kyrios no podía realizar ni las tareas más básicas: Su talento con  la espada era inexistente, así como también su atractivo físico...  Su única realidad era la enfermedad, un cáncer que le perseguía allá donde iba.

Más de una vez, su padre pensó que sería más sencillo eliminarlo, privar al chico de la vida antes de permitir que viviese con la vergüenza de ser un gusano débil entre gigantes. La única razón por la que no lo hizo es que su madre le hizo prometer que no importaba cómo lo haría, se aseguraría de que el muchacho tuviese una buena vida.  Y su padre, aunque estricto, era un hombre de palabra y corazón, alguien que jamás rompería la promesa que en su día hizo a su mujer...  Incluso si ello implicaba cargar con la vergüenza de criar a un inútil.

¿Y Alex? Alex sabía perfectamente lo que pasaba. No era estúpido.  Se daba cuenta de que, por mucho que se esforzase y tratase de alcanzar al resto, sería muy difícil que pudiese hacerlo: Su cuerpo era, simplemente, un cascarón demasiado débil para poder realizar los sueños que su joven mente albergaba. Y, sin embargo, rendirse nunca fue una opción... Un día tras otro, Alex se despertaba al frío de la mañana y levantaba la espada de entrenamiento de su padre, la balanceaba un par de veces y, cuando sus pulmones se rendían, se obligaba a levantarla de nuevo.  Una vez tras otra, todos los días de su vida. Todo el mundo lo consideraba como alguien débil, una vergüenza, pero él jamás aceptó su destino.  No pensaba caer sin luchar.

De este modo, pasaron los días, los meses...  Y, finalmente, ocurrió. El día había llegado.

Casi sucedió de la noche a la mañana pero, el día de 16º cumpleaños, nada quedaba ya de aquel muchacho débil que había sido. Había vivido un enorme calvario pero, poco a poco, su determinación había ido dando sus frutos: Su cuerpo, débil durante los años de la infancia, había crecido y, machacado por un entrenamiento salvaje, se había convertido en una máquina perfectamente engrasada con la llegada de la pubertad.  Su cuerpo enfermo, curtido por el entrenamiento y sometido a los cambios drásticos de aquella etapa, pasó de ser una vergüenza a convertirse en la digna herencia de su padre: Un cuerpo fuerte y, lo más importante de todo, un cuerpo sano.  La férrea determinación de Alex por negarse a aceptar su sino habían hecho el resto y donde antes había habido llantos y derrotas, ahora sólo quedaba éxito: Quienes se reían de él ahora lo admiraban, las chicas que lo habían visto con lástima ahora acudían a él con respeto y dulces palabras...  E incluso su padre, quien lo había considerado una maldición, había cambiado en su forma de mirarlo.  

La transformación de su hijo había sido tan drástica que le costaba reconocerlo. Cuando su espada se cruzó con la de él, fue difícil creer que el mismo muchacho que tantas veces había acabado en el suelo y sollozando estuviese ahora haciéndole retroceder con tanta facilidad.  Golpe tras golpe, fue cediendo terreno mientras las estocadas de su muchacho se volvían más certeras y, entonces, su propia espada saltó desde su mano, acabando a merced del chico, quien puso la espada en su cuello. Nunca habría esperado que algo así ocurriese pero, cuando lo vio, sólo había una sonrisa en su rostro.


- Hey, viejo, parece que la edad empieza a pesarte... ¿Eso es todo lo que tienes? ¡Vamos, levántate otra vez! ¡Sólo acabamos de empezar!


Y así lo hizo, pero no fueron sus piernas las que lo levantaron, sino el orgullo. Su hijo. El mismo que él, y toda la aldea, habían despreciado, era ahora el que le estaba dando lecciones, tomando su mano para ayudarle a levantarse... Todos los años de entrenamiento habían dado sus frutos, la determinación del muchacho por no rendirse. Sin embargo, la sombra de lo que eso significaba no tardó en caer sobre su rostro.  Que el muchacho fuese ahora capaz de luchar por sí mismo quería decir que ya no podía protegerlo. Que, como el resto, tendría que enfrentarse a la Selección.  Y, por ello, tuvo miedo.  La mayoría de los muchachos no regresaban con vida de ello y los que sí lo hacían normalmente estaban tan aterrados que resultaba difícil pensar que fueran los mismos chicos entusiastas que se habían marchado.

Por primera vez, su padre consideró la posibilidad de perder a su hijo. Y le aterraba. Fue algo que no pasó desapercibido pero, lejos de acallar sus dudas, Alex sólo se encogió de hombros, instándolo a continuar con el entrenamiento.  Esto se repitió durante varios días, semanas incluso, hasta que finalmente llegó el momento esperado: Junto a un grupo de otros de los mejores guerreros jóvenes de la Aldea, Alex partió a someterse a su Selección, una tradición que se había estado celebrando desde generaciones atrás.   El propósito de la Selección no era otro que el de suponer una última prueba de fuego donde los muchachos pondrían a prueba sus cuerpos y espíritus para ver si habían alcanzado el nivel que se esperaba de ellos, pero hacía siglos desde que una de estas Selecciones se superaba con éxito. Para cuando Kyrios se enfrentó a ella, lo único que los Ancianos esperaban de sus muchachos era que sobreviviesen el tiempo necesario en el bosque para poder considerarse guerreros de pleno derecho, pero de ninguno de ellos esperaba que se superase la prueba...

Nadie, salvo el propio Alex.

Quizá fuera un estúpido, un necio, o un suicida, pero Alex estaba determinado a ser el primero en generaciones en superar la Selección con éxito. Había conseguido conquistar su enfermedad, su debilidad... Si fracasaba ahora, la vergüenza le perseguiría toda su vida. Así pues, cuando se inició la prueba, Alex fue el primero en adentrarse en lo profundo del bosque, seguido del resto de sus compañeros. Durante varios días, todos ellos lucharon, enfrentándose a las bestias que se ocultaban más allá de las frondosas extensiones de tierra, luchando contra el hambre, la sed y los propios monstruos pero, sobre todo, luchando contra sí mismos.   Al final del tercer día, sin embargo, sólo Alex y Katria, la hija del Sumo Sacerdote, quedaban en el bosque, los demás habiéndose retirado o, incluso, muerto.

Sin embargo, aún pasarían dos días más hasta que los muchachos tuvieron noticias del otro. Alex, agotado y con varias heridas, estaba casi al borde del colapso cuando se encontró con la muchacha quien, habiendo sido atacada por una bestia, cojeaba, su pierna destrozada por uno de sus ataques. La bestia había parecido sufrir heridas casi igual de graves que ella, más incluso, pero parecía evidente que Katria no tardaría mucho en morir...  Esta era la oportunidad de Alex para superar la Selección. Si tan solo era capaz de moverse con sigilo, podría eludir a la Bestia Sagrada y alcanzar el Templo de los Dioses para cobrar su recompensa, convirtiéndose en el primero en siglos en superar la Selección... Desde luego, habría sido lo más racional, lo que su padre o cualquier otro habrían hecho.

Pero no él.

En vez de tomar su oportunidad de oro, Alex se desvió de su camino y, cuando Katria estaba a punto de ser aniquilada por la Bestia, se interpuso en su camino, protegiendo con su escudo el cuerpo semiinconsciente de la muchacha.  La Bestia no esperaba tal intromisión, a juzgar por el modo en que bufó y golpeó con ambas patas, frenándose, lo que quizá fuera lo que los salvó...  Pero no hubo demasiado tiempo de pensar en ello.  Alex sólo podía pensar en que, si no tenía éxito, tanto él como Katria morirían.  Así que luchó. Lanzó su espada una y otra vez, cubriéndose con su escudo de los envites de la bestia. Su brazo acabó roto, su pierna derecha también, uno de los cuernos se clavó en su abdomen...  Para cuando finalmente la Bestia abrió guardia, sólo el brazo derecho de Alex quedaba indemne, el brazo de su espada.  Y todo se redujo a una última apuesta.

Con un grito desgarrador, Alex se lanzó en un último envite, como también la bestia. Hubo sangre, sonido de metal atravesando la carne. El joven yació en el suelo, al borde de la inconsciencia, y el ruido del enorme animal cayendo tras de él marcó el final del combate.  No era capaz de ver si había acertado o no, y tampoco podría moverse para poder esquivar un segundo envite...  Pero, entonces, un segundo golpe se dejó escuchar y el aliento de la Bestia Sagrada cesó.  Había conseguido conquistar al enorme animal.

Había triunfado.

Para cuando pudo levantarse, sin caber en sí de gozo, el cuerpo le dolía tanto que la sola idea de dar un paso mandaba escalofríos por cada una de las células de su cuerpo, pero se sobrepuso, llegando hasta donde Katria se encontraba. Pudo ver a la joven preguntarse qué demonios hacía, pero no pensaba darle una respuesta: Él habría dado el golpe final, pero Katria era la que había debilitado a la Bestia. Si alguien merecía el premio, no era él... En todo caso, era algo que los dos debían cobrarse, no uno de ellos.

Así pues avanzó, paso a paso, firmemente, hasta el templo. Y, cuando llegó, las puertas se cerraron tras de ellos. Preguntándose lo que ocurría, Alex decidió sin embargo dejar las cuestiones para otro momento, avanzó... El altar cada vez estaba más cerca. Alzó su mano, también la de Katria... Y, cuando lo tocó, todo se volvió blanco.  No pudo resistir el destello y cayó en un profundo sueño.

Para cuando finalmente se despertó, no estaba en el templo. Se levantó en su cama, empapado de sudor, acosado por una enorme dificultad para respirar. Todo habría parecido un sueño si no hubiese sido por el dolor que sentía, que le revelaba claramente que todo aquello había sido enormemente real... Eso, y las vendas alrededor de su torso, brazos, incluso rostro.  Pero, entonces, recordó lo que había pasado... La Selección.  ¿Y Katria? ¿Dónde estaba ella? ¿Habían fracasado, lo habían conseguido? Demasiadas preguntas, le dolía la cabeza...

Y entonces escuchó una voz.


- ... Por fin despiertas, muchacho.


El sobresalto no fue pequeño, y Alex casi saltó de su cama, intentando localizar la voz, aunque era bastante evidente que no había nadie más en la habitación con él. No sabía si se estaba volviendo loco (era probable), hasta que escuchó de nuevo la voz.  Pero esta vez pudo identificarla. Ante él, había lo que parecía ser una mujer. Era hermosa, ataviada con ropas sedosas, más bella que nadie que hubiese visto antes...  Su rostro fue un poema pero, si había alguien ahí, eso significaba...


- ... Hoola... ¿Cómo va eso?


... Bueno, ¿tenía derecho a imaginar que sería eso, no? Había superado una prueba y su padre le había mandado una señorita para calentar su cama... Sólo que, a juzgar por la cara de la mujer, no se trataba, en absoluto, de eso. Al menos, no lo parecía, porque no sentía calor en absoluto proviniendo de ella y, por lo general, las personas no tenían la particular cualidad de permitir que se viese a través de ellas de esa forma... Aquello empezaba a parecer, claramente, un sueño, pero las explicaciones llegaron.  La mujer habló directamente a su mente: Katria estaba bien, a salvo, como también el resto de los que habían superado la prueba.  Había conseguido llegar al templo y tocar el altar de los Dioses pero, lo más importante, no había sacrificado a su compañera para conseguir el poder. Había demostrado todas las aptitudes de un verdadero héroe: Tesón, lealtad, compasión y fuerza.  

Y, por su hazaña, los Dioses habían decidido darle un regalo, tanto a él como a su compañera.

A partir de ese día, Alex ya no estaría solo nunca más. Los Dioses, que habían observado su hazaña, habían decidido convertirlo en su Campeón, el que tendría el poder para cumplir sus sueños.  Mientras siguiese siendo fiel a sí mismo y a lo que había hecho aquel día, nunca tendría que tener miedo de no alcanzar sus metas, pues los dioses le asistirían en todo cuanto fuera necesario. Él era ahora uno con ellos. Y, como prueba de esa alianza, le fueron entregados dos grandes tesoros:  Nemea, la Espada del Dios León, y Omega, la armadura y escudo del Campeón, que le guiarían allá donde fuese.

Aquel día, dijo, había muerto el hombre, y había nacido el Héroe.  Lo que hiciera con sus dones, sin embargo, le correspondía a él decidirlo.  Hiciese lo que hiciese, sin embargo, cambiaría el mundo.

Con estas palabras, y dejando a Alex sorprendido como pocos, la dama se fue pero, como había dicho en su profecía, aquello cambió para siempre su vida: No sólo se había convertido en el primero en superar la Selección en siglos, sino que ahora sentía que tenía el poder de lograr cualquier cosa que se propusiese. Sin embargo, aquel lugar ya le había dado todo lo que podía ofrecerle... Si quería alcanzar sus sueños, sabía, tendría que abandonar la aldea y perseguir su propio camino. Era una decisión difícil, pero tenía que tomarla. Su padre lo tomó... con filosofía. No le gustaba la idea, pero sabía que tampoco podía retener a su hijo contra su voluntad.  

Y en cuanto a Katria... No tuvo valor de decirle nada. En vez de eso, la visitó la noche antes de marcharse. Se aseguró de que estuviese bien, a salvo y, esa noche, ambos compartieron mucho más que comida y conversación. Se hicieron uno.   Con esto hecho, sabiendo que una parte de él siempre estaría con sus seres queridos, Alex pudo marcharse... Pero, como había dicho la Diosa, el hombre había muerto. Él era otra persona.   Cambió su nombre por el de Kyrios y, sólo entonces, partió, buscando seguir su camino.

No importaba cuánto tiempo tardara, ni qué obstáculos encontrara, no permitiría que nadie le impidiese cumplir sus sueños. De modo que viajó... Meses, años... Hasta que, finalmente, sus pies se posaron en la gran ciudad de Symethis, donde uno de los grandes héroes de aquella generación había nacido y se había criado. Aquel era el día en que comenzaba su leyenda...

La leyenda de Kyrios Spatha, el León del Amanecer.
Procedencia:

 Koei Warriors - Aquiles







avatar
Kyrios Spatha


Datos
Equipo: Nemea y Omega

Volver arriba Ir abajo

Re: Kyrios Spatha, el León del Amanecer

Mensaje por Hakkô'sei Raijin el Dom Mayo 25, 2014 6:05 pm



¡Ficha Aceptada!

¡Bienvenido al foro!



¡Me encanta que la gente se emocione con las historias!
Disfruta del foro :)


avatar
Hakkô'sei Raijin


Datos
Equipo:

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.